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El contrato de mil millones de dólares
El contrato de mil millones de dólares
작가: Jay_Lay_Cul

CAPÍTULO 1

작가: Jay_Lay_Cul
last update 게시일: 2026-11-03 21:40:59

Gabriel estaba sentado solo en su espaciosa oficina, con la postura rígida pero la mente llena de pensamientos confusos. Las luces de la ciudad que se veían a través de los ventanales se desdibujaban en el fondo mientras su mente divagaba, sin ser invitada, hacia la única persona en la que tanto se esforzaba por no pensar: su exnovia, Ashley.

Por mucho tiempo que pasara, ella siempre encontraba la manera de reaparecer cuando menos se lo esperaba.

******** RECUERDO ********

—¡Estoy harta de esto, Gabriel! —espetó Ashley con rabia, alzando la voz y con un tono cortante.

Gabriel se quedó paralizado, parpadeando sorprendido. Acababa de llegar a casa del trabajo, exhausto y mentalmente agotado, y desde luego no se esperaba semejante bienvenida. Su repentino arrebato lo dejó atónito y desconcertado.

—¿De qué estás hablando? —preguntó, visiblemente desconcertado.

“¡Aaaah!”, exclamó Ashley, levantando las manos al aire con frustración.

—¿Sigues sin entenderlo, verdad? —preguntó ella, claramente irritada por su falta de comprensión.

—Si lo explicas con más claridad —respondió Gabriel con cautela—, entonces supongo que entenderé de qué estás hablando.

“¡TE ODIO, GABRIEL!”, escupió.

Gabriel se puso rígido. Aquellas palabras lo tomaron por sorpresa. Dio un paso atrás, completamente desconcertado.

—Llevo tres horas esperándote, Gabriel —continuó Ashley con amargura—. Tres horas para que pudiéramos ir a esa estúpida cita que prometiste. Pero, una vez más, no apareciste. O mejor dicho, estabas demasiado ocupado para venir.

La realidad lo golpeó como un jarro de agua fría. Lo había olvidado. Lo había olvidado por completo de la cita que le había prometido a Ashley. La culpa lo invadió de inmediato, pesada e inevitable. Esta vez, no tenía otra excusa que la simple verdad: lo había olvidado.

—Cariño, lo siento —dijo con voz más suave—. Se me olvidó por una reunión urgente a la que tenía que asistir.

“¡Genial! ¡Simplemente genial!”, se burló Ashley con sarcasmo. “Siempre tienes algo importante que atender. ¿Y yo qué? ¿Acaso tu empresa es más importante que yo?”.

A Gabriel no le gustaba el rumbo que estaba tomando la discusión. Amaba a Ashley, de verdad, pero la empresa, el legado familiar que debía mantener, también era importante para él. No era algo que pudiera simplemente ignorar.

—Lo siento, ¿de acuerdo? —dijo rápidamente, con la esperanza de evitar que la situación empeorara—. Te lo compensaré.

“¡NO QUIERO ESO, ¿ENTIENDES?!” gritó.

—Siempre dices eso, pero nunca cumples tu palabra —continuó, con la voz temblorosa de ira y dolor—. Siempre te inventas nuevas excusas. ¡Eres increíble, Gabriel! —añadió, con un sarcasmo inconfundible.

“Eres pésimo en esto, Gabe…”

—Ashley, ¿podemos dejar de hacer esto? —suplicó Gabriel—. Te prometo compensártelo. Si quieres, mañana podemos tenerlo para nosotros solos.

Hizo la sugerencia con la desesperada esperanza de calmarla, aunque no podía negar la verdad : había sido un novio terrible.

—¿Y después de mañana, qué? —preguntó en voz baja.

Gabriel frunció el ceño, con expresión perpleja, sin comprender del todo lo que ella quería decir.

Ashley cerró los ojos e inhaló profundamente, como preparándose para lo que estaba a punto de decir.

—No creo que sea necesario que mañana estemos solos —dijo con calma—. Ya he traído mis cosas. Solo estaba esperando a que volvieras a casa para poder decírtelo en persona.

—¿Qué quieres decir con que moviste tus cosas? —preguntó Gabriel, con incredulidad en la voz.

—No puedo seguir así, Gabriel —respondió con firmeza—. Me das asco. Así que creo que deberíamos terminar con esto.

Gabriel no pudo ocultar la sorpresa en su rostro. Ashley no solo había mencionado que iba a sacar sus cosas de su casa, sino que ahora quería terminar definitivamente con su relación.

—¿Estás intentando romper conmigo? —preguntó, aún intentando asimilar sus palabras.

—No lo estoy intentando, Gabe —respondió ella con frialdad—. Estoy rompiendo contigo.

La desolación lo invadió. Se quedó allí, impotente, mientras Ashley salía por la puerta sin mirar atrás. No les dio una segunda oportunidad. No dudó. Simplemente lo dejó allí, completamente destrozado.

***** FIN DEL RECUERDO *****

Aquel incidente había ocurrido hacía cinco años, pero Gabriel seguía sin poder olvidarlo. El recuerdo permanecía dolorosamente vivo, como si hubiera sucedido ayer mismo, y dudaba que alguna vez lo olvidara. Por eso se había volcado en su trabajo más que nunca. La empresa, el legado de su familia , era lo único constante, lo único que parecía quererlo y comprenderlo.

Pero su madre pensaba diferente.

Sus padres se preocupaban constantemente por él. Querían que siguiera adelante, que encontrara a alguien nuevo, sobre todo su madre. Todos los meses, sin falta, ella llamaba para preguntarle si por fin había encontrado novia. Estaba desesperada por ser abuela, pero Gabriel no se lo creía.

******** RECUERDO ********

—Gabe, hijo mío, tienes que escucharme —le suplicó su madre—. Tienes que seguir adelante. Olvídate de Ashley. Si de verdad te hubiera querido, no te habría dejado así.

—Mamá, por favor —suspiró Gabriel—. ¿Podemos no hablar de esto?

—Tenemos que hacerlo, cariño —insistió—. Ya no eres tan joven. Cumplirás cuarenta en un par de meses, Gabe. Deja de hacerte daño así. Ella no lo vale.

—Tengo que volver al trabajo, mamá —dijo, intentando dar por terminada la conversación—. Hablamos luego.

—Justo de lo que estaba hablando —respondió—. Deja de ahogarte en el trabajo. Sal. Socializa. Haz nuevos amigos. Cariño, hazlo por tu madre.

“Mmm… lo pensaré”, murmuró.

—No hay nada que pensar —dijo con firmeza—. La próxima vez que te llame, quiero oír que tienes una nueva novia.

“Pero mo—”

“Adiós, cariño.”

Y con eso, su madre colgó el teléfono.

***** FIN DEL RECUERDO *****

Esa fue su última conversación con su madre.

Estaba sometido a una presión inmensa, no solo por parte de ella, sino también del público y la prensa. La gente especulaba sin cesar sobre su vida personal, lanzando suposiciones y atribuyéndole diferentes orientaciones sexuales simplemente porque se negaba a sentar cabeza. El escrutinio era implacable.

Gabriel sabía que tenía que pensar en algo.

Y tuvo que pensar rápido.

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