De Su Amor a Su Venganza
Se le quedó la mente en blanco por un segundo.
A su espalda, se extendía la gran plaza de pantallas. Por lo general emitían anuncios o animaciones en 3D; era un ícono de Ciudad Esperanza y parada obligada para los turistas.
Pero ahora, en el panel central —ese que siempre mostraba promociones de marca— brillaban unas letras gigantes, en rosa:
“Sebastián, ¡Inés te ama!”
Sebastián se levantó de la cabecera de un salto. Fijó la vista en la pantalla rosada durante varios segundos. Las palabras no desaparecían. Al contrario: comenzaron a desfilar una tras otra, tan cursis que dolían.