로그인Gabriel salió del edificio y dejó escapar un largo y profundo suspiro que ni siquiera se había dado cuenta de que había estado conteniendo. Sintió como si el peso de la noche finalmente se hubiera posado sobre sus hombros en el instante en que el aire fresco le rozó el rostro. Sin mirar atrás, subió a su coche y le indicó a su chófer que lo llevara a casa.
Al llegar a su mansión, se detuvo un instante, contemplando la enorme estructura que tenía delante. El lugar lucía tan grandioso e imponente como siempre, pero esa noche se sentía extrañamente vacío. Las palabras de Nicole resonaban en su mente y, por primera vez en mucho tiempo, admitió que ella no se equivocaba. En circunstancias normales, ya debería estar casado. Pero nada en su vida se sentía normal. La presión de su madre, las expectativas, los constantes recordatorios de cómo debería ser su vida, todo lo habían empujado a hacer algo que jamás imaginó que haría. Si esto era lo que se necesitaba para finalmente librarse de ella, estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario.
Se dirigió a su habitación, se desnudó y fue directo a la ducha. El agua tibia cayó sobre él, pero ni siquiera eso logró disipar los pensamientos que lo atormentaban.
Después de ducharse, Gabriel se tumbó en la cama, mirando al techo. La duda lo asaltó poco a poco. ¿Estaba haciendo lo correcto? Las cosas no debían hacerse así. Nada de esto se sentía bien. Sabía que necesitaba dejar atrás a Ashley, seguir adelante de verdad, pero eso era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Su recuerdo persistía obstinadamente en su mente, negándose a desvanecerse. Aun así, a pesar de todo, se encontró esperando en silencio que Nicole considerara seriamente su propuesta. En ese momento, ella era su única esperanza.
Finalmente, el cansancio lo venció. Ya eran las dos de la madrugada y tenía que madrugar. El trabajo era el único lugar donde podía concentrarse, el único donde su mente encontraba algo de orden y paz. Con ese pensamiento, finalmente se quedó dormido.
Nicole, en cambio, no pudo dormir nada.
Permaneció despierta, mirando fijamente la oscuridad de su habitación mientras los sucesos de la noche se repetían una y otra vez en su cabeza. La imagen de Gabriel de pie en su sala se negaba a desvanecerse. Siempre había soñado con ser rica, con vivir una vida de lujo, comodidad y pura felicidad. Y ahora, de alguna manera, esa misma oportunidad había llamado a su puerta. Sin embargo, en lugar de emoción, la invadió una profunda confusión.
No sabía si aceptar esa oferta era lo correcto.
¿Y si algo saliera mal en el camino? ¿Y si tuviera una novia que apareciera de repente y todo se fuera al traste? Pero claro, nunca mencionó tener novia. Y si algo pasara, seguro que un hombre como él sería capaz de defenderla… ¿verdad?
Sus pensamientos daban vueltas sin cesar. Se suponía que debía estar disfrutando de un sueño reparador después de un largo día, pero en cambio, su mente estaba inquieta y abrumada. La cantidad de dinero en juego era increíblemente tentadora; cualquiera aceptaría semejante oferta sin pensarlo dos veces. Sin embargo, había algo más que no podía ignorar. Percibió desesperación bajo su apariencia severa. Necesitaba que ella dijera que sí, aunque se esforzara tanto por no demostrarlo.
¿Por qué seguía soltero?
En realidad no era asunto suyo, pero necesitaba saber con qué clase de hombre se estaba involucrando. Y entonces le vino otro pensamiento inesperado: hacía bastante tiempo que no estaba con un hombre.
Dios mío, ¿por qué estoy pensando así?
No era como si fuera a pasar algo entre ellos... ¿o sí?
Solo pensarlo le provocaba un fuerte dolor de cabeza. Al darse cuenta de que no conseguía nada, Nicole finalmente decidió obligarse a dormir. Necesitaba descansar, urgentemente.
