Deseo Salvaje
Aún saboreaba su miedo por las noches antes de dormir, masturbándose en su habitación a las dos de la mañana, la hora exacta en la que sucedió todo, la hora maldita y teatral en la que la hizo suya a la fuerza, su marido se había marchado a Texas una semana, estaría sola, indefensa, escondida como un ratón temeroso en la caja asquerosa a la que llamaba hogar.
Loa vecinos no hablarían, y no lo hicieron, nadie escucho nada y si sucedió, se hicieron de oídos sordos, opacando el llanto, los gritos y las palabras subidas de tono que la mujer lanzó cuando él la penetró. Sí, bombeó una y otra vez, hasta que ella fue cediendo, abriendo las piernas para recibirlo, dejó de luchar y comenzó a disfrutar