La señora no perdona al infiel
Con veinticinco semanas de embarazo, Julieta García descubrió la infidelidad de su esposo durante una revisión prenatal.
Con el cuerpo hinchado por la gestación y un aspecto descuidado, sostenía con dificultad su vientre abultado, mientras la joven amante de su marido la llamaba esa mujer. Delante de todos, él la miraba con un desdén abierto
Pero la primera vez que Julieta conoció a Héctor Gómez, ella también fue el centro de todas las miradas, admirada y rodeada de halagos.
Convencido de que ella había logrado casarse con él gracias a esa relación, Héctor tomó la iniciativa de divorciarse.
En ese instante, su corazón murió por completo.
Desde los años universitarios hasta el mundo laboral, ocho años de amor silencioso y de entrega absoluta demostraron no valer nada.
Tras dar a luz, Julieta firmó el acuerdo de divorcio y se marchó sin volver la vista atrás.
***
Cinco años después.
Ella se había convertido en una poderosa empresaria multimillonaria. Era deslumbrante, segura de sí misma, talentosa, y no le faltaban pretendientes.
El mismo Héctor, que en su momento insistió en divorciarse, nunca llegó a recoger el certificado de divorcio.
Julieta presentó entonces una demanda judicial.
Héctor, que antes la despreciaba, empezó a aferrarse a ella y, frente a cada pretendiente que se le acercaba, respondía con una venganza implacable.
Hasta que Julieta apareció del brazo de otro hombre y anunció su compromiso.
Héctor la acorraló contra la pared, fuera de control, y le espetó con voz ronca:
—¿Casarte con otro hombre? Ni lo sueñes.