Mi Guardaespaldas
Nicolás se trató de herida improvisadamente para evitar desangrarse, lo más importante era que tenía a Estela García, por fin en sus manos, ordeno que la llevaran en el área alejada de las caballerizas, una bodega que se utilizaba para almacenar los sacos de café
Estela, ya no era la mujer que había conocido, su amiga había desaparecido, esta mujer frente a él, era otra, sus ropas estaban rotas, sucia, eran harapos y parecía estar loca, cualquiera que la viera podría fácilmente confundirla con una pordiosera ¿era esa su intención? Quizá la subestimaba y este había sido su mejor disfrazas.
- Nicolás, por fin te dignas a verme, ¿sabes cuánto te extraña? – su sonrisa fue escalofriante en sus oj