Destino
La puerta se abrió y saludó a mi padre con una familiaridad que no me gustó para nada, ni lo hacía con su ahijado Liam.
—Ven, pasa Augusto, quiero que conozcas a mi hija, la presidenta de textilería Montenegro, —me puse de pie, extendí mi mano con educación, cuando la tomó la apretó con fuerza y la agitó, inclusive noté que tenía sudor, con una gran sonrisa dijo su nombre.
—Mucho gusto, soy Augusto Balderrama, —me solté y me limpié disimuladamente con la tela de mi trasero, le invité a sentarse a lado de mi padre, en la otra silla.