เข้าสู่ระบบ—Necesito que tengas esto listo antes de que regrese —dijo Claudia, entregándole una carpeta a Liv.
La joven asintió, tomando los documentos con manos aún ligeramente temblorosas. Días atrás, había reunido el valor para pedirle un préstamo a su jefa. La respuesta de Claudia había sido ambigua: ni un sí rotundo ni un no definitivo. Solo un "déjame pensarlo" que mantenía a Liv en vilo.
Desde entonces, Claudia la observaba con una atención diferente, como si la estuviera evaluando. Liv no sabía si eso era bueno o malo.
Claudia salió de la oficina con paso firme, pero su mente estaba en otro lugar. Había tomado una decisión: Olivia Wilde sería su pupila. La ayudaría a salir de su situación económica, y de paso, mataría dos pájaros de un solo tiro. La chica era joven, bonita, inocente. El tipo de mujer que podría domar a su sobrino rebelde.
Es perfecta, pensó Claudia mientras se encaminaba hacia la oficina de su hermano. Solo necesita un poco de pulido.
Entró sin llamar. Thomas Sinclair estaba sentado detrás de su imponente escritorio, con el rostro cansado y los hombros encorvados. Los años de dirigir la empresa se notaban en sus ojos, en las arrugas profundas que surcaban su frente, en la forma en que se frotaba las sienes como si intentara aliviar un dolor persistente.
—Tu hijo no puede seguir haciéndose el idiota, ¿lo sabes, no? —dijo Claudia, sin preámbulos, cerrando la puerta tras de sí.
Thomas suspiró, levantando la mirada hacia su hermana. —Lo sé.
—Entonces, ¿por qué no has hecho nada todavía? —reclamó ella, cruzando los brazos.
—Porque no quiero influir en su vida —respondió él, recostándose en el respaldo de la silla con un gesto de agotamiento.
—El deber de Dorian es manejar esta empresa que tú construiste para él —Claudia dio un paso adelante, sus ojos azules perforando a su hermano—. ¿O acaso crees que voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo dilapida su herencia?
Thomas se frotó la cara con ambas manos. —Claudia, sabes que no es fácil manejar una empresa de la noche a la mañana. Y también sabes la condición que estipuló nuestro padre.
El padre de ambos, en su testamento, había dejado claro que la empresa Sinclair solo pasaría a la descendencia masculina, y solo si estos estaban casados. Una cláusula que Claudia consideraba arcaica y machista, pero que era inamovible.
—Lo entiendo —insistió ella—. Pero Dorian debe tomar las riendas de esta empresa. Ya.
—No puedo obligarlo. Es su decisión.
Claudia dio un paso más, acercándose al escritorio. —No es solamente eso. —Su voz se suavizó ligeramente, mostrando una preocupación genuina—. Dorian no parece el mismo desde que esa chica lo dejó plantado. Está autodestruyéndose, Thomas. Y tú lo sabes.
Él asintió, su mirada perdiéndose en algún punto lejano. —¿Y qué sugieres, Claudia? ¿Buscarle una esposa? —preguntó en tono de broma, pero al ver la sonrisa que se dibujaba en el rostro de su hermana, su expresión se tornó seria—. No lo estarás pensando en serio.
—¿Por qué no? Es una buena idea —dijo ella, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo que por qué? ¡Mujer, estás loca si piensas que eso funcionará!
—Piénsalo, Thomas. Los dos sabemos que Dorian ya tiene edad para casarse y establecerse. Pero con los gustos que tiene... —hizo una pausa significativa, y Thomas entendió perfectamente a qué se refería—. Solo le daremos una ayudita. Un empujón en la dirección correcta.
Thomas negó con la cabeza, incrédulo. —Las cosas no funcionan así.
—¿Y qué podemos perder? —presionó Claudia, inclinándose sobre el escritorio—. Lo peor que puede pasar es que alguien termine con el corazón roto. Pero son jóvenes. Lo superarían.
