MI SEÑOR
Fruncí el entrecejo un segundo, luego recordé mis propias palabras, impulsadas por el momento y mis emociones tontas:
“... Antes no me tenía a mí. Ahora, yo estoy con usted. Y estoy dispuesta a servirle de la forma que desee, hasta que se harte de mí...”
Exhalé y él tiró de mi mano, pegó mi pecho al suyo. Me sonrió con triunfo y burla.
—Hazle honor a tu palabra y espera hasta que me harte de ti.
Quise dirigirle una mirada rebelde, pero solo pude pensar: ¿Durante su ausencia, estuvo con ella?