LOGINLa mañana del miércoles empezó con una opresión constante que Alexa sentía en las mandíbulas. Había dormido apenas tres horas; cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Damián Vane bloqueando el pasillo y el denso aroma a pino quemado regresaban para acecharla. Mateo, por su parte, se había mostrado extrañamente aliviado al saber que ella tendría un día largo y complejo en la oficina, como si eso le diera vía libre para seguir sumergido en su universo de videojuegos sin lidiar con los problemas reales.
Al llegar a al edificio de LIN, el ambiente era un campo de minas. Valeria, enterada de la escena ocurrida la tarde anterior en la dirección, la esperaba junto a su cubículo como un ave de rapiña.
—¿Qué se siente ser la comidilla de todo el piso, Grey? —espetó Valeria, apoyándose en la mesa de Alexa con una sonrisa impregnada de veneno—. El "desastre" del pasillo ejecutivo. Espero que ya hayas actualizado tu currículum.
—Buenos días, Valeria. Tengo trabajo pendiente —respondió Alexa, intentando encender su computadora.
—Aquí no toleramos a gente que busca atajos ridículos para ascender usando... tácticas poco profesionales —insistió la supervisora, inclinándose hacia ella con desprecio—. Voy a hacer que cada hora que te quede en esta área sea un recordatorio constante de por qué nunca debiste cruzar la puerta de la gerencia.
Alexa ni siquiera le dio el gusto de mirarla a los ojos. Mantuvo la vista en la pantalla, regulando su respiración y sintiendo cómo el gruñido sordo de una voz interna pugnaba por salir ante la insolencia. Paciencia, se repitió a sí misma en silencio. Solo sobrevive al día.
Pero no tuvo que sobrevivir mucho tiempo en aquel escritorio. A las 8:15 a.m., el teléfono de su extensión sonó con un tono chillón y urgente. Alexa tomó el auricular.
—Señorita Grey, habla Elena —dijo la secretaria ejecutiva de la presidencia con una voz gélida—. Se requiere su presencia en el piso cuarenta de inmediato. Recoja todas sus pertenencias personales. Sus nuevas funciones han sido autorizadas directamente por el señor Vane.
—¿Mis pertenencias? ¿Ocurre algo, Elena? —alcanzó a preguntar Alexa, pero la línea se cortó.
El silencio se propagó por el departamento administrativo como una onda expansiva. Julián, que estaba a punto de tomar un sorbo de su taza, la dejó sobre el escritorio con un golpe seco. Lucía, desde la sección de facturación, se llevó ambas manos a la boca.
Alexa se puso de pie, sintiendo el peso aplastante de todas las miradas clavadas en su espalda. Valeria, al deducir que la llamaban de la presidencia para ejecutar su despido fulminante, sonrió con aire triunfal. Sin embargo, antes de que Alexa pudiera llegar al ascensor, Julián y Lucía corrieron a interceptarla.
—¿Te están despidiendo por lo de ayer? —preguntó Julián con una mezcla de indignación y preocupación genuina.
—No lo sé... —susurró Alexa, sintiendo un nudo en la garganta—. Me dijeron que subiera con todas mis cosas. Estoy igual de confundida que ustedes.
Lucía la tomó firmemente de los brazos y le dio un abrazo rápido y apretado.
—Tú no perteneces a este departamento, Alexa, tienes demasiado talento —murmuró Lucía al oído—. Pero ten mucho cuidado allá arriba. El señor Vane no es un hombre común, y el ambiente en la presidencia es demasiado pesado. No dejes que te devoren.
—Si necesitas ayuda o que alguien te haga segunda para salir de ahí, solo avísanos —añadió Julián, dándole una palmada afectuosa en el hombro—. Estaremos aquí abajo por si el dragón se pone insoportable.
—Gracias a ambos, de verdad —alcanzó a decir Alexa con una sonrisa agradecida.
A sus espaldas, mientras caminaba hacia el ascensor, la risa histérica de Valeria resonó en todo el piso:
—¡Al fin! ¡Se ha ido la inepta! ¡Ya era hora de que seguridad limpiara este piso de gente que no sabe estar a la altura!
Alexa abordó el ascensor sintiendo un vacío helado en el estómago. Al abrirse las puertas metálicas en el piso cuarenta, la recibió el mármol negro impecable y un silencio sepulcral.
Elena la aguardaba de pie junto a su escritorio principal, con una postura rígida y una expresión que oscilaba entre la lástima y el terror.
—Bienvenida al piso de la presidencia, señorita Grey —dijo Elena, indicándole con un gesto rápido el escritorio adyacente a la imponente puerta de caoba—. El señor Vane se encuentra en una reunión con los arquitectos en este momento, pero al salir revisará su incorporación.
—¿Este es mi nuevo puesto? —preguntó Alexa, observando el cubículo de lujo con incredulidad.
—A partir de hoy, usted es mi asistente para los asuntos privados de la presidencia —explicó Elena con tono severo—. Le espera una lista de tareas que no admite el menor margen de error. Espero que su capacidad de organización sea tan impecable como dice su expediente, porque aquí un fallo no cuesta una simple reprimenda... cuesta la carrera entera.
—Entendido, Elena. No voy a fallar —aseguró Alexa, dejando su bolso sobre la silla de piel.
Aunque la puerta de caoba permanecía cerrada, Alexa sintió una chispa de calor recorrerle la nuca. Sabía con certeza absoluta que Damián Vane, con sus sentidos depredadores, ya había registrado su llegada. Estaba en el corazón de su territorio, dentro de la boca del lobo, y la verdadera prueba de supervivencia apenas estaba comenzando.