Thomas guardó silencio, sopesando las palabras de su hermana. Sabía que cuando Claudia se metía una idea en la cabeza, era imposible detenerla.
—Solo dame tiempo para hablar con él primero —cedió finalmente—. Antes de que hagas alguna tontería.
La sonrisa de Claudia fue de oreja a oreja. —Tú solo déjamelo a mí. Ya verás.
—No te he dicho que sí —la advirtió Thomas, levantando un dedo—. Y todavía sigo pensando que es una pésima idea.
—Ya tengo a la chica indicada —dijo Claudia, ignorando por completo las últimas palabras de su hermano.
Thomas la vio salir de la oficina con paso decidido, y suspiró. Definitivamente, su hermana se había vuelto loca.
Pero si lo pensaba bien... la idea no era tan descabellada. El problema era que Dorian jamás permitiría algo semejante. Su hijo era terco, orgulloso, y desde lo de Madison, desconfiaba de todo el mundo. Thomas decidió que lo mejor que podía hacer era visitarlo al día siguiente. Hablarían de la empresa, de su futuro. Sin presiones. Solo padre e hijo.
Pero al día siguiente, Thomas encontró algo que no esperaba.
Llegó al apartamento de Dorian con la intención de tener una conversación civilizada. Llamó al timbre. No hubo respuesta. Usó la llave que todavía conservaba y abrió la puerta.
El apartamento olía a alcohol, a perfume barato y a sexo. Ropa tirada por el suelo, vasos vacíos sobre la mesa. Thomas avanzó con pasos pesados hasta la habitación principal y lo que vio lo dejó petrificado.
Dorian estaba en la cama. Con dos mujeres. Desnudas.
—¡Dorian Alessandro Sinclair Montesinos! —gritó Thomas, su voz resonando como un trueno en el silencio de la mañana.
Dorian se incorporó de golpe, frotándose los ojos. —Papá, por Dios, no grites —se quejó, llevándose las manos a la cabeza.
—¡Se levantan de una buena vez, señoritas, y se largan de aquí! —volvió a exclamar Thomas, su rostro enrojecido por la cólera.
Las chicas, asustadas, saltaron de la cama y comenzaron a recoger sus cosas a toda prisa. Salieron del apartamento en menos de un minuto, vistiéndose en el camino mientras lanzaban miradas asustadas al anciano.
Thomas se quedó en medio de la habitación, respirando con dificultad. Sus ojos recorrieron el desorden, las botellas vacías, y finalmente se posaron en un paquete blanco que estaba tirado en el suelo. Se agachó y lo recogió.
—¿Qué es esto? —preguntó, su voz temblorosa de ira—. ¡Maldita sea, Dorian! ¡No me digas que es droga!
Dorian se levantó de la cama, cubriéndose con una sábana. —No es droga —respondió, su tono irritado—. Es solo...
—No intentes hacerte el gracioso conmigo —lo interrumpió Thomas, apretando el paquete entre sus dedos—. ¿Ya no eres demasiado grandecito para estas niñerías?
—Lo soy para que me estés regañando —contestó Dorian, con un cinismo que hirió a su padre más de lo que quería admitir.
Thomas apretó los puños. La decepción y la rabia se mezclaban en su pecho como un veneno.
—Se acabó —dijo, su voz fría y definitiva—. ¡Se acabó! De mí no volverás a obtener ningún peso mientras lleves esta vida. ¿Entendido?
Dorian palideció. —¿Qué? No puedes hacerme esto, papá.
—Puedo y lo haré —sentenció Thomas, dándose la vuelta para salir de la habitación—. Búscame para hablar cuando se te pase esa m****a.
—¡Papá! —gritó Dorian, pero su padre ya había salido.
Thomas cerró la puerta del apartamento con un golpe seco, dejando a su hijo en un silencio ensordecedor.
