Exilio
pero sin el soberano de Drusflak, no habrá nueva reina —sentenció el rey Erick, confiado.
—Se equivoca, majestad. Aún tenemos los votos suficientes —una voz profunda y serena resonó con autoridad.
Era el Rey Druida.
—Yo, Dindellis, soberano de Lugus, integrante de la última gran familia de druidas, elijo a la princesa Andrómeda como mi reina y juro lealtad a ella.
En el instante en que terminó de hablar, la marca en mi muñeca comenzó a brillar, transformándose ante la mirada de todos en una hermosa corona de luz pura, que se posó sobre mi cabeza.