TRATO CON EL GRIEGO
El día del atentado, subió fotografías a sus redes, paseando con su familia en Italia y, recientemente, algunas fotos en Francia.
Callista apretó los dedos, no confiaba en Cole; sin embargo, el hombre tenía una coartada que lo liberaba de toda culpa, por lo menos, de hacerlo personalmente. Pero no podía descartar que hubiera pagado a alguien o, incluso, hasta aliarse con Alena.
—Gracias Apolo —dijo.
—No tienes nada que agradecer, Callista, lo sabes —respondió. La mirada de Apolo era tan intensa que fue ella quien apartó la mirada.