Dorian se quedó allí, parado en medio de la habitación, sintiendo cómo el mundo se derrumbaba a su alrededor. Nunca había visto a su padre tan decepcionado. Había visto su enojo, su preocupación, su cansancio. Pero nunca esa mezcla de tristeza y desilusión que había brillado en sus ojos en ese momento.
Se dejó caer de nuevo en la cama, con la cabeza entre las manos. M****a. Lo he hecho todo a perder.
Thomas salió del edificio con el corazón encogido. No podía creer en qué momento su hijo se había descarrilado de esa manera. Ni siquiera en su adolescencia había tenido que lidiar con ese tipo de escenarios.
Con manos temblorosas, marcó el número de su hermana.
—¿Qué pasó? —respondió Claudia al primer tono, su voz cargada de curiosidad.
Thomas tragó saliva. —¿Estás segura de que esa chica es la correcta? —preguntó, su voz insegura y todavía molesta por lo ocurrido.
—Segurísima de que es la indicada —contestó ella sin dudar.
—Bien. —Thomas cerró los ojos, sintiendo el peso de su decisión—. Llévamela mañana en la mañana. Quiero conocerla.
Colgó el teléfono y suspiró.
No quería llegar a ese extremo. No quería manipular la vida de su hijo, no quería orquestar un matrimonio por conveniencia. Pero Dorian no le había dejado otra alternativa. Su hijo se estaba autodestruyendo, y Thomas no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo su legado, su sangre, su futuro, se desvanecía en una espiral de alcohol y mujeres.
Solo esperaba que su hermana no estuviera equivocada con respecto a esa chica. Y que su hijo, cuando le hablara del plan, no lo odiara por ello.
Dos años después Era un día especial para Olivia, ese día era su graduación y Dorian tenía pensado darle una sorpresa. Tratando de no hacer mucho ruido se acercó a ella por detrás sorprendiéndola. —Dorian, me asustaste—soltó Olivia risueña mientras ella la abrazaba. — ¿Cómo está mí graduada con honores favorita?—le pregunto divertido. Olivia se dio la vuelta para enfrentarlo con una sonrisa en la cara. —Espero que estés hablando de mi Dorian Alessandro porque si no me voy a poner muy celosa. —De quien más estaré hablando sino de mi inteligente esposa—le contesto con una sonrisa de orgullo. Olivia se veía hermosa esa noche con ese vestido esmeralda que le resaltaban esos hipnotizantes ojos verde oliva. Estaban en una pequeña reunión familiar en donde todos celebraban la graduación de su esposa. Dorian no pudo contenerse más, estaba preciosa así que la beso robándole el aliento enfrente de todos. —Dorian—le reclamo sonrojada lo que lo hizo sonreír mucho más—Estamos enfrente d
Dorian estaba feliz de que pronto seria dado de alta y podría irse a casa con su esposa. Ya no aguantaba un segundo más en ese hospital. —Puedes quedarte quieto, sobrino—le pidió su tía Claudia pero es que estaba tan ansioso para que le dieran de alta que no podía dejar de moverse de aquí para allá.—Lo siento tía pero me quiero ir de aquí lo antes posible—se disculpó él.Olivia a un llegaba de la universidad ya que aunque ella quería quedarse con él, no la dejó. Más que hoy tenía un examen importante con el profesorcito ese que no le agradaba el mucho.— ¿Cuándo es que llega Olivia?—le pregunto Claudia ojeando una revista que tenía en la mano.—Me dijo que salía a eso de las dos y media así que no debería tardar mucho en llegar—respondió el mirando su reloj.Y en efecto no paso mucho tiempo hasta que la presencia de Olivia llenara toda la habitación o eso le pareció a Dorian que en cuanto llego salió a su encuentro para recibirla con un buen beso sin importarle la presencia de Clau
—Pues para haber estado en contra del matrimonio se te ve felizmente enamorado.Dorian se rio.—Estoy felizmente casado y eso debo agradecértelo a ti y a mi tía—le agradeció Dorian a su padre.—En esto la que se lleva todo el crédito es tu tía—Thomas sonrió—Siempre ha tenido ese don de juntarnos con las mujeres correctas aun en contra de nuestra voluntad.Dorian se puso serio sabiendo a donde se dirigía esa conversación.—Papá, Madison dijo muchas cosas antes de que la policía llegara.Thomas suspiro: —Me lo imagino y en esa historia no era precisamente a mi favor ¿cierto?Dorian negó.—Hijo si soy sincero cuando era joven no era el ejemplo de hombre ideal, hice muchas cosas de las que no me llena de orgullo y de las que también hoy en día me arrepiento.—Dijo que Jason es mi medio hermano eso es ¿verdad? ¿Lo sabias todo este tiempo?—cuestiono Dorian.Pero entre más Dorian lo analizaba parecía ser cierto, los tres tenían el mismo todo de color de ojos, la misma compleción y estatura.