***
Gabriel ya estaba en su oficina al día siguiente, hojeando algunos documentos, cuando sonó su teléfono. Miró la pantalla y se dio cuenta de que era un número desconocido.
—¿Hola? —respondió.
“¿Hola?... Soy yo, Nicole.”
En cuanto oyó su voz, Gabriel se enderezó en su silla. No entendía por qué, pero oír su nombre despertó algo inesperado en su interior. Una leve emoción se vislumbró bajo su aparente compostura.
—Eh, te llamé para que pudiéramos hablar sobre tu propuesta —continuó Nicole.
Su voz sonaba suave, incluso tranquilizadora. Gabriel permaneció en silencio, dejándola hablar. No quería presionarla, no quería que se sintiera obligada a tomar una decisión de la que pudiera arrepentirse.
“Lo estuve pensando toda la noche”, dijo, haciendo una breve pausa, “y creo que lo acepto. Lo haré”.
Gabriel dejó escapar un silencioso suspiro de alivio, que guardó para sí mismo. La gratitud lo inundó al disiparse por fin la tensión que había estado cargando.
—Enviaré a mi chófer a recogerte a tu apartamento —dijo—. Te llevará a mi casa. Allí firmaremos el contrato.
“De acuerdo. Será mejor que me prepare entonces… oh, espera. ¿Cuándo empiezo, eh…?”
—Hoy —respondió—. Te mudarás hoy. Te sugiero que cojas todo lo que necesites antes de que llegue mi chófer.
“¿En serio? ¿Hoy?!” exclamó Nicole, con la voz teñida de nerviosismo. “Es demasiado pronto”.
Gabriel comprendía su ansiedad. Cualquiera se pondría nervioso al mudarse a la casa de un completo desconocido.
—Puedes empacar algunas de tus cosas hoy —sugirió con calma—. El resto lo puedes recoger más tarde.
“Oh… de acuerdo. Adiós entonces.”
"Adiós."
La línea se cortó.
Gabriel llamó inmediatamente a su chófer para que preparara el coche y luego contactó con su asistente personal, cancelando todas las citas restantes del día. Necesitaba estar en casa antes de que llegara Nicole. Tenía que informar a los empleados sobre su nueva jefa, hacer los preparativos necesarios y quería darle tiempo suficiente para hacer la maleta. Tras recoger los documentos del contrato que había impreso personalmente, salió de su oficina.
***
Nicole estaba muy nerviosa antes de hacer la llamada, pero una vez que terminó, una repentina oleada de alivio la invadió. No podía creer que todo hubiera salido tan bien. La emoción la invadió y gritó en voz baja para sí misma, corriendo a su armario para empezar a empacar.
Pronto se convertiría en millonaria.
Gabriel salió del edificio y dejó escapar un largo y profundo suspiro que ni siquiera se había dado cuenta de que había estado conteniendo. Sintió como si el peso de la noche finalmente se hubiera posado sobre sus hombros en el instante en que el aire fresco le rozó el rostro. Sin mirar atrás, subió a su coche y le indicó a su chófer que lo llevara a casa.Al llegar a su mansión, se detuvo un instante, contemplando la enorme estructura que tenía delante. El lugar lucía tan grandioso e imponente como siempre, pero esa noche se sentía extrañamente vacío. Las palabras de Nicole resonaban en su mente y, por primera vez en mucho tiempo, admitió que ella no se equivocaba. En circunstancias normales, ya debería estar casado. Pero nada en su vida se sentía normal. La presión de su madre, las expectativas, los constantes recordatorios de cómo debería ser su vida, todo lo habían empujado a hacer algo que jamás imaginó que haría. Si esto era lo que se necesitaba para finalmente librarse de ella,
