ANMELDENMARISOL
—¡Lo conseguimos! ¡Tenemos el contrato del Grupo Ferrer-Escudero!
El grito de Gabriel me sacó el sueño de los ojos al instante.
—¿En serio?
Me recorrió un nervio. Todo nuestro trabajo había dado frutos, y yo iba a participar en algo que tendría un papel importante en las grandes ciudades de toda España.
Pero justo entonces se me revolvió el estómago al pensar en pasar tanto tiempo en la misma sala que Alejandro.
—Tendrán el espacio listo para nosotros el lunes. Yo tengo oficina propia, pero tú y el resto del equipo se sentarán en el área abierta. Además, Alejandro quiere hablar con cada uno de nosotros individualmente.
Mi estómago volvió a dar una vuelta.
—Individualmente… ¿para qué?
—Ni idea. Mi sugerencia es decir lo menos posible. Responde lo que te pregunte, dile que estás contenta de colaborar y déjalo ahí.
Pensé que podía ser una oportunidad para aclarar las cosas. Dejarle claro que no le contaría a nadie lo de nuestro… encuentro anterior.
—Y, Marisol —continuó Gabriel—, no necesito recordarte lo importante que es este proyecto. Eres la más joven y la más nueva del equipo, así que debes comportarte con profesionalismo. Además, creo que deberíamos guardar silencio sobre nuestra relación. No hay razón para compartir detalles personales con nadie fuera de nuestra empresa.
Puse los ojos en blanco por dentro.
No me sorprendió. En público actuaba como si yo fuera la pegajosa, y en privado volvía a estar completamente pendiente de mí. Y lo peor era que yo había dejado de preguntarme por qué lo permitía.
Cuando por fin nos despedimos, salí a la cocina. Carla, mi compañera de apartamento, justo iba a servirse café.
—¿Me sirves para dos? —gemí, y me senté a la mesa.
Me pasó la taza y alcanzó una segunda.
—Uf, ¿por qué las mañanas son tan duras?
—Solo son duras porque te pasaste la noche mandando mensajes con tu novio rockero.
—Prometido —corrigió, guiñándome un ojo.
Me reí.
—Prometo que pronto me lo aprendo. ¿Ya encontraron algo para ustedes?
Había empezado a buscar apartamento con Óscar, su prometido.
—No. Con la banda están pasando muchas cosas. Se habla de mudarse a Barcelona. No tiene mucho sentido encontrar algo aquí si luego tienen que irse.
—¿Y qué harías si eso pasa?
Se mordió el labio inferior.
—Podemos hacer la relación a distancia hasta saber cómo seguimos.
—Mmm —dije, para cambiar de tema—. Gabriel acaba de llamarme. ¡Conseguimos el trabajo del Grupo Ferrer-Escudero!
—¡Eso es fantástico, Marisol! —Dejó la taza y me abrazó—. Trabajaste muchísimo. Esto va a ser enorme para tu currículum.
—Lo sé. Solo hay una cosa… —Suspiré—. Ya conozco al señor Ferrer-Escudero. De hace como un mes.
—Ok. O sea que ya se conocen. ¿Y cuál es el gran problema?
—Pasé la noche con él, para ser exacta.
Carla casi escupió el café.
—¿Que hiciste qué?
—Baja la voz. ¿Quieres que los vecinos se enteren de que pasé la noche con mi nuevo jefe?
—Amiga, pensé que yo estaba loca. Resulta que tú estás todavía más loca que yo. ¿Cuándo fue?
—¿Te acuerdas de cuando Gabriel y yo terminamos? Pues justo después.
—¿Y no pensaste en contármelo? —Se veía horrorizada.
—Me daba vergüenza.
Se le dispararon las cejas.
—A ver, aclaremos algo. ¿Alejandro Ferrer-Escudero? ¿Uno de los hombres más ricos y codiciados del país? ¿Prácticamente tu nuevo jefe?
Hice una mueca.
—Sí. En ese momento no sabía quién era.
