Heredera de la Noche
—pregunté, una inquietud creciente en mi voz.
—No, hija mía, —respondió ella con una risa que parecía traer consigo la calidez y el brillo del sol. —Una gran guerra se acerca, y el secreto para terminarla está en las Tierras Sagradas. Debes concluir tu viaje, heredera. Debes hacerlo por ti, por tu compañero, por los tuyos.
Fue entonces cuando, como si lo hubiera convocado, una imagen apareció frente a nosotros. Lo que vi me dejó completamente perpleja y desgarrada por dentro.