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Dos Hermanas, Un Secreto Del Don

Dos Hermanas, Un Secreto Del Don

En nuestro séptimo aniversario de bodas, estaba montada sobre las piernas de mi esposo, Lucian, el Don de la mafia, besándolo con pasión. Mis dedos hurgaban con disimulo en el bolsillo de mi costoso vestido de seda, buscando la prueba de embarazo que había escondido ahí. Quería guardarme la noticia inesperada para el final de la noche. La mano derecha de Lucian, Marco, preguntó con una sonrisa sugerente en italiano: —Don… ¿qué tal su nuevo secretito? La risa burlona de Lucian vibró en mi pecho y sentí cómo se me revolvía el estómago. Respondió, también en italiano: —Como un durazno verde. Fresco y tierno. Su mano todavía acariciaba mi cintura, pero tenía la mirada perdida. —Que esto quede entre nosotros. Si mi Donna se entera, me mata. Sus hombres rieron con complicidad, alzando sus copas y jurando guardar el secreto. El calor que sentía en el cuerpo se me fue extinguiendo. Lo que ellos no sabían es que mi abuela era de Sicilia, así que entendí cada una de sus palabras. Me obligué a mantener la calma, con la sonrisa perfecta de una matriarca, pero la mano con la que sostenía la copa de champaña me temblaba. En lugar de hacer una escena, tomé el celular, busqué la invitación que había recibido hacía unos días para un proyecto privado de investigación médica internacional y acepté. En tres días, iba a desaparecer del mundo de Lucian.
Short Story · Mafia
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Torturada Por La Mafia

Torturada Por La Mafia

La nonagésima novena vez que mi prometido, Draven Frost, me colgó la llamada, fui como pude hasta la iglesia de la familia, aferrando en la mano el diagnóstico de enfermedad renal terminal. —Padre, quiero romper todos mis lazos con la familia Rocci y anular mi compromiso con Draven Frost. Apenas terminé de hablar cuando mis padres irrumpieron en la iglesia con mi hermana adoptiva, Bianca. Mi padre, el Consigliere de la familia, no dudó. Me dio una cachetada, ahí mismo, frente al sacerdote. —¡Tu prometido es un Capo muy respetado en la mafia y te atreves a insultarlo de esta manera! ¡Estás manchando el nombre de la familia frente a toda la organización! Mi madre me arrebató el diagnóstico de la mano y dijo con desprecio tras una rápida mirada: —¿Otra vez con tus mentiras para llamar la atención? ¿Ahora qué quieres? Mi hermana adoptiva, Bianca, se aferró a los brazos de nuestros padres, con la voz quebrada por el llanto. —Ay, hermana, lo siento mucho. Si quieres, te cedo mi lugar en la gala. ¡Pero por favor, ya no les causes más problemas a papá y a mamá! Me limpié la sangre que escurría de mi nariz y, con calma, le repetí mis palabras al sacerdote. —Ya no soy hija de la familia Rocci. No soy digna de una alianza con los Frost. Me quedan tres días de vida. Y quiero que este compromiso se anule antes de eso.
Short Story · Mafia
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Esta vez he terminado de luchar

Esta vez he terminado de luchar

Renacida como la heredera perdida de los Rogers, estuve perdida por quince años, evité cada oportunidad de crear lazos con mis dos hermanos en esta familia. Cuando me tiraron el vestido desechado y mal ajustado de Vivi para la gala familiar, sonreí y me lo puse. Cuando enviaron a Vivi a recibir una educación de élite mientras me ordenaban fregar el cuarto de servicio, tomé el trapeador sin decir una palabra. Cuando dejaron que Vivi buscara el amor y me dejaron a su pretendiente rechazado, no luché. Acepté sus sobras con un gesto tranquilo. Todo esto era porque en mi vida pasada, había pasado toda mi existencia desesperada por la aprobación de mis hermanos, solo para terminar siendo despreciada por todos. Cuando morí en el fuego cruzado de un tiroteo entre bandas, mi propio hijo empujó mi cuerpo con asco. —Mamá, ¿de verdad desperdiciaste toda tu vida en una pelea tan insignificante con la tía Vivi? Morir por la familia hubiera sido un final más digno. Al menos así no habrías deshonrado nuestro nombre. Dejé este mundo llena de resentimiento, solo para abrir los ojos y encontrarme de vuelta en el momento en que puse un pie por primera vez en la mansión Rogers. Esta vez, he terminado de luchar. El poder, el nombre y el honor. Les dejo que lo tengan todo. Ya me aceptaron en un proyecto médico a puerta cerrada. Pronto no volverán a verme.
Short Story · Mafia
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Donde el amor me dejó vacía

Donde el amor me dejó vacía

El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
Short Story · Romance
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Mil Divorcios Y Un Escape

