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La Dulce Leche De Mi Suegra

La Dulce Leche De Mi Suegra

Una mujer madura, con una figura envidiable y curveada, vino a buscarme para una consulta. Ya dentro del consultorio, se acomodó de espaldas sobre la camilla. Sin dudarlo, se levantó la falda y me suplicó que le hiciera una revisión completa. En cuanto terminé de ajustarme los guantes médicos, ella se movió hacia mí con urgencia. —Ayúdame, por favor... rápido, te lo ruego.
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Hasta que las Nueces nos Separen

Hasta que las Nueces nos Separen

En la fiesta de nuestro primer aniversario de bodas, caí de bruces sobre una alfombra roja, jadeando como pez fuera del agua. Carlo Pipino, mi esposo, rodeaba con el brazo a Gianna Verde, su amor de la infancia, bebiendo champán y riendo. Gianna sabía que yo era alérgica a las nueces y algunos frutos secos. Así que, obviamente, lo bañó todo con aderezo a base de avellanas. Un bocado y ¡pum!, se me hizo un nudo en la garganta, se me encendieron los pulmones y me reventó el salpullido como confeti. Busqué mis medicamentos para la alergia y, en su lugar, encontré un puñado de M&Ms derretidos. Gianna se rio al ver mi cara. —¡Sorpresa!, Carlo te cambió los medicamentos. ¿En serio, Siena? ¿Una nuez? ¿No te parece demasiado dramático? Me deslicé de la silla, jadeando, mientras el público apostaba sobre cuánto duraría mi «actuación». —Carlo... mis medicamentos... —grazné—. Por favor. Voy a morir. Él suspiró, molesto. —Dios mío, qué dramática eres. ¿Por qué las mujeres siempre juegan a hacerse las muertas para llamar la atención? Sabes que te amo. ¡Detén este espectáculo de una vez! En ese momento, mi corazón se rompió más rápido que mis pulmones. Dejé de suplicar. Presioné la señal de socorro. Llamé a mi verdadera familia.
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Me fui embarazada del Don mafioso

Me fui embarazada del Don mafioso

Quedé embarazada de Alessio Moretti, el mejor amigo de mi hermano y el Don más joven y atractivo de Nueva York. Justo entonces regresó Bianca, su antigua amante… la misma que lo había dejado sin decir una sola palabra. Pensé que me dejaría por ella, pero él solo sonrió con esa calma arrogante. —Se fue sin dar explicaciones. No hay vuelta atrás. Mi hermano, Gianni Ricci, fue aún más frío: —Ella ya no es una Ricci. Mi única hermana eres tú. Les creí. Durante tres años, me dieron un cariño y una calidez que jamás había conocido. Pero todo se vino abajo cuando un video de mi padre adoptivo, borracho y golpeándome, se volvió viral. El mundo entero se burló de la “intocable princesa Ricci” … la misma que alguna vez fue tratada peor que una mendiga. Me rompí por dentro y corrí a buscar a las dos únicas personas en las que confiaba… pero me detuve en seco frente a la puerta de su despacho al escuchar la voz empalagosa de Bianca. —Gianni, Alessio… ¿filtrar ese video? ¿No fue demasiado cruel? Marcella está embarazada… La respuesta de mi hermano llegó al instante: —Justamente de eso se trataba. El embarazo debería ablandarla… pero ha estado paseándose como si fuera la dueña de todo, manteniéndote a ti al margen. Alessio soltó una risa suave: —No te preocupes por Marcella. No puede hacernos nada… y es demasiado blanda como para hacerle daño a nuestro hijo. Las lágrimas comenzaron a caer sin control y un dolor agudo me atravesó el pecho de golpe. "Tiene razón… este bebé es mi tesoro. Jamás le haría daño", pensé. Pero tú, Alessio… no voy a dejar que me controles. Me di la vuelta, sintiéndome entumecida, compré un vuelo y tomé una decisión. "Voy a desaparecer… me llevaré a mi bebé y saldré de su mundo para siempre", pensé.
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Cuando el Don tuvo una amante

Cuando el Don tuvo una amante

En el tercer año de mi matrimonio con Antonio Rizzo, Don de la familia Rizzo, él ya mantenía a una mujer más joven a su lado… y todos a su alrededor hacían todo lo posible para que no me enterara. Decían que yo era su primer amor, su debilidad, el tesoro que había traído desde Sicilia. Pero cuando se pasaba con la bebida, se reía frente a los suyos y lo decía sin vergüenza: —Amo a Elena… pero en la cama es un poco aburrida. Le falta… salvajismo. —Ya saben cómo somos los hombres —añadía con una sonrisa torcida—. Nos gusta algo de emoción. Como Caterina… joven, hermosa, y sabe perfectamente cómo divertirse. El chico que a los diecisiete años, había jurado en la iglesia que me amaría para siempre… ahora sostenía a una rubia joven y deslumbrante entre sus brazos, murmurándole al oído: —Mientras Elena no se entere… haz lo que te dé la gana. El día que me fui, todo parecía normal. Nadie notó nada extraño. Incluso la criada, Maria Russo, me sonrió con dulzura y preguntó: —Señora, ¿saldrá de compras? Le devolví una sonrisa leve y asentí. —No hace falta que preparen la cena esta noche. Lo que Antonio Rizzo no sabía… era que la “aburrida” Elena de la que tanto se burlaba, era hija de la familia mafiosa Santoro. Y las mujeres Santoro… nunca perdonaban una traición.
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Renacer para vengarme: El precio de su traición

