LOGINAmelia bajó con Mari Ángel a cenar, en la mesa se encontraban Ignacio, Jr. y Lucrecia. Poco después llegó Jimena y saludó a todos, sus mano izquierda aún la tenia parcialmente vendada.
Miró a Silvia y puso una expresión burlona.
Todos empezaron a comer; no había pasado un minuto cuando Jimena para fastidiar a Silvia, delante de todos le dijo a Ignacio.
—Primo todo va de viento en popa para la celebración de tu cumpleaños en le grupo, mi tocaya se ha esmerado mucho para que todo salga perfecto y tú pases muy feliz tu cumpleaños. Ya te hacía falta contar con alguien como Jimena.
Amelia comprendió rápidamente el juego de Jimena, pero no dijo ni una palabra. Ignaci observó a Silvia para ver que cara tenía, pero ella estaba concentrada en su comida, para echarle más leña al fuego agregó:
—Tienes razón Jimena, me hacía falta una amiga como tu tocaya, una mujer atenta, cordial y con muy buena actitud¿ ¿tú qué opinas Silvia?
Amelia levantó el rostro y lo miró con una leve sonrisa.
—Jimena, me parece que es una estupenda mujer, ella es como tu lo acabas de mencionar: tiene una personalidad cordial y muy buena actitud; además de es una mujer capacitada para los negocios. Jimena es el el modelo a seguir de cualquier estudiante universitaria que sueña con algún día ser una ejecutiva exitosa.
Ignacio se rió.
—¿Y tú cómo podrías saber lo que sueña una universitaria si jamás has pisado un aula, si apenas terminaste la prepa.
—Digamos que eso no importa, solo estoy exponiendo lo que vi en Jimena el día que ella y su padre vinieron a esta casa, desde ese día me di cuenta que es muy linda y encantadora, ojalá y no vaya a poner sus ojos en un patán como algunos que conozco.
—Dudo que Jimena se consiga a un patán; las mujeres como ella hacen que loa sapos se conviertan en príncipes azules, en cambio hay otras que sacan lo peor de sus maridos.
Lo que sucedía en la mesa contradecía todo el sistena de pensamiento de Lucrecia, la cual se sintió indignada.
—Ignacio, comprendo que entre Silvia y tú hay problemas, pero comparar a tu esposa con otra mujer delate de tu familia ya es demasiado, pareces un niño, es que ni Jr. con sus pataletas de niño malcriado se comporta así. Y tú Jimena, parece que has perdido los escrúpulos, los valores que te enseñé desde chiquita, ya no los soporto, todos me tienen harta. —Jimena le dijo:
—En esta casa existieron los valores y los escrúpulos hasta que esta mujer…
—¡Cállate Jimena! —Lucrecia se levantó de la mesa y agarró a los niños—. Mejor me voy a cenar arriba en paz con estas pobres criaturas.
Lucrecia se llevó a los niños, en la mesa solo quedaron ellos tres, no pasó mucho tiempo cuando Amelia dejó los utensilios sobre el plato y se levantó para retirarse. Antes que se marchara Ignacio le dijo:
—Mañana quiero que me acompañes a mi fiesta de cumpleaños. —Jimena miró a Ignacio y puso una mala expresión.
—¿Te volviste loco? —Señaló a Silvia—. ¿Qué va a hacer esa arpía en tu fiesta.
—Silvia irá como lo que aun es, mi esposa, ¿o qué crees que dirán todos los socios y los altos ejecutivos cuando no la vean?
—Ya es hora que todos se enteren que te estás divorciando de esta.
—No tengo por qué divulgar mi vida privada, Silvia irá porque sí.
—Si el señor lo ordena iré encantada, así podré disfrutar viendo la cara a Jimena Cháves cuando nos vea llegar juntos, porque es obvio que desea ser la próxima, aunque supongo que ya debe ser tu amante, seguramente por eso terminaste con la tal Liliana.
—En primer lugar, no llegaremos juntos adorada esposa, yo estaré en el grupo desde la mañana, tú irás como los demás en la tarde; en segundo lugar, Jimena solo es una amiga.
—Una amiga que junto a tu prima, ya decidieron por ti que ella será la siguiente.
—Piensa lo que quieras, mañana llegarás a la fiesta con los niños y con mi tía.
—Me parece estupendo querido, así podré ir al salón a ponerme bella para ti, además iré a comprarte tu regalo. —Jimena rabiosa se levantó de la mesa, antes de retirarse le dijo a Ignacio:
—Te encanta que esta ramera pisotee tu dignidad.
Jimena salió del comedor enojada, Amelia con sarcasmo agregó:
—Me sería muy útil saber que te gustaría recibir de regalo queridito.
—Qué bueno que lo preguntas —Se puso de pie —. Me gustaría saber qué dice en ese diario que aun no me has entregado. —Amelia se ruborizó.
—¿Qué diario?
—Eran cuatro diarios, tres de color rojo, y uno de color gris. Me pregunto qué habrás escrito en él. Deseo que me lo entregues como regalo de cumpleaños.
—Con lo que ya sabes es suficiente, no hace falta más.
Amelia salió del comedor y se fue a la habitación de Silvia.
Buscó el diario que aun estaba en la maleta que había alistado para marcharse de la casa días antes, lo sacó de allí y se sentó en el diván pensando dentro de sí:
"Debería entregárselo, qué más da si me llega a odiar siendo Amelia, de por sí que ya me detestaa y me trata mucho peor de lo que lo hizo con Silvia. Puedo entregárselo ahora mismo y acabar ya con todo esto que que se ha hecho una carga insoportable para mi; así descansaría de esta farsa y además Ignacio sería libre totalmente de Silvia."
Amelia tomo la firme decisión de entregarle el diario a Ignacio esa misma noche, pero antes arrancó las páginas donde ella expresaba sus palabras de amor hacia él; en ese momento estaba muy herida y consternada, seguía enamorada de Ignacio, pero a su vez quería estar lejos de él, tal vez podría recuperar su vida, o tal vez él la entregaría a la policía por sustituir a su esposa; no sabía que actitud iba a tomar Ignacio, pues a veces él era un mar tranquilo y llevadero, pero otras actuaba como un huracán lleno de confusiones.
Cuando arrancó aquellas páginas las escondió en la maleta, después agarró el diario y se dijo:
—Se lo voy a entregar, este será su regalo de cumpleaños, con esta verdad Ignacio será libre de Silvia... y de su imagen en esta casa.
***
Ernesto llegó en la madrigada a la suite, buscó a Silvia en su habitación, pero ella estaba despierta y había salido a la terraza a fumar.
Él sirvió dos copas de vino, luego las agarró y se fue a la terraza, Silvia cuando lo vio puso una sonrisa. Él le acercó una copa, ella la agarró y olfateó el vino, reconoció el tipo y la marca, era un costoso vino que Ernesto solo destapaba para ocasiones especiales.
—¿Qué celebramos querido?
—Celebramos que todo está listo, mis hombres ya están armados y escondidos esperando que comience la función. Mañana la sustituta morirá y tú serás libre de Marino para siempre. Y yo invadiré su territorio sin que él lo note. Con el tiroteo de mañana él creerá que el cártel del sur intenta invadirlo y los atacará, comenzará la guerra entre cárteles; mientras eso sucede yo me posicionaré; en algunos meses seré el nuevo patrón del pacífico. —Silvia se carcajeó.
—Bueno, brindemos por el nuevo patrón y por la muerte de la muñeca.
***
Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un
Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe
Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,
Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió
Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d







