La Jaula Dorada
Nunca había estado tan cerca de algo tan peligroso.
Esta era la primera vez que se encontraba inmersa en un peligro tan absoluto, un peligro que ni siquiera sabía cómo gestionar. Estaba atrapada en una maraña de venganza, codicia y poder, un lugar donde su presencia, aunque no buscada, era crucial para los intereses de quienes la rodeaban. Mientras las armas continuaban apuntando, Elara entendió que no podía escapar de esa oscuridad, al menos no aún.
—Madre, ¿qué haces? —gritó un hombre, corriendo apresuradamente hacia el centro de la escena, donde Elara permanecía paralizada. Su voz era firme, cargada de autoridad y urgencia.