—Buenas noches —dijo finalmente Gabriel después de que se hubieran quedado mirándose fijamente durante lo que parecieron horas interminables.—Ehm… ¿en qué puedo ayudarle? —logró responder Nicole. En secreto, agradeció que él rompiera el silencio, porque, sinceramente, se había quedado completamente en blanco. No tenía ni idea de qué decirle al hombre de un metro ochenta y ocho que estaba allí, con aire de seguridad, llenando el pequeño portal con su presencia.—¿Puedo hablar con usted? —preguntó con calma.Nicole frunció ligeramente el ceño, con una expresión de confusión en el rostro. No podía entender por qué un hombre como él, alguien que claramente irradiaba riqueza, poder e importancia, querría hablar con ella.“Yo… eh… lo siento, creo que se ha equivocado de dirección”, dijo con una risita nerviosa, esperando que eso pusiera fin al encuentro.—En realidad, estoy en la dirección correcta. ¿Puedo pasar? —respondió con naturalidad.Nicole no pudo ocultar la sorpresa que se reflejó
Tras un día estresante en el trabajo, Gabriel decidió que ya era hora de irse. Se tomó unos instantes para ordenar su escritorio, colocando los documentos en su sitio y asegurándose de que todo estuviera en orden, una costumbre que había adquirido con los años. Una vez satisfecho, cogió su chaqueta y salió de la oficina.En la entrada del edificio de la empresa, su chófer ya lo esperaba junto a un elegante Rolls Royce negro, erguido como siempre.—Buenas noches, señor —saludó cortésmente el chófer, abriéndole la puerta.Gabriel asintió brevemente en respuesta mientras subía al coche. En cuanto se acomodó en el asiento de cuero, se aflojó un poco la corbata y exhaló como si intentara liberarse del peso del día. Casi de inmediato, su teléfono empezó a sonar. Miró la identificación de la llamada y suspiró al ver que era su madre.No estaba preparado para su charla motivacional, no esta noche.Ignoró la llamada y guardó el teléfono en el bolsillo. Mientras tanto, su chófer permaneció en s
Nicole se paró frente al espejo por última vez, observando su reflejo con atención. Quería convencerse de que estaba lista para el día. Sus pantalones negros de talle alto le quedaban perfectos en las caderas, la tela suave al tacto. Se ajustó la blusa gris de cuello alto, asegurándose de que se ajustara a su figura a la perfección, sin arrugas ni pliegues. Su bolso negro, colocado cuidadosamente sobre la cama, combinaba a la perfección con su atuendo, un pequeño pero satisfactorio detalle que apreciaba. Calzándose los tacones de aguja negros, caminó con un ligero toque por el suelo de la habitación, poniendo a prueba su equilibrio y elegancia. Respiró hondo, agarró el bolso y se dirigió hacia la puerta, sintiendo una oleada de emoción recorrer su cuerpo.Al salir de su edificio, Nicole aspiró el aire fresco y bullicioso de Nueva York. La ciudad siempre parecía rebosar de vida, pero hoy se sentía especialmente vibrante, casi eléctrica. No había ido de compras en casi dos semanas, su t
Gabriel estaba sentado solo en su espaciosa oficina, con la postura rígida pero la mente llena de pensamientos confusos. Las luces de la ciudad que se veían a través de los ventanales se desdibujaban en el fondo mientras su mente divagaba, sin ser invitada, hacia la única persona en la que tanto se esforzaba por no pensar: su exnovia, Ashley.Por mucho tiempo que pasara, ella siempre encontraba la manera de reaparecer cuando menos se lo esperaba.******** RECUERDO ********—¡Estoy harta de esto, Gabriel! —espetó Ashley con rabia, alzando la voz y con un tono cortante.Gabriel se quedó paralizado, parpadeando sorprendido. Acababa de llegar a casa del trabajo, exhausto y mentalmente agotado, y desde luego no se esperaba semejante bienvenida. Su repentino arrebato lo dejó atónito y desconcertado.—¿De qué estás hablando? —preguntó, visiblemente desconcertado.“¡Aaaah!”, exclamó Ashley, levantando las manos al aire con frustración.—¿Sigues sin entenderlo, verdad? —preguntó ella, claramen