Renacer para vengarme: El precio de su traición

La familia Torres estaba al borde de la ruina cuando vinieron a pedirme que me casara con su hijo. Mi papá, sabiendo que llevaba diez años completamente enamorada de Nelson Torres, aceptó el matrimonio y, para colmo, invirtió una fortuna para sacarlos del desastre. La noche de bodas, Nelson me vendó los ojos con una corbata y me tomó una y otra vez. Un mes después, llena de felicidad, fui a buscarlo con el informe de embarazo en la mano, pero lo que escuché me dejó completamente congelada. Estaba en un bar, apostando a lo grande con sus amigos: —A ver, muchachos, ¿qué opinan? ¿Quién de ustedes cree que es el padre del bebé de Sofía Reyes, después de que se la cogieron entre varios? Uno de sus amigos soltó una carcajada grosera: —Señor Torres, yo solo le di tres veces... No me diga que es mío, ¿o sí? —Yo apuesto a que fue Paco, ese tipo se lució esa noche, Sofía casi se vuelve loca. ¡Le aposté diez mil dólares a que es de él! Fue en ese momento cuando entendí que, en realidad, no había sido Nelson con quien pasé la noche de bodas, sino con más de diez de sus supuestos amigos. Enloquecí y fui directo a confrontarlo, pero a él no le importó ni un poco. —¿Por qué tanto drama, si solo estás llorando? Si no fuera por la presión de tu familia, jamás me habría casado contigo. Si no hubieras obligado a Juana a irse, nunca te habría tratado así. —Escúchame bien, Sofía, el día que Juana me perdone, entonces sí, te dejaré en paz. Con el corazón destrozado, pedí el divorcio, pero él usó el video de esa noche para chantajearme y me metió en el sótano. —No te creas que te vas a ir tan fácil. Mis amigos y yo seguimos haciendo apuestas para ver quién es el papá de ese bastardo. Ocho meses después, allí, en ese sótano, perdí a mi bebé... y mi vida. Cuando abrí los ojos, volví al día en que los Torres me pidieron que me casara con Nelson para salvarlos. Esta vez, el día de mi boda, Nelson estaba llorando desconsolado.
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Mi querido prometido, ahora es mi turno de jugar el juego peligroso

Mi querido prometido, ahora es mi turno de jugar el juego peligroso

La noche de nuestra fiesta de compromiso, encontré a mi mejor amiga jugando un juego peligroso con mi prometido. El casino del yate privado de nuestra familia fue donde los encontré. Clara estaba sentada en el regazo de mi prometido, Killian, el heredero de la familia Falcone. Killian sostenía una afilada daga de la familia, cuya punta enganchaba el delgado tirante de su vestido. La hoja trazó un camino a lo largo de su clavícula. La más mínima presión rompería la seda. Era una peligrosa e íntima escena. Di un paso adelante con el ceño fruncido, pero Killian solo se burló. —Es solo un pequeño juego para animar las cosas, «Principessa». No te pongas tan tensa. Los ojos de Clara se entrecerraron, y su voz destilaba una falsa dulzura. —Solo estamos jugando a un juego tradicional de la familia. El juego del cuchillo. No te molesta, ¿verdad, dulzura? Estaba a punto de hablar, pero la expresión de Killian se endureció. —Acabamos de comprometernos, ¿y ya estás intentando controlarme? Así que no dije nada. Simplemente saqué mi pistola personalizada de la funda en mi muslo. —Así que es un juego —dije—. Entonces juguemos por algo real.
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Su vida por mi dedo

Su vida por mi dedo

Mi prometido, Luca Rossi, me cortó el dedo con un cortapuros para apoderarse del Sello Osario, la reliquia de mi «famiglia». Después de eso, lo exhibió como un trofeo y le puso el anillo a Sofia Constanzo, la heredera de la famiglia Constanzo. Y, por si fuera poco, no tuvo reparos en burlarse abiertamente de mí. —Una huérfana como tú no tiene derecho a llevar el anillo destinado a la futura Donna de la famiglia Rossi. Sofia levantó la mano para presumir del anillo, fingiendo preocupación mientras decía: —Alessia, no te enojes. Como mucho, haré que Luca te compense con un dedo de oro después. Todos los presentes me vieron como un chiste, pero fui quien se rio más fuerte. Me sequé las lágrimas y empecé a aplaudir. —Felicidades, Luca. Cambiaste uno de mis dedos por el único salvavidas de la famiglia Rossi. Miré su expresión de asombro y sonreí con crueldad. —¿Crees que es solo un anillo? No. Es la única llave para desbloquear los miles de millones de activos a mi nombre. En cuanto lo tenga en mis manos, la famiglia Rossi comenzará su cuenta regresiva hacia la quiebra y la liquidación.
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Traición antes de la boda