Mil Divorcios Y Un Escape

Divorciados y vueltos a casar. Ya ni sé cuántas veces Aaron y yo hemos pasado por lo mismo. Antes me trataba como si yo fuera lo más valioso para él, pero no había pasado ni un año de la boda cuando me pidió el divorcio por primera vez. La razón era sencilla: Vivian iba a regresar. —Vivian es una figura pública —me dijo—. No quiero que nadie piense que se está metiendo con un hombre casado. Esa actriz de cuarta no era nadie si no fuera por el sacrificio de su padre. Le dieron un balazo que iba para Aaron. Una vida por otra. Y por eso, Aaron sentía que le debía todo. Cada vez que Vivian volvía al país, Aaron se divorciaba de mí. Y cada vez que se iba, nos volvíamos a casar. La primera vez que terminamos, ahogué mis penas en whisky y volví a su casa a tropezones, medio borracha. Las luces de la casa se veían cálidas. Estaba con ella. Y yo me quedé afuera, temblando de frío, resistiendo la noche entera. La segunda vez, le seguí el rastro a todos lados; restaurantes, subastas, galas de beneficencia, solo para “encontrármelo por accidente” una y otra vez. Con el tiempo, aprendí. En cuanto mencionaba el divorcio, yo hacía mi maleta en silencio y me iba de su mansión sin hacer ruido. Mi amor y la humillación me mantuvieron atrapada en ese ciclo interminable de rupturas y reconciliaciones. Pero esta vez, cuando Aaron me esperó en el registro civil para volver a casarnos, no fui.
Short Story · Mafia
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La "Reina Cisne Renacida"

La "Reina Cisne Renacida"

Era la prometida de Ian Chávez, conocido como el "Príncipe Cisne", ofreció su posición de Primer Bailarín para casarse conmigo. Él, tan arrogante y solitario, sin embargo, ofreció la más absoluta sumisión en el escenario a mi coreografía de "La Corona Eterna". Tres años de estudio en París después, a mi regreso, descubrí que esa bailarina suplente, cuya espalda se parecía a la mía, ya se había adueñado de nuestro salón de ensayos privado. En la fiesta de bienvenida, Ian abandonó a los patrocinadores para correr detrás de la suplente, que lloraba. Tras el terciopelo del telón, escuché las palabras tiernas que nunca me había dirigido a mí: —Yamina, al principio te elegí porque eras su sombra, solo buscaba un sustituto. —Pero eres tan diferente, tu coreografía me embriaga, incluso más que la suya. —Solo asegurémonos de que ella no lo sepa antes de la función de despedida de “La Corona Eterna”. Desde el salón de ensayos llegaron gemidos sofocados y esa frase: —Te daré incluso mi posición de Primer Bailarín. Y justo allí, donde él una vez tomó mis manos y juró que Yo, Estrella López, sería su única alma gemela para toda la vida. Di la vuelta y me fui. De vuelta en el camerino y llamé al Sr. Díaz, su mayor rival. —Director Díaz, acepto el contrato para cambiar de compañía. Y por favor, prepáreme un regalo. Que la función de despedida de Ian se convierta en el mayor escándalo que el mundo del arte haya visto.
Short Story · Romance
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De la sombra a su luz

De la sombra a su luz

El día que íbamos a casarnos, mi novio, Damián Cruz, envió a unos hombres para que me echaran del registro civil y entró del brazo de Luna Mendoza. Al verme sentada en el suelo, paralizada por la incredulidad, ni siquiera pestañeó y dijo: —El hijo de Luna necesita un apellido presentable para el futuro, para que pueda acceder a los círculos de élite y los mejores colegios. Es solo un trámite. Una vez que solucionemos esto, me caso contigo. Todo el mundo pensó que yo, la siempre devota, aceptaría esperarle obedientemente otro mes más. Después de todo, ya lo había esperado durante siete años. Pero esa noche, hice algo impensable: Acepté el matrimonio que habían arreglado mis padres y me fui del país directamente. Tres años después, regresé a visitar a mis padres. Mi marido, Vicente del Toro, era ahora el presidente de una corporación multinacional. Como tenía una reunión urgente de última hora, envió a un empleado de la sucursal local a recogerme al aeropuerto. Y para mi sorpresa, ese subordinado era nada más y nada menos que Damián, a quien no veía desde hacía tres años. Sus ojos se clavaron al instante en la deslumbrante pulsera de mi muñeca: —¿Esta es la copia barata de la pulsera por la que el señor del Toro pagó cinco millones para su esposa? Nunca pensé que te volverías tan superficial estos años. —Ya basta de rabietas. Vuelve. El hijo de Luna ya está en edad escolar, serás perfecta para llevarlo y traerlo. No dije nada, solo acaricié la pulsera. Él no sabía que esta era la más barata de todas las que Vicente me había regalado.
Short Story · Romance
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Gêmeos do Silêncio: Minha Dor, Sua Indiferença