—Cuando por fin dejas salir a tu chica atrevida, te lanzas de cabeza y terminas con él. —Se rio—. ¿Cuándo empiezan?
—El lunes. Nos mudamos a Ferrer-Escudero Plaza mientras dure el proyecto.
—Tiene sentido. Seguro quiere darles la bienvenida. —Movió las cejas—. Quizá se convierta en una reunión muy, muy individual.
El sorbo de café casi se me atora en la garganta.
—Gabriel y yo volvimos. Además, trabajo para él, sería totalmente inapropiado.
Carla me miró en silencio un segundo, y de pronto no pude sostenerle la mirada.
—¿Y tú estás contenta de haber vuelto con él?
No supe qué responder.
—Estoy… tranquila.
—Eso no es lo mismo.
Tenía razón, y las dos lo sabíamos.
Recordé la mirada helada de Alejandro.
—Me estuvo mirando fijo. No estaba contento de verme. Le diré que volví con Gabriel y que no ha vuelto a pasar nada entre nosotros.
—¿Has pensado en ponerte algo bonito para esa reunión? —Se rio—. Seguro lo deja sin palabras.
Puse los ojos en blanco.
Pero sí. No haría daño verme al menos un poquito bien cuando me enfrentara al hombre que me había dado la mejor noche de mi vida.
Y que, por alguna razón, ya me estaba haciendo sentir cosas que Gabriel nunca había logrado.
JANDRO—¿Me estás escuchando? —La voz de Ricardo me trajo de vuelta a la conversación.Mis hermanos y yo estábamos sentados alrededor de una mesa en su oficina, analizando los estados financieros del Grupo Ferrer-Escudero del último trimestre, además de las proyecciones para los próximos seis meses.—Claro —dije. Y era cierto, aunque el recuerdo de mi reunión de esa mañana con Marisol ocupaba la mayor parte de mi atención.Me había sorprendido. Estaba casi convencido de que nuestro primer encuentro y lo que pasó entre nosotros había sido una coincidencia. El shock y el horror en su cara cuando insinué lo contrario habían sido lo bastante creíbles como para que una parte de mí, una parte diminuta, se sintiera mal por haberla acusado. Pero había mujeres capaces de hacer exactamente eso. Fuera de la cama, a lo largo de los años habían sido muchos los que habían orquestado encuentros conmigo y con mis hermanos para sacarnos algo.En nuestra posición, la confianza escaseaba. No estaba segur
MARISOL—¿Sabías quién era cuando te acercaste a mí en el bar?La pregunta de Alejandro Ferrer-Escudero me tomó completamente desprevenida.Lo miré fijamente, apretando los dedos alrededor de la correa de mi bolso. Había pasado todo el fin de semana preparándome para aquella reunión, eligiendo el atuendo perfecto y ensayando lo que diría. Sabía que volver a verlo sería incómodo, pero no esperaba que cuestionara mis intenciones.—No —respondí, intentando mantener firme la voz—. No lo sabía.Una de sus cejas oscuras se arqueó.—Entonces quizá quiera explicarme cómo terminó en mi cama aquella noche y, convenientemente, en mi oficina como parte del equipo que intenta conseguir un contrato con mi empresa.Se me cayó el estómago.¿En serio estaba insinuando que yo había planeado todo aquello?Nunca me había sentido tan insultada en mi vida.Me quedé de pie en medio de su enorme despacho de esquina. Las vistas de la ciudad a través de los ventanales eran impresionantes, igual que el gran esc
