Mag-log inEl tiempo pasa de una forma muy peculiar, cuando esperas algo con el deseo de que ocurra lo antes posible el tiempo parece alargarse, avanza con calma, lento y sin la menor prisa. Sin embargo, cuando temes algo el tiempo corre, se asegura de llevarte al instante temido en un instante. Los dos meses antes de la fiesta de compromiso pasaron como el agua de un río, Christian seguía peleando contra la decisión de su padre y tenía un alocado discurso listo por si todo lo demás fallaba. Por su parte el señor Daleman seguía invitando a más personas influyentes, desde actores hasta políticos de gran importancia, todos estaban invitados.
En ese tiempo el detective Olmos me contactó dos veces, la primera para pedirme que nos reunieran, la segunda para asegurarme que si lograba armar un caso contra Daleman intentaría asegurar mi seguridad. Como si pudiera al menos imaginar el verdadero poder del intimidante empresario.
- Le daré la información. -dije al fin, más para deshacerme de él que por ayudarle. -pero solo si me promete que esperará hasta después del compromiso para sacarla a la luz.
- Sabía que era mucho más que una simple secretaria, señorita Guerra. -respondió mirándome asombrado desde el otro lado de la mesa, nos habíamos reunido en una pequeña cafetería, lejos de nuestros rumbos usuales. - ¿Su información puede demostrar que fue el señor Daleman quien asesinó al señor Cruzz?
- Puede demostrar que el señor Daleman dio la orden y pagó por ver al señor Cruzz muerto. En el sobre encontrará toda la información necesaria, se lo aseguro.
- Se lo agradezco mucho, no tiene idea de cuánto…
Quise decirle que no lo hacía por él, logré contenerme a tiempo. En realidad, lo hacía por Christian, de esa manera, aun cuando todo a su alrededor se desmoronara, su inocencia estaría demostrada. Era poco, no tanto como me gustaría hacer por alguien tan especial… al menos así me aseguraría de que no enfrentaría ninguna clase de consecuencia por mis acciones.
Coloqué sobre la mesa un sobre manila de color amarillo, ahí estaba toda la evidencia que Lucía me había dado, con unos detallitos extra, cortesía de mi padre y su implacable vigilancia. Siempre agradecería a las personas cuyo trabajo y sacrificio me permitieron llegar tan lejos. Porque gracias a nuestro esfuerzo por fin detendríamos a un auténtico monstruo. La idea de por fin terminar con todo me emocionaba y aterraba en medidas iguales, mi misión por fin terminaría, vengaría a Antonio y a mi padre, rompería el corazón de Christian… destruiría el resto de mi vida y nuestro futuro juntos…
En los últimos días se volvió casi imposible pasar tiempo con él, a cada rato sentía el incontrolable deseo de revelarle la verdad, de advertirle cuando aún tenía tiempo para prepararse para lo que sería uno de los peores días de su vida. Quería decirle que no fuera a la fiesta, pero también deseaba decirle mi verdadero nombre y revelarle mi verdadero ser. No más máscaras, no más mentiras.
Bastaba con escucharlo decir “Rachel” para hacerme querer gritarle a todo pulmón “No soy Rachel, soy Adriana, es Adriana quien te ama, quien va a lastimarte y no puede hacer nada para evitarlo, es Adriana la que se sintió tan feliz al recibir tu amor y ahora no puede dejar de preocuparse por ti. Adriana, la que de seguro terminará muerta o en prisión en poco tiempo. Adriana, la que te ama y no merece tu amor.”
- ¿Rachel? ¿Estás lista para mañana? -preguntó Christian levantando la mirada de unos papeles la noche antes de a fiesta de compromiso. Por acuerdo mutuo decidimos trabajar hasta el último día y pasar la noche juntos.
- Claro. -mentí.
- Yo solo quiero decirte…-comenzó a decir cerrando el folder y levantándose de su lugar. -Que sin importar lo que pase, yo te amo, eso no va a cambiar ni en un millón de años.
“No sabes nada” pensé. “Mañana a esta hora vas a odiarme.”
