El presidente perfecto... y su debilidad soy yo
Aquel año en que ya no tenía salida, Carmen Beltrán entró junto a su madre a la Casa López.
Sin identidad, sin un lugar en la familia, cualquiera podía pasar por encima de ella.
Delgado López, en cambio, era intocable, distante... y, para colmo, de buen corazón.
Siempre la protegía.
Parecían hermanos, y todos los envidiaban.
Nadie imaginaba que ese hombre correcto y contenido durante el día, por las noches entraba en su habitación.
Con paciencia, la guiaba paso a paso... enseñándole incluso a desatarle la corbata.
***
Carmen estuvo con Delgado durante cuatro años.
Por fuera, obediente; por dentro, calculando cada movimiento, hasta que por fin logró escapar.
Pero justo cuando cambió de nombre y estaba a punto de casarse con otro, Delgado apareció, aún cubierto de polvo del viaje.
La encontró, la llevó de vuelta y la arrinconó contra la pared.
—Carmen, no te estás portando bien, y eso no me gusta. Parece que tendré que... castigarte hasta que aprendas.
***
Dicen que Delgado era el hombre más inalcanzable de Monte Celeste.
Nadie sabía que, noche tras noche, Delgado se entregaba a ella sin reservas... y terminaba siendo su prisionero más dócil.
Sabía que todo era un juego, y aun así decidía caer.
Para retenerla, primero apostó su matrimonio... y después, apostó su vida.