el Resplandor del Mañana
Cada vez pareces más una mujer quejumbrosa y exagerada.
Molesto, Leonardo se dio la vuelta para irse, pero al llegar a la puerta se detuvo.
Vio a doña Carmen sosteniendo un pantalón de pijama manchado de sangre, lista para lavarlo.
Su mirada se endureció y, con rapidez, sujetó el brazo de doña Carmen:
—¡Es de Norita! ¿Cómo es posible que sangre tanto?
Doña Carmen tartamudeó sin saber qué responder, él arrebató los pantalones y se dirigió a la habitación, para interrogarme.
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