El Contrato del Vecino
Sus dedos se movían con una precisión quirúrgica, las gafas de montura negra reflejaban líneas de código verdes.
—El control, Iris, es la única defensa real contra el caos —respondió él con su característica voz gélida, la que sonaba como hielo crujiendo bajo los pies —. Los humanos son variables impredecibles. Los algoritmos no mienten, no te traicionan y, sobre todo, no intentan "encontrar su centro" a costa de tu estabilidad emocional.
Iris se acercó un poco más, ignorando la mirada de advertencia de Caleb. —Esa obsesión con el control tiene que venir de algún sitio. Nadie nace queriendo ser un firewall humano.