La confirmación del contrato en el Caribe sacudió las estructuras de toda la empresa. Para el mediodía, el eco del éxito ya había recorrido los pasillos, y el nombre de Alexa comenzó a murmurarse con una mezcla de recelo y respeto entre los compañeros. Sin embargo, en el despacho principal, la vida continuaba bajo las exigencias implacables del Alfa.A las dos de la tarde, la puerta de caoba se abrió con brusquedad. Damián salió de su reunión con el departamento legal, desatándose la corbata con un movimiento impaciente mientras se dirigía directamente al escritorio de Alexa.—Quiero los expedientes de la filial de logística sobre mi mesa antes de las cuatro —ordenó Damián, plantándose frente a ella con los brazos cruzados y una expresión de pura exigencia—. Y asegúrate de revisar las cláusulas de indemnización. No pienso firmar nada que tenga vacíos legales.Alexa levantó la vista de la pantalla, sosteniéndole la mirada con frialdad. Ya se había acostumbrado a su forma de irrumpir en
La luz del jueves entró a raudales por los inmensos ventanales de la presidencia, tiñendo el despacho de una claridad fría que contrastaba con la agitación interna de Alexa. Había llegado diez minutos antes de las ocho, con los nervios a flor de piel y una taza de café humeante entre las manos. Cada segundo que pasaba sintiendo el peso de la expectativa la obligaba a repasar mentalmente cada palabra del texto publicitario que había redactado el día anterior.El lujo de desaparecer en la naturaleza.Había sido una apuesta arriesgada, un golpe de intuición nacido de su doble formación en administración y publicidad, pero sabía que si el concepto fallaba, Damián no dudaría en recordárselo con esa arrogancia imponente que lo definía.A las ocho y diez en punto, la puerta del asensor se abrió con un chasquido suave. El Alfa apareció en el umbral, impecable en su traje gris plomo, con los hombros anchos llenando el espacio y la mirada fija en ella. Su sola presencia hizo que el aire en la e
El resto de la tarde transcurrió bajo un silencio denso y pesado que se podía cortar con un hilo. Desde su escritorio, Alexa sentía la vibración constante de Damián al otro lado de la puerta de caoba, como si la presencia del hombre atravesara la madera. No se habían dirigido la palabra desde el altercado con Samara. Alexa se concentró febrilmente en los números, los informes y la correspondencia, utilizando el trabajo como una barrera contra el calor extraño que todavía le cosquilleaba en la nuca.A las seis de la tarde, Elena se despidió con una reverencia respetuosa y abandonó la planta, dejándolos solos en la penumbra.Alexa guardó sus bolígrafos, apagó el ordenador y se dispuso a tomar su bolso. No pensaba quedarse un segundo más de lo necesario cerca de un hombre que le desordenaba la mente con solo mirarla. Sin embargo, antes de que pudiera dar el primer paso hacia el ascensor, la puerta del despacho se abrió con suavidad.Damián estaba apoyado en el marco. Se había quitado la
El beso se volvió más voraz, un choque destructivo de lenguas y alientos donde la arrogancia de Damián chocaba de frente con la fiereza indómita de Alexa. La presión erecta y dura de su cuerpo contra la cadera de ella hacía estragos en el juicio de ella, quien se aferraba a la solapa del traje del Alfa con las uñas clavadas en la tela. El aire en el despacho olía a fuego, pino quemado y a una necesidad salvaje que amenazaba con devorarlos sobre el mármol.De pronto, el chasquido metálico de la cerradura resonó en el silencio de la entrada. La puerta de caoba se abrió de par en par con absoluta desenvoltura, revelando a una mujer alta, despampanante, vestida con un traje ceñido de alta costura y tacones de vértigo.Samara.Como secretaria personal y encargada de la logística de viajes internacionales del Alfa, poseía acceso libre al despacho sin necesidad de anunciarse con Elena. Pero la sonrisa autosuficiente que traía en los labios se congeló de golpe al presenciar la escena.Damián
El traslado al área de creatividad no le dio un solo segundo de respiro. Durante dos horas intensas, Alexa se instaló frente a las pantallas del departamento de publicidad junto al señor Smith. Sus dedos volaban sobre el teclado con una destreza feroz, puliendo cada línea del dossier, reformulando los textos del folleto y reorganizando la narrativa del hotel campestre en el Caribe bajo la mirada entre sorprendida y maravillada del jefe de creativos.A la una y cincuenta de la tarde, Alexa y el señor Smith ingresaron de nuevo al despacho de la presidencia. Damián Vane los esperaba de pie junto al enorme ventanal, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón de vestir y la chaqueta apoyada en el respaldo de su sillón. La camisa negra, con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, dejaba al descubierto unos brazos firmes y marcados que exudaban una masculinidad brutal.—Está listo, señor Vane —anunció el señor Smith, proyectando en la pantalla principal la nueva propuesta gráf
Alexa terminó de acomodar sus carpetas en la mesa auxiliar cuando el pesado chasquido de la puerta de caoba rompió el silencio. Damián Vane emergió de la sala de juntas, imponente y magnético en su traje de corte perfecto. Su presencia llenaba el espacio con una densidad casi palpable, emanando esa masculinidad dominante que a Alexa le aceleraba el pulso de forma inevitable. Detrás de él caminaban dos hombres con el rostro desencajado por la tensión: el abogado senior de la firma y el jefe del departamento de publicidad.—Elena, señorita Grey —la voz de Damián resonó grave, profunda y carente de rodeos—. A mi despacho. Abran la libreta de actas y tomen nota de esto.Alexa cruzó el umbral tras Elena, sintiendo cómo el intenso aroma a madera de pino y tierra mojada la envolvia de inmediato. La amplia oficina respiraba un lujo sobrio: grandes ventanales, tonos oscuros y una enorme mesa de reuniones repleta de planos y carpetas de la empresa.—Repítales el desastre, Licenciado Rivas —orde







