LA VENGANZA POR UN CONTRATO
Pero en cuanto me agaché, Mateo se agachó al mismo tiempo que yo y ¡nos dimos un cabezazo!
Mateo empezó a reírse, frotándose la frente.
—¿Te encuentras bien, Valeria?
—Sí, ¿y tú? —le pregunté preocupada.
—Sí, estoy bien. Fue un golpe fuerte, jajaja.
—Lo siento, no quise lastimarte.
—No, no te preocupes. Solo quería levantarte la libreta.
—Yo también, y te lastimé —le dije, también frotándome la frente por el golpe.