Olivia no podía dejar de llorar mientras observaba la herida en donde salía mucha sangre. El tiempo pasaba con prisa y veía como Dorian iba palideciendo debido a toda la sangre que estaba perdiendo.— ¿Por qué no llega rápido la ambulancia?—soltó molesta y angustiada.—Estamos haciendo todo lo posible por favor tenga paciencia—le respondió el oficial.—Mi marido se estaba muriendo por cada segundo que pasa, así que no me pida paciencia—Olivia estaba desesperada.—Hermosa, cálmate. Estoy bien—intento tranquilizarla Dorian.—No estás bien Dorian.Olivia no podía dejar de llorar por lo que Dorian como pudo se acercó a ella y acuno su rostro con una mano limpiándole las lágrimas con delicadeza.—No llores más, no por mí. No lo merezco—Olivia negó con la cabeza estando en desacuerdo—Yo no te merezco.—No digas eso—le pidió ella sin controlar las lágrimas que corrían por su rostro las que Dorian se dedicó a secar una por una.—No lo hago, no cuando dude de ti, no cuando lo único que hecho e
Dorian ese día no tenía muchas ganas de irse temprano a su departamento así que se había quedado hasta tarde a trabajar en su oficina.La verdad era que llegar a temprano a casa no lo atraía si Olivia no estaba allí para recibirlo y aunque habían pasado tres días sin verla le parecía una eternidad sin tenerla y eso lo enfurecía porque a pesar de que su razón era consciente de la traición de ella, su corazón seguía buscando una razón aunque fuera pequeña para creer en su inocencia o perdonarla.Las palabras de Liam lo atormentaban a cada minuto pero ¿y si era cierto y a Olivia la habían incriminado? Su cerebro comenzó a trabajar sobre la marcha buscando una fuga en los papeles en donde tenía la firma de Olivia y la encontró.Una pequeña esperanza se encendió en él. Olivia podría ser inocente y eso le saco una pequeña sonrisa que la borro al pensar que si era así la había perdido y para siempre con una opresión en el pecho se obligó a concentrarse a seguir buscando información que pu
Olivia esa tarde no sentía para nada bien, sentía una sensación en el pecho que la tenía algo inquieta sin embargo decidió ignorarlo mientras caminaba a SINCLAIR sin prisa. Esa tarde en particular hacia frio y podía ver que pronto se escondería el sol.Sabía que a esa hora Dorian no estaría en la empresa, en realidad estaría vacía por eso había ido sola.Ella no podía quedarse quieta esperando un milagro pasara para demostrar su inocencia por eso se dirigía a SINCLAIR para buscar ella misma las pruebas que demostraran que ella no tenía nada que ver con lo que se le acusaba en esos papeles.Habían pasado tres días desde la última vez que había visto a Dorian y recordar que él no le creía aun le dolía pero decidió que solo demostraría su inocencia y luego le pediría el divorcio no le importaba ese estúpido contrato, ella no podía seguir con él.Ella sabía que no debía enamorarse de Dorian que todo eso la terminaría rompiendo el corazón y hay estaba sola y con un corazón roto.No le habí







