LOGINLos minutos después de mi partida me parecieron los más largos y aterradores de mi vida, en la calle se escuchaban las lejanas sirenas de las patrullas mientras se aproximaban. Ni a Daleman ni a nosotras nos convenía que iniciaran una búsqueda a detalle. Necesitaba impedirlo. Acercarme a la bodega no fue problema, los guardias de Daleman corrían buscando a una mujer pelirroja y ni siquiera necesitaban acercarse para saber que yo no encajaba en la descripción. Escuchaba mis pasos demasiado fuertes en medio de aquel caos.
- ¡Rápido! Encuéntrenla si quieren conservar sus empleos. -gritaba el líder, su rostro arrugado por el enojo. -Al señor Daleman no le agradará la situación.
Atravesé la calle, estaba a sólo dos metros de la puerta, entonces ví acercarse una patrulla, las luces encendidas reflejaban destellos rojos y azules sobre las casas. Con el corazón a punto de reventar dejé caer el folder al suelo, escuché gritos, pero corrí sin detenerme hasta pasar la esquina. Pausé un segundo, no conocía la zona tan bien como ellos, miré alrededor buscando cualquier escondite posible. Iba a continuar corriendo cuando una mano me jaló hacia un oscuro callejón.
Con gran fuerza me jaló hacia unos botes de basura al fondo, olía horrible, temí que fuera a empujarme contra las malolientes bolsas que se desparramaban sobre el suelo, en vez de eso nos escondimos detrás de los botes, agachados para que no nos vieran desde la calle. Escuché a alguien seguirnos al callejón, sus pasos fuertes en el angosto espacio. Sentía como si mi respiración fuera mil veces más fuerte de lo usual, nos atraparían y todo habría sido en vano… Entonces los pasos se alejaron.
- ¿Quién…? -una mano me tapó la boca, quizás por el temor de ser descubierta no me había fijado en que a mi lado había una persona completamente vestida de negro, rostro oculto por un pasamontaña negro y gafas oscuras impedían ver sus ojos. No dijo una sola palabra, sólo señaló la calle, donde pasaron corriendo dos policías. Después nos levantamos de nuestro escondite.- ¿Eres Aliado Anónimo?
Asintió.
Era difícil especular su complexión o estatura en la oscuridad. Esperamos varios minutos, cuando se detuvo la conmoción afuera salimos del callejón, la calle volvía a estar tan desierta como antes, los perros volvían a ladrar hasta aburrirse y sólo pasaban escasos coches a gran velocidad.
-Te agradezco tu ayuda, sé que también ayudabas a mi padre y te lo agradezco mucho. -volvió a asentir, un movimiento apenas ahí. -supongo que quieres mantener tu identidad en secreto, puedo respetar eso. Cualquier enemigo del señor Daleman es mi amigo, aunque no conozca su rostro.
Con una leve inclinación se fue, oficialmente era lo más raro que me había pasado en mi búsqueda de venganza. Regresé a la bodega de mi padre dando un gran rodeo, por si acaso alguien decidía seguirme. Lucía me esperaba, pálida y angustiada, antes no habría sido capaz de leer tales emociones en su usualmente inexpresivo rostro, ahora notaba las pequeñas señales capaces de revelar su estado de ánimo. Agradecía su ayuda y su preocupación, a pesar de ser una persona que tendía a apartarse de los demás, siempre estuvo ahí cuando más la necesitaba.
- ¿Lo regresaste?
-Así es. Oye, ¿te molesta si me voy? -le pregunté, la mayoría de las jóvenes rescatadas dormitaban al fondo de la bodega. -Mi jefe me llamo, ya sabes quién es, así que no puedo echarlo a perder.
-Adelante, no hay problema.
Tras un breve abrazo dejé la chamarra ahí y salí de nuevo a la calle, era demasiado tarde para regresar en transporte público y probablemente un taxi me costaría una fortuna. Caminé hasta la avenida más cercana, tras varios minutos de esperar pude subirme a un taxi. Era de vital importancia que Christian no conectara mi ausencia con el incidente en la bodega, tan solo un atisbo de duda podría provocar un desastre.
Después de saludar al taxista e informarle la dirección de las oficinas temporales le marqué a Christian, contestó al segundo intento, escuchar su voz, a pesar de la situación, hizo maravillar por mi estado de ánimo.
- ¿Rachel? No esperaba escuchar de ti tan tarde.
-Yo… estoy en camino, mi amiga entendió la situación y sólo me hizo quedarme hasta que llegara su novio. -sentía cada mentira como una inevitable traición. - ¿Aún necesitas que vaya?
