Dulce como la miel, ácido como un limón
La misma cafetería.
La misma mesa.
El mismo pedido.
La misma persona lo atendía.
Sin embargo, una tarde todo cambió.
Eliel era de esas personas habituadas a tener una rutina. Ir a trabajar y, luego, pasar por su cafetería favorita. Disfrutaba desperdiciar el tiempo bebiendo una taza de té y leyendo un libro. Era su pasatiempo antes de regresar a su casa.
Siempre solo, sin que nadie lo molestase, y le encantaba.
Pero…
Sí, hay un pero… Toda aquella serenidad se hará añicos cuando sea otra persona quien lo atienda y Eliel no está acostumbrado a decir más de dos palabras.
En serio, él solo quería disfrutar de su té mientras leía, pero, al parecer, ya no será así.
Noam será el enca