Traición antes de la boda

Tres días antes de la boda, mi mundo se hizo añicos. Nunca imaginé que la traición tendría el rostro del hombre que juró protegerme… y el de la mujer a la que consideraba mi mejor amiga. La puerta del despacho de Romeo Novales estaba entreabierta. Bastó un segundo para verlo todo: Nerea Santos, acomodada sobre sus piernas como si le perteneciera, y acariciando su barbilla con una familiaridad que me quemó por dentro. —Nerea… ya te lo advertí —su voz era baja, peligrosa—. Carolina no puede saber nada de esto. Él detuvo sus dedos, pero ella solo sonrió, lenta, segura de sí misma. Tomó su mano y besó sus dedos como si sellara un pacto oscuro. —Lo sé —murmuró con despreocupación—. Si quieres dominar los puertos, tienes que casarte con ella. Es un sacrificio necesario… lo entiendo. Sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones. No debía estar allí. No debía escuchar aquello. Pero lo hice. Y me dolió. Retrocedí en silencio, huyendo como una cobarde mientras el eco de sus palabras se clavaba en mi pecho. Cuando por fin estuve lejos, las lágrimas cayeron sin control, arrastrando consigo los últimos restos de mi ingenuidad. Tres años. Tres malditos años creyendo en sus caricias, en sus promesas, en ese amor que ahora entendía que nunca fue mío. Todo había sido un juego… una estrategia más dentro de ese mundo sucio de alianzas y poder en el que nací. Mi futuro, mis sueños, mi vestido blanco… todo se desvaneció en un instante. Con las manos temblorosas, marqué el número de mi padre. —Papá… Haré lo que sea necesario. Cancelaré la alianza con los Novales. —Volveré a Sicilia en tres días. Estoy lista para cumplir con mi destino.
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Accidente y Boda Exprés con el CEO

Accidente y Boda Exprés con el CEO

De camino a ver a mi novio, que seguía haciendo horas extras, sufrí un fuerte accidente de tránsito. Lo llamé decenas de veces, pidiéndole ayuda, pero no respondió ni una sola vez. A lo lejos, el edificio de su empresa seguía iluminado, con las luces encendidas, como si nada hubiera pasado, y la desesperación terminó por devorarme. Cuando desperté en el hospital, vi una publicación de una subordinada suya: “¿Qué hacer cuando tu jefe te regaña en plena madrugada?” La imagen mostraba el reflejo de ambos en el vidrio de una puerta. La cercanía entre ellos era tan evidente que claramente había cruzado los límites de una relación laboral normal. Sin darme por vencida, volví a llamar a Alfonso González. Esta vez, por fin contestó. Con la voz quebrada, apenas logré decir: —Alfonso, tuve un accidente de auto. —Paula, ando ocupado —respondió con frialdad—. Haré que mi asistente se encargue, ¿de acuerdo? Sé buena, ¿sí? Cuando termine este viaje de trabajo, regresaré para acompañarte. Intenté seguir hablando, pero su grito interrumpió todo: —¡Bárbara! ¿Te vas con una sola maleta? ¿Y entonces por qué traes tres? ¿Piensas irte de vacaciones o qué? Bárbara Garza era la nueva pasante que Alfonso acababa de contratar. Miré el teléfono. La llamada ya se había cortado, y las lágrimas ya estaban secas en el rostro. Luego marqué otro número: —Acepto el matrimonio arreglado.
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Mi Pequeño Sol

Mi Pequeño Sol

"¿Cómo es posible que cada vez que cierro los ojos, tu rostro sea lo único que veo? ¿Cómo te digo que cuando no estás conmigo, me muero de amor? ¿Cómo te digo que cada segundo de mi vida está lleno de pensamientos sobre ti? ¿Cómo te digo, Sr. Zach, que me he enamorado perdidamente de ti?" – Paige "Desde el momento en que te vi, te convertiste en mi razón para respirar. Incluso cuando la oscuridad me envuelve, solo tengo que mirarte una vez y mi mundo vuelve a iluminarse. No puedo vivir en un mundo sin ti. Te amo, mi pequeño sol." – Zach Todos decían que Zachary Fletcher era orgulloso, despiadado y cruel. Pero cuando Paige Summers, de dieciocho años, fue acusada, deshonrada y abandonada a morir en el frío, Zach la llevó a casa y le prometió: "¡Te haré una estrella!" Desde ese momento, ella se convirtió en su mundo entero.
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