Gêmeos do Silêncio: Minha Dor, Sua Indiferença

Grávida de nove meses, vi a amada do meu marido se mudar para a nossa casa com uma desculpa qualquer. Ela fingia sofrimento sempre que me via, e ele me acusava de exibir a barriga só para provocá-la. — A Rafa já sofre demais! E você ainda exibe essa barriga enorme só pra machucar! Só vai aprender se eu te der uma lição. — Rosnou ele, com frieza. Sem hesitar, mandou me trancar no sótão e proibiu qualquer um de me trazer comida. Supliquei, dizendo que os gêmeos estavam grandes, que o médico havia pedido minha internação urgente, pois o parto podia acontecer a qualquer momento. Mas ele apenas riu como se eu estivesse contando alguma piada tola. — Ainda faltam três dias pro parto. Não inventa desculpa para escapar! Vai pro sótão pensar bem no que você fez! Isso é o mínimo, depois do que fez com a Rafa! — Ele insistiu, ignorando completamente a minha dor. No sótão escuro, gritei até minhas unhas se quebrarem na porta. No silêncio sufocante, as contrações rasgavam meu corpo, cada onda de dor parecia não ter fim. Coberta de sangue, exausta e ainda presa, percebi que meu filho não sobreviveria. Três dias depois, enquanto tentava tomar um mingau, meu marido, já incomodado, comentou com desprezo: — Manda a Joyce descer para me preparar o mingau, e depois vá pedir desculpas à Rafa. Se ela pedir de um jeito decente, pode até levar ela pro hospital na hora de parir. Mas ninguém respondeu, pois o sangue já escorria do sótão, degrau por degrau, inundando a casa num silêncio mais aterrador que qualquer grito.
Short Story · Romance
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Adeus, Meu Marido de Mentira

Adeus, Meu Marido de Mentira

Meu amigo de infância prometeu que assim que terminássemos a faculdade, iríamos nos casar. Mas no dia da formatura, perante todos, ele se ajoelhou não para mim, mas para Ana, aquela falsa herdeira. Para o mundo, Ricardo era o herdeiro zen do círculo social, um homem que, mesmo tendo conquistado a mulher de seus sonhos, não hesitou em exibir sua paixão por mim após o pedido de casamento. Durante cinco anos de um casamento em que fui tratada como uma rainha, recebendo todo o carinho e atenção possíveis, me deixei enganar acreditando nesse conto de fadas. Até que um dia, por acaso, ouvi uma conversa entre Ricardo e um amigo dele: — Ricardo, agora que a Aninha virou celebridade, você ainda vai continuar fingindo para Júlia? — Não consegui casar com a Aninha, então tanto faz. Pelo menos, estando comigo, ela não atrapalha a felicidade da Aninha. Quando descobri todos os escritos deixados por ele, cada um deles tinha o nome da Ana. “Que Ana se liberte do que a prende, que ela encontre paz... Que seus desejos se realizem, que ela nunca sofra por amor. Ana, talvez não tenhamos destino juntos nesta vida, mas tomara que, em outra, eu possa segurar sua mão.” Cinco anos vivendo uma ilusão, e então acordei. Decidi assumir uma nova identidade e, para romper de vez, planejei meu próprio desaparecimento no mar. A partir de agora, mesmo que o destino insista, minha história e a dele não vão mais se cruzar. Não nesta vida, nem na próxima.
Short Story · Romance
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Él Eligió a Otra,  Yo Elegí a Su Hermano

Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano

El día que Sofía Mendoza perdió a su bebé, Diego Villarreal andaba festejando que su primer amor había vuelto al país. Tres años entregándose y acompañándolo, y para él no había sido más que tener una empleada doméstica en casa. A Sofía se le rompió el corazón y decidió de una vez por todas que se iba a divorciar. Todos sus conocidos sabían que Sofía era de esas mujeres pegajosas, de las que no te puedes quitar de encima fácilmente. —Te apuesto que en un día Sofía ya va a estar de vuelta, suplicando como siempre. Diego respondió: —¿Un día? Eso es demasiado, yo le doy máximo medio día. Desde el momento en que se divorció, Sofía se prometió no mirar atrás jamás. Se propuso a construir una nueva vida, a retomar la carrera profesional que había dejado de lado, y también a conocer personas nuevas. Fueron pasando los días y Diego ya no volvió a ver ni rastro de Sofía en la casa. De repente, él se llenó de pánico. En un evento empresarial, por fin, la vio, rodeada de un montón de gente. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia ella. —¡Sofía! ¿Cuándo vas a dejar de hacer drama? Alejandro Montoya, el hermano de Diego, apareció de la nada, protegiéndola, lo empujó para quitárselo de encima y le habló con una frialdad que daba miedo. —No te atrevas a tocar a tu cuñada. Diego nunca había querido de verdad a Sofía, pero para cuando se dio cuenta de que sí la amaba, ya no había espacio para él en la vida de ella.
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