El día que todo cambió: renacer antes del bungee
¡Mi deseo se hizo realidad, estoy tan feliz!
Cerró los ojos, disfrutando plenamente, con los brazos abiertos como un pájaro en libertad.
Mientras, en mi bajo vientre, la estimulación de la caída libre comenzaba a sentirse cada vez más anormal. Un dolor punzante y repentino me hizo mirar hacia mis pantalones: ya había manchas de sangre.
—Paren... me duele mucho...
No pude contener el grito, pero Clara, en pleno éxtasis, lo escuchó con fastidio. Me lanzó una mirada irritada: