Mag-log inNo hay plazo que no se cumpla, y tras esa última noche con Christian llegó la hora de culminar mi venganza. No había logrado destruir industrias Daleman como me proponía, el señor Daleman era demasiado poderoso e influyente para eso, pero podía destruirlo a él. Era un mortal como todos y sin importar el tamaño de su cuenta bancaria, sangraba y moriría como todos los demás.
La fiesta de compromiso era en la casa del señor Daleman, y sería de las pocas ocasiones en que el millonario permitía la entrada de tantas personas a su hogar. Debido a los preparativos tenía una buena idea de cómo era el lugar, sabía dónde sería la fiesta y dónde era la habitación de mi futura víctima, un cuarto accesible mediante solo un pasillo cuidado por varios guardias y una puerta de servicio. También sabía que la celebración tendría lugar afuera, en el amplio y bien cuidado jardín que rodeaba la casa. En las vísperas se instaló un escenario y varias lonas para resguardar a los importantes invitados de los elementos.
Llegué al lugar con mi bolsa deportiva al hombro. Cambiarme ahí era parte elemental del plan, así tendría una excusa para regresar a la casa cuando terminara el festejo o más bien cuando el señor Daleman decidiera retirarse.
En la entrada vi a media docena de personas revisando las bolsas y mochilas de los empleados, uno de los encargados de seguridad se acercó.
- Disculpe, necesitaré revisar su mochila. -dijo, su postura relajada, confiaba en que accedería.
- ¿Es muy necesario? -respondí pensando en la pistola cuya presencia sería imposible justificar. -Tengo varias cosas muy delicadas y…
- Si no coopera tendrá que permanecer afuera.
- Eso no será necesario. -Intervino Christian. -Es mi bolsa, no necesita revisarla ¿o sí?
- No, señor Daleman, perdóneme, señor Daleman.
Yo no pude decir nada, mi corazón se saltó un latido al verlo. Christian lucía como el novio príncipe al final de la película. Tenía el cabello bien peinado, cada riso parecía en el lugar justo y su traje negro lo adelgazaba de una manera increíble, demostrando a la vez los músculos de sus brazos, todos complementado con una camisa azul que no solo combinaba con el vestido de Dalia, sino que también resaltaba el azul de sus ojos.
- Gracias. -logré musitar cuando se fue el guardia.
- No hay de qué, me imagino que vas a cambiarte. -asentí. -bien, entonces sígueme, te mostraré donde puedes dejar tus cosas después.
En mi mente no dejaba de dar vueltas el último mensaje de Aliado Anónimo, decía ser alguien a quien ya conocía, pero ¿quién? No tenía sentido que fuera Lucía… aunque en realidad todos los demás me parecían igual de improbables al considerar lo poco que sabía de mi peculiar ángel guardián. Podría ser cualquiera. Mi mirada quedó fija en Christian, quien me guiaba hacia la casa, no, eso sí era imposible.
- Bien, el baño de servicio es la segunda puerta a la derecha. - me explicó abriendo una puerta. - Al lado está la cocina, puedes dejar tus cosas en las escaleras atrás, usualmente las usan para llegar al cuarto de mi padre, pero por hoy nadie va a usarlas.
- Gracias, será mejor que me apresure.
Él se fue, debía estar presente para recibir a los invitados. Seguí sus instrucciones y llegué a un baño pequeño, con un intenso olor a aromatizante de canela. De solo estar ahí por un instante quería estornudar. Dejé la bolsa en el suelo y me puse mi vestido, que claro, fue aprobado por Dalia, no fuera a “robarle” la atención. Era un discreto vestido color salmón, con escote en forma de corazón y falda larga hasta el suelo, tenía poco vuelo, quizás Dalia debió pedirme que me lo probara antes de escogerlo… Me hacía ver alta y delgada, pero con curvas, resaltaba mi delgada cintura y el tono lucía perfecto con mi cabello.
Al terminar de vestirme llevé la bolsa a las escaleras. Había otro par de mochilas ahí. Entonces ese era el camino al cuarto del paranoico señor Daleman, la entrada menos protegida de su guarida. Subí hasta la puerta, no la abrí, solo corroboré que estuviera abierta y bajé tan rápido como me permitían los zapatos de tacón. Afuera llegaban los primeros invitados, Dalia y sus amigas platicaban sobre las flores, el vestido… apenas salí me mandaron a ayudar en la cocina. Al irme escuché a la futura prometida decir que desearía hacerme cambiar de ropa.
- Vaya, vaya, pero si es la secretaria Guerra. -me saludó Luisa desde la cocina, ella no estaba ayudando, solo había buscado un lugar tranquilo para beber su copa de vino. - ¿Sabes? Siempre pensé que sería yo.
- ¿Por eso prefirió entregarle su lealtad al señor Daleman? -respondí. Me resultaba difícil sentirme mal por ella.
- ¿Nunca has traicionado a nadie?
- Nunca de esa manera.
- Bueno, al final del día nosotras no importamos. Él se casará con Dalia, yo con su tío y tu probablemente estarás desempleada al final de la semana.
- Ya lo veremos.
- La verdad me sorprendió que Dalia te invitara, yo no lo habría hecho...
