Desaparecida en el fuego
El fuego avanzaba, el humo asfixiaba, y Felipe seguía inmóvil.
Entonces ella escupió veneno como una víbora:
—¡Felipe! ¿Acaso estás esperando a que muera? ¡Si no fuera por tu hermana, yo nunca habría terminado como prometida de esa familia! ¡Me lo debes todo!
—¡Tú me destrozaste las piernas, y ahora quieres verme arder!
Él apretó los dientes y, sin contestar, forcejeó con las cuerdas de sus manos. El sudor y el hollín le escurrían por la cara, con un gemido logró liberarse.