- Yo también te amo. -respondí decidida a ignorar la verdad por una noche más. - Se que nada de esto fue tu idea y solo deseo tu felicidad.
En los últimos meses nos habíamos vuelto muy cercanos, demasiado quizás. No teníamos tiempo que perder, ya fuera por el compromiso o cierto plan, hicimos que cada momento contara. Sentía como si hubiéramos vivido las experiencias de varios años en cuestión de días; fuimos a muchas citas, salimos un fin de semana, le enseñé mis lugares favoritos de la ciudad y él me invitó a mudarme a su casa. Era demasiado bueno para durar.
- ¿Nos vamos? -pregunté, lista para salir por última vez de las oficinas temporales.
- Claro, solo quería irme después de los demás. Mi padre decidió que debo trabajar en las nuevas oficinas en Londres por un tiempo, creo que es uno de sus intentos por separarnos.
- Habrá un océano entre nosotros. -resalté, el señor Daleman no era nada tonto.
- Yo regresaré, lo prometo. Además, existe el internet, las videollamadas y los mensajes.
Dicho eso tomó mi mano en la suya, su palma siempre estaba ligeramente más caliente que la mía. Caminamos juntos por el edificio vacío, siempre dirigiéndonos hacia la salida en el más absoluto silencio, el ambiente se sentía pesado, como si la misma noche supiera que pronto tendría lugar un cambio.
No volvimos a hablar hasta después de llegar a su casa. Durante el viaje en auto miré por la ventana, en la oscuridad brillaban las luces de la ciudad. Por la velocidad parecían luminosos borrones carentes de forma. Nos detuvimos en un alto, me alegraba dejar todos mis asuntos en orden. Tuve la oportunidad de ver una vez más a don P**e, aunque él no sabía aun que la verdadera razón de mi visita fue para despedirme y no para compartir anécdotas sobre mi padre.
Me recibió en su casa con una taza del mejor café que pudo encontrar. Nos sentamos en dos sillones opuestos en su pequeña pero acogedora salita y él comenzó a hablar, me contó sobre su juventud, su familia, cuando conoció a mi padre gracias a quien logró llegar a tiempo a su primera entrevista laboral y que siempre lo apoyó incluso más que su propia familia.
-Tu padre fue un hombre excepcional-dijo, la mirada perdida, de seguro sus ojos veían un recuerdo de tiempos mejores. -Siempre me entristeció pensar que no pudo llevarte al altar, o estar ahí cuando nacieran sus nietos… me dolió seguir viviendo…
- Lo entiendo. -le había respondido, después de aquella noche vivir se volvió muy difícil, a cada momento recordaba la pérdida y con cada nueva experiencia pensaba en las que nunca podría vivir mi Antonio o mi padre. -Seguir viviendo no es sencillo.
El auto se estacionó, sacándome al instante de mis recuerdos. Ambos bajamos, el chofer ya no nos miraba con extrañeza, en su expresión había una especie de complicidad. Entramos al pent-house tras un tenso viaje en el elevador. Desde todo el fiasco con el hermano del señor Cruzz, Christian intentó cambiar un poco el lugar, aparte de que ahora la puerta tenía una pequeña pantalla que solo abría tras recibir una contraseña, también puso un poco de sus obras de arte en las paredes. La primera que llamó mi atención fue un retrato de mi rostro, parecía dormida y la luz hacía un juego muy interesante sobre mis facciones dándole la impresión de ser una escena submarina.
- No sabía si te gustaría conservarlo. -dijo cuando notó que miraba esa pintura en particular. -Ehm, quizás debí preguntarte antes de pintarlo, pero estabas dormida y no quería despertarte…
- Está bien. -le aseguré. Me agradaba saber que tendría algo para recordarme si así lo quería. No importaba cuanto me amara, estaba cien por ciento segura de que nunca volvería a pensar en mí afectuosamente. -Eres muy talentoso, deberías aceptar la oferta de Ricardo, si te hace feliz debes intentarlo.
- Tú me haces feliz. -murmuró antes de besarme.
