El Secreto del Emir
Me froté las sienes, sintiendo el peso de un cansancio que se me clavaba detrás de los ojos.
Khalid entró al despacho mientras atendía una llamada, y se sentó frente a mí con una expresión insondable. Tras él, entró Omar, mi secretario e hizo un gesto hacia la carpeta blanca que dejó lejos de las demás.
—¿Otra vez? —le pregunté, mientras se la devolvía y Khalid disimulaba una sonrisa burlona.
—Pero, Su Alteza, su madre...