-Lo apreciaría, mi padre ya recuperó los papeles robados, pero siento que no me está contando algo. Está fuera de sí, acaba de llamar a todos los empleados a la oficina, le rogué que esperara…
-Bien, en seguida llego. ¿Necesitas que lleve algo?
-No. Estaré bien, lo prometo. Debo parecerte un cobarde.
-Para nada, creo que eres muy valiente. Por si no lo has notado… tu padre es un hombre aterrador. -dije, escuché su risa, ese sonido tan hermoso aun con la distorsión del teléfono que pagaría por escucharlo con mayor frecuencia. -No dejes que te afecte, eres un buen hombre, Christian.
Nos despedimos con la promesa de vernos pronto, esas son las despedidas a las que más temía, las que parecen temporales, pero puedes volverse permanentes por cualquier giro inesperado del destino. Un instante puede volver un “hasta pronto” en una vida extrañando a tu prometido muerto. “No pasará lo mismo” repetía en mi mente, porque sabía que perder a alguien más podría destruirme.
Cuando llegué a las oficinas temporales eran casi las dos de la madrugada, en la oscura calle vi a varios de mis compañeros, entre ellos la recepcionista con su mejor expresión de resignación rodeada por varias de las mujeres que fueron a la reunión en el bar. Me acerqué a ellas.
-secretaria Guerra, ¿no sabe que pasó? Nos llamaron a mitad de la noche pidiendo que viniéramos inmediatamente. -me cuestionó la recepcionista, al recordar todo lo que contaron sobre el señor Daleman entendía mejor su temor al estar ahí.
-Hubo un incidente en una bodega, es todo lo que sé. -respondí, ocultando los detalles del suceso, ¿y si todo el asunto era para buscar culpables? Entre menos supieran ellas les iría mejor. - ¿Han visto al señor Christian?
-Llegó hace unos minutos con su padre, no se veían nada contentos. Creo que nunca los he visto pelear así… Imagino que entraron a la oficina.
-Bien, voy a buscarlo, ustedes no se preocupen, esto se resolverá pronto.
Me apresuré a entrar, incluso el guardia de la puerta lucía consternado por la repentina interrupción de su sueño. Me apresuré a entrar, la mayor parte del edificio permanecía a oscuras con excepción de la oficina que Christian y yo compartíamos. Escuchaba los gritos de ambos Daleman, demasiado fuertes en el silencioso recinto.
- ¿Cómo te atreves a dudar de mí, a dudar de tus trabajadores?
-No sé dónde estaba ninguno de ustedes esta tarde. Fue un error confiar en ti desde el inicio, debí presionar a ese detective de pacotilla para que te quitara de en medio.
- ¿Ese fuiste tu? Papá, me investigaban por homicidio…-la voz de Christian se quebró por la indignación. -Espera, ¿intentaste inculparme?
- A estas alturas de la vida deberías saber que yo haría cualquier cosa por proteger mi legado. ¡Esta empresa es lo que más me enorgullece haber hecho en esta vida y no permitiré que la arruines siendo demasiado blando con tus trabajadores!
Toqué a la puerta, al instante los dos guardaron silencio. Christian abrió la puerta, no se veía enojado, si tuviera que describir su estado habría dicho sin dudar que él lucía cansado. En sus ojos podía ver lo derrotado que se sentía. Odiaba ver lo mucho que le afectaba la opinión de su padre, lo mucho que cada palabra resonaba en lo más profundo de su ser.
No me importó que el señor Daleman estuviera ahí, rodee a Christian con mis brazos, él se relajó al instante, recargando su cabeza sobre mi hombro.
- ¿Pero qué demonios hacen ustedes dos? -preguntó el otro, a diferencia de los demás no se veía ni un poco cansado y todo su ser irradiaba ira.
-Nos vamos a casa, nosotros y los demás trabajadores. -le informé con un tono de voz que no admite réplica. -Usted puede arreglar sus problemas mañana, todos estaremos aquí para lo que decida.
Sin esperar una respuesta tomé a Christian de la mano y lo guie a la salida. Afuera se había juntado bastante gente, todos a la expectativa.
-Pueden retirarse, el señor Daleman les pide una disculpa por actuar apresuradamente. La situación ya fue controlada y no tienen de qué preocuparse. -Les informé, les hablaba a todos, aunque sólo miraba a quienes conocía y su expresión de alivio al escuchar que no serían despedidas esa noche.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