Sus suaves labios se movían despacio sobre los míos, de cierta manera, el también parecía estarse despidiendo. Nunca dijimos las palabras, pero sabíamos que todo cambiaría, sin hablarlo acordamos no hablar del inevitable compromiso. Evitábamos el tema con tal destreza que en el último mes no habíamos hablado de Dalia o de la fiesta. Claro, había que planear muchas cosas, sin embargo, Dalia parecía feliz de tomar todas las decisiones con el apoyo de Luisa, quien llegó a la ciudad tres semanas atrás para “ayudar”, cuando estaban juntas parecían las mejores amigas, separadas era sencillo asumir que eran enemigas.
Cenamos en la mesita de la cocina, Christian había preparado una deliciosa lasaña que combinó con un vino tinto servido en copas que parecían peceras pequeñas.
- Te quedó muy bien. -dije, sentía una agridulce felicidad invadirme. - ¿Qué más quieres hacer?
- Oh, tú sabes qué quiero hacer.
- Si es eso de la ventana necesitaré otra copa de vino. -respondí, él se levantó corriendo para buscar la botella.
Unos minutos después estábamos sentados en el rellano de la ventana, con una hermosa vista que era mitad el bosque de Chapultepec, lleno de oscuras sombras y mitad la ciudad con sus ventanas iluminadas. Nos acurrucamos contra la pared, sus fuertes brazos me rodeaban y me hacían sentir a salvo. No les tenía miedo a las alturas, pero la idea de quedarnos ahí me hacía sentir como si estuviéramos a leguas del piso. Sentí sus labios depositar un beso en mi cabello.
- Christian, tengo que decirte algo. -dije, sintiéndome una vez más tentada a contarle la verdad. -Es importante…
- ¿No puede esperar a mañana?
- No, debo decírtelo ahora…
- Vale, ¿te molesta si voy al baño?
Ambos nos levantamos, él se apresuró al baño, yo revisé mi teléfono, tenía un mensaje de Aliado Anónimo.
“Buena suerte mañana, ¿estás lista?”
“Sí, aunque voy a contárselo a Christian esta noche, creo que puedo confiar en él” le respondí. También sentía que podía confiar en aquella persona quien tanto me había ayudado.
“No lo hagas.”
“¿Por qué?”
“Aun sí decide no decirle nada a su padre, que lo dudo mucho, vas a volverlo cómplice. ¿De verdad quieres involucrarlo en esto”
“Tienes razón.”
“Lo sé” respondió. Escondí el teléfono al escuchar la llave del agua abrirse en el baño.
Aliado Anónimo se había comunicado más conmigo últimamente, no lo llamaría un amigo, pero si se volvió una persona casi tan cercana a mí como Lucía. Sus mensajes ya no eran solo sobre el señor Daleman o pistas para acercarme a la información correcta, a veces pasábamos horas enteras platicando. Nunca cruzó por mi cabeza preguntar su nombre. Antes de olvidarlo le envié un último mensaje, mismo que se quedaría sin respuesta por varias horas.
“¿Algún día me dirás tu nombre?” la respuesta, misma que vería hasta el día siguiente fue un enigmático: “ya lo sabes”.
- Ahora sí, ¿qué tenías que decirme? -comenzó él la conversación.
- Nada, solo que fue un gusto haberte conocido. -me apresuré a decir, Aliado Anónimo tenía razón, no podía arriesgarlo más. - Nunca me creí capaz de volver a amar, y sin embargo te amo… Te amo, Christian.
Él sonrió, quién sabe qué pensó que le diría. Era raro que yo fuera tan abierta con mis emociones. Él me hacía sentir segura, como nunca antes me había sentido. Esa noche dormimos juntos, nuestros cuerpos entrelazados hasta no poder distinguir dónde comenzaba uno y terminaba el otro. Ninguno de los dos sufrió pesadillas y despertamos junto a la persona que más amabamos en el mundo entero.
Al amanecer nos separamos con un beso cargado de las palabras que no teníamos tiempo para decir. Él iría a casa de Ricardo a prepararse mientras que yo debía regresar a mi apartamento. Ahí me esperaba una bolsa deportiva con mi vestido, maquillaje y una pistola cargada con dos balas.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







