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CAPÍTULO 4

ผู้เขียน: Jay_Lay_Cul
last update วันที่เผยแพร่: 2026-11-03 21:43:31

—Buenas noches —dijo finalmente Gabriel después de que se hubieran quedado mirándose fijamente durante lo que parecieron horas interminables.

—Ehm… ¿en qué puedo ayudarle? —logró responder Nicole. En secreto, agradeció que él rompiera el silencio, porque, sinceramente, se había quedado completamente en blanco. No tenía ni idea de qué decirle al hombre de un metro ochenta y ocho que estaba allí, con aire de seguridad, llenando el pequeño portal con su presencia.

—¿Puedo hablar con usted? —preguntó con calma.

Nicole frunció ligeramente el ceño, con una expresión de confusión en el rostro. No podía entender por qué un hombre como él, alguien que claramente irradiaba riqueza, poder e importancia, querría hablar con ella.

“Yo… eh… lo siento, creo que se ha equivocado de dirección”, dijo con una risita nerviosa, esperando que eso pusiera fin al encuentro.

—En realidad, estoy en la dirección correcta. ¿Puedo pasar? —respondió con naturalidad.

Nicole no pudo ocultar la sorpresa que se reflejó en su rostro.

¡Qué valentía!, pensó para sí misma.

—Espera, espera, espera un momento —dijo rápidamente, levantando la mano—. No te conozco, y no creo que tú me conozcas. Entonces, ¿por qué dejaría entrar a un completo desconocido en mi casa así como así, sobre todo a estas horas?

Aunque él prácticamente derrochaba riqueza y clase, Nicole no iba a dejar que se saliera con la suya tan fácilmente.

—Disculpen mi falta de educación —dijo tras una breve pausa—. Soy Gabriel Oliver Harrison.

Nicole simplemente lo miró fijamente, levantando lentamente una ceja.

¿Y cómo se supone que eso me va a ayudar?, se preguntó.

El nombre no le sonaba de nada al principio. Y desde luego no se parecía a ningún antiguo compañero de colegio que ella pudiera recordar. De hecho, parecía tener unos treinta y tantos años… o, espera.

—¿Harrison? —exclamó—. ¿Te refieres a Harrison Harrison?

Esta vez, le tocó a Gabriel alzar una ceja con expresión interrogante. Claramente no tenía ni idea de a qué se refería ella.

“Quiero decir… ¿eres el mismo Harrison de la constructora Harrison y todo eso?”, preguntó, moviéndose nerviosamente de una emoción que no podía ocultar.

Gabriel miró a izquierda y derecha, recorriendo el pasillo con la mirada para asegurarse de que no hubiera nadie. Lo último que quería era que su identidad se revelara de esa manera.

—Sí —admitió en voz baja—. ¿Puedo pasar ahora?

Esta vez su tono era más serio, firme. Nicole, instintivamente, se hizo a un lado para que pudiera entrar. Gabriel entró en su apartamento y echó un vistazo rápido a su alrededor. El lugar era sencillo, modesto, pero sorprendentemente ordenado para una mujer que vivía sola.

—Por favor, siéntese —dijo Nicole, señalando el sofá—. ¿Puedo ofrecerle algo?

—No, gracias —respondió—. Pero me gustaría saber tu nombre, ya que tú ya sabes el mío.

—Ehm… soy Nicole Robinson —dijo—. Pero mi nombre no tiene nada de especial —añadió en tono de broma.

Gabriel asintió levemente, repitiendo su nombre en silencio en su cabeza, como si lo estuviera memorizando.

Es bastante serio, pensó Nicole cuando su broma no le arrancó ni la más mínima sonrisa.

—Entonces… —comenzó ella, rompiendo el incómodo silencio que ya se había instalado entre ellos—. Ya que no deseas tomar nada, ¿de qué querías hablar exactamente?

—Tengo una propuesta para ti —dijo, con un tono demasiado serio para su tranquilidad.

Nicole sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sabía que no debía tener miedo; no había ninguna razón lógica para ello. Al fin y al cabo, estaba en su propio apartamento y él era el visitante. Aun así, la palabra "propuesta" la inquietaba. Enderezó la postura, intentando disimular su creciente ansiedad.

—¿De acuerdo...? —dijo con cautela—. Dilo de una vez.

—Quiero que seas mi prometida durante seis meses —dijo Gabriel con voz firme—. Y te pagaré diez millones de dólares.

“¡¿Qué?!” gritó Nicole, y su voz resonó por toda la habitación.

Ella lo miró con incredulidad, intentando comprender lo que acababa de escuchar.

¿Este hombre hablaba en serio?

—Disculpe —dijo, sacudiendo la cabeza como si intentara espabilarse—, ¿es esto algún tipo de broma macabra?

—Yo no bromeo —respondió Gabriel con sequedad, sin cambiar su expresión.

—Dame un minuto, ¿vale? —dijo Nicole, dejándose caer en el sofá mientras sentía que las piernas le flaqueaban de repente.

Ella lo miró de nuevo, su confusión transformándose en sospecha. —¿Por qué un tipo como tú necesitaría una impostora como prometida? O sea, podrías tener a cualquier mujer a tus pies. Perdóname por decirlo, pero alguien como tú ya debería estar casado.

—Mi vida personal no es asunto tuyo —respondió con severidad.

“Sí, sí, lo que sea”, dijo restándole importancia con un gesto. “¿Pero cómo esperas que te crea? Ni siquiera sé si eres de verdad o si eres un psicópata suelto”.

Intentó mostrarse firme, aunque su corazón latía con fuerza.

Gabriel se sintió profundamente insultado. ¿Un psicópata? No podía creer que dijera eso. Ya se había rebajado bastante al venir personalmente. Sabía desde el principio que era una mala idea, pero por razones que no podía explicar del todo, lo había hecho de todos modos.

Mientras tanto, Nicole se arrepintió al instante de sus palabras. No había querido insultarlo de esa manera. Pero una vez dichas, no había vuelta atrás.

—Ehm… no creo que quieras tener a un extraño en tu casa —dijo nerviosamente.

—Eso me corresponde decidirlo a mí —respondió con frialdad.

Así que no iba a ceder. Ni siquiera después de eso.

—Lo siento —dijo con firmeza—. Te has equivocado de chica.

“Lo haré veinticinco millones.”

Nicole se quedó boquiabierta.

Completamente abierto.

Esto no puede ser real. Esto solo pasa en las películas.

—Aquí tiene mi tarjeta —continuó, entregándosela—. Si acepta mi propuesta, llámeme. Enviaré a mi chófer a recogerla para que firmemos el contrato. Depositaré la mitad del importe en su cuenta bancaria de inmediato. Una vez cerrado el trato, depositaré el resto.

Nicole tomó la tarjeta en silencio. Una sola mirada bastó para confirmar que era quien decía ser. Se puso de pie lentamente, pasándose los dedos por el cabello mientras sus pensamientos se agolpaban en su mente.

“Mira… eh… sobre lo que dije antes…”

—Que tenga buenas noches, señorita Robinson —dijo Gabriel, interrumpiéndola.

Y dicho esto, se dio la vuelta y se marchó, dejando a Nicole allí de pie , atónita, confundida y completamente conmocionada.

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