JANDRO«Arrestaron a papá…»El mensaje apareció en la parte superior de mi teléfono mientras revisaba las acciones en el balcón del ático de Sofía, y desapareció casi al instante. Por un segundo pensé que lo había imaginado.Toqué deprisa la notificación de mi hermano y lo leí otra vez.Arrestaron a papá.Marqué su número de inmediato. El viento de la azotea me golpeó la cara, pero apenas lo noté.—¿Por qué?Lo primero que pensé fue en alguna imprudencia al volante, una pelea, un escándalo menor de los que mi padre sabía enterrar con una llamada.—Uso de información privilegiada —respondió Ignacio—. Inversiones ilegales.Papá siempre había sido un hombre de riesgos. Pero aquello era otra liga.—Hablé con los abogados. Está en prisión preventiva y ahí se queda hasta la audiencia de mañana. Pero lo más probable es que se la nieguen, porque lo consideran un riesgo de fuga.—¿Lo hizo?—Se declara inocente. Pero si me preguntas mi opinión: digamos que no me extrañaría.Cerré los ojos. Me d
MARISOL—¡Lo conseguimos! ¡Tenemos el contrato del Grupo Ferrer-Escudero!El grito de Gabriel me sacó el sueño de los ojos al instante.—¿En serio?Me recorrió un nervio. Todo nuestro trabajo había dado frutos, y yo iba a participar en algo que tendría un papel importante en las grandes ciudades de toda España.Pero justo entonces se me revolvió el estómago al pensar en pasar tanto tiempo en la misma sala que Alejandro.—Tendrán el espacio listo para nosotros el lunes. Yo tengo oficina propia, pero tú y el resto del equipo se sentarán en el área abierta. Además, Alejandro quiere hablar con cada uno de nosotros individualmente.Mi estómago volvió a dar una vuelta.—Individualmente… ¿para qué?—Ni idea. Mi sugerencia es decir lo menos posible. Responde lo que te pregunte, dile que estás contenta de colaborar y déjalo ahí.Pensé que podía ser una oportunidad para aclarar las cosas. Dejarle claro que no le contaría a nadie lo de nuestro… encuentro anterior.—Y, Marisol —continuó Gabriel—,
JANDRO—Ni de broma —respondí cortante cuando Ricardo propuso adjudicarle el contrato a Línea Cristal Arquitectos.—¿No te gustó la propuesta? —preguntó Ignacio, y se dejó caer en uno de los sofás de la oficina—. Escuché que fue buenísima.Los dedos de Ricardo recorrieron el documento.—Y por lo que veo aquí, son exactamente lo que necesitamos.Ese «exactamente lo que necesitamos» me llevó de golpe al momento en que Marisol entró a la sala de juntas.En el segundo en que la reconocí, volví a esa noche en mi habitación de hotel. A su risa. A cómo me había contado, con esa sinceridad que no sabía esconder, que creía no tener nada de especial. Y a lo que sentí al despertar con la cama vacía y una sola sábana todavía tibia.No me había molestado que se fuera. Eso me repetí durante un mes.Eché el recuerdo fuera de mi cabeza, me recosté en el sillón de cuero y crucé una pierna sobre la otra.—Hay algunas propuestas buenas.—Ninguna tan buena como la de Línea Cristal.Me froté la barbilla.
MARISOLUn mes antes—Eres un cobarde, y lamento haberte creído una sola palabra. No me mereces, y no mereces ni un segundo más de mi tiempo. Búscate a otra mujer que no sea «demasiado independiente» para ti, porque yo ya terminé de ser la tonta que te quiso.Colgué antes de que Gabriel pudiera responder, y la terraza del bar del hotel se quedó en silencio. Un par de huéspedes me miraron. Me dio igual. Ya bastante me dolía que mi novio hubiera terminado conmigo por ser demasiado independiente. No tenía espacio para el drama de nadie más.Dejé el teléfono sobre la barra con más fuerza de la necesaria.—Otro chocolate caliente, por favor.El camarero contuvo una sonrisa y asintió.—Ahora mismo.—Yo en tu lugar lo pediría con doble crema —dijo una voz grave a mi lado.Me giré. Parecía pulido, como esos actores de primera línea de la tele.—¿Perdón? —Respiré hondo—. Yo no te conozco y tú no me conoces, así que seguro no tienes nada que opinar sobre lo que pido.Por fin giró la cabeza haci