Salí de la cocina, era evidente que mi ayuda no era necesaria y mi presencia ahí quizás resultaría en una pelea con Luisa. Afuera la futura novia se había entretenido con varios fotógrafos lo que me permitió pasar desapercibida. Entre los invitados había algunas personas que conocía, como Daniel o Luisa, pero la mayoría eran desconocidos. Docenas y docenas de rostros que jamás había visto.
Christian hablaba con un señor de la tercera edad, ajeno a todo, mientras varios equipos colocaban cámaras cerca del escenario y unos más entre las mesas, donde se esperaba además la llegada de actores, actrices, cantantes y muchas más figuras de la farándula. “Puras apariencias” pensé “la fiesta es toda una farsa”. A nadie de los presentes, ni siquiera los futuros novios les interesaba estar ahí, a punto de ver un momento íntimo convertirse en el chisme de la década.
- Hola, Rachel. -dijo una de las empleadas del catering al pasar junto a mi colocando platos en las mesas. -hace un clima estupendo, ¿no lo crees?
- ¿Disculpa?
- Vamos, se que me reconoces sin problema. Es solo una peluca y un traje poco favorecedor.
- Lucía. -susurré el nombre para que nadie lo escuchara, aunque con el cabello de color casi blanco nadie la habría reconocido aparte de mí.
- Aquí estaré, no parecía justo dejarte sola en la recta final.
- No sabes cuanto lo agradezco.
- Si terminamos juntas en prisión me aseguraré de recordártelo. -lo dijo con un juguetón guiño antes de alejarse.
Fue un alivio descubrir que no estaría sola. El camino que elegí no estaba necesariamente uno que permitiera formar amistades duraderas o conocer a nuevas personas. En todo momento estaba alerta, lista para aprovechar cualquier conexión o dejarla en caso de resultar peligroso. Christian estaría cerca sin saber sobre mis planes y Lucía encontró la forma de estar ahí. No podía pedir nada más.
Al poco tiempo comenzó la fiesta, los invitados llegaban todos parecían conocerse entre sí. Permanecí al margen de los grupos que platicaban de política, de los últimos chismes de las celebridades y claro, sobre la pareja. Muchos habían notado que el novio parecía demasiado infeliz y especulaban sobre si se trataría de una boda apresurada gracias a un embarazo inesperado. De todos los rumores que circulaban entre las mesas, mi favorito era en el que se casaban para ocultar el hecho de que ella tuvo un amorío con una chica y él con una joven actriz argentina. Esas personas deberían escribir novelas, sus imaginaciones definitivamente podrían crear un drama interesante.
- Rachel, aquí estás. -dijo Christian, deteniéndose a mi lado. - ¿podemos hablar?
- ¿No puede esperar?
- No, y debo decirlo ahora mismo porque después…
- ¡Cariño! Por fin te alcanzo, no deberías hacer que te persiga, podría dar una mala impresión. -reclamó Dalia haciendo un patético puchero.
- Y no querríamos eso, ¿verdad? -replicó Christian, esforzándose por sonreír, una triste sonrisa que no llegaba a sus ojos.
- Oye, tu padre mi pidió que te buscara, ya es hora de hacer el anuncio.
Ella no le dio oportunidad de decir más, tomó su mano y comenzó a caminar hacia el escenario, donde una banda tocaba música tranquila digna de un elevador. ¿Qué habría querido decirme? El señor Daleman estaba ya en el escenario con un micrófono en mano, la música se detuvo.
- Queridos invitados, están aquí con nosotros para celebrar una ocasión muy importante. Este día mi hijo se comprometerá con la señorita Dalia y en nombre de la pareja quiero agradecerles su presencia. Sin más preámbulos les presento a los novios.
Dalia y Christian subieron en medio de los aplausos de los presentes y los flashes de las cámaras. Resoplé, era raro ver a una fiesta de compromiso recibir más atención que la mayoría de las bodas. El señor Daleman le pasó l micrófono a Dalia, quien comenzó a hablar de lo mucho que ansiaba casarse y lo mucho que amaba a Christian. La verdad estuve a punto de irme cuando vi al señor Daleman bajar del escenario y regresar a la casa. Esa sería la oportunidad perfecta, todos estaban ocupados con la fiesta…
Dalia le pasó el micrófono a Christian, él dudo por un instante. En medio de la multitud sus ojos se encontraron con los míos.
- Siempre creí que me casaría por amor, con esa persona que hace de cada día una aventura…-di media vuelta y empecé a caminar hacia la casa.-También pensé que cuando el día llegara estaría listo y tomaría todas las decisiones correctas.
Aun cuando no podía ver a Christian podía escuchar su voz, ahora distante porque ninguna de las muchas bocinas apuntaba hacia la casa. Llegué a la puerta sin mirar atrás, si lo veía tal vez no tendría la fuerza necesaria para continuar.
- Lamento este malentendido, pero no voy a casarme con Dalia. Pienso que un matrimonio debe ser por amor… y yo amo a otra persona, alguien a quien mi padre nunca aprobaría y quien espero aún este dispuesta a estar a mi lado. Lo lamento Dalia. -sus palabras me acompañaron mientras me acercaba a la escalera. En el camino no me encontre con nadie, ni siquiera con los empleados del catering.
Se escuchaban voces apresuradas, el murmullo de los invitados ahogó las siguientes palabras de Christian. Abrí la puerta a la escalera de servicio, recogí mi mochila y subí el primer escalón.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







