Se connecterDespués de comer, Carlos llevó a Rocío al departamento que ella había rentado. Se despidió y se fue.Rocío se quedó mirando cómo se alejaba el carro antes de entrar al edificio.Apenas llegó al departamento, Irene la llamó.—¿Ya le entregaste lo que te mandé?Le preocupaba que, si tardaba más, las empanadas se echaran a perder.Rocío respondió:—Sí, hoy. Hasta me comí la mitad de una de las empanadas que hizo Camila.Irene preguntó entre risas:—¿Estaban buenas?—Sí.—Qué bueno. ¿Y Carlos se fue en cuanto se las diste?Eso era lo que realmente le interesaba.Rocío explicó:—Me invitó a comer. Tenía cosas que hacer por la tarde, así que me trajo de regreso y después se fue.—Eso es bueno. Significa que quiere pasar tiempo contigo. Si alguien no le cae bien, ni ganas le dan de platicar. ¿Viste las noticias sobre la mujer que quisieron presentarle?Rocío entendió enseguida a qué se refería. En aquel entonces había estado muy pendiente de lo ocurrido.—Sí, pero a Carlos le tendieron una
Carlos cortó una empanada por la mitad y le dio una parte a Rocío. El relleno era de carne de res.Como las habían mantenido refrigeradas durante todo el trayecto, seguían en buen estado. Rocío probó un bocado. No era una empanada extraordinaria, pero Camila la había hecho con sus propias manos, y ese cariño bastaba para disfrutarla.De pronto, Carlos preguntó:—¿Cómo conociste a Irene?Rocío alzó la vista, un poco sorprendida.—Julieta nos invitó a cenar hace tiempo. Nos conocimos ese día.Carlos asintió y no preguntó más.Rocío temió que él pensara que se había acercado a Irene por interés.Pero recordó lo que Julieta le había dicho. Carlos tenía mucha más experiencia que ella tratando con todo tipo de personas y situaciones. Lo mejor que podía hacer era actuar con naturalidad.Poco a poco se relajó.—¿Cuánto tiempo más va a estar en Auremont?—Unos tres días. Después tengo que volver a Gran Bahía.—Parece que también tiene mucho trabajo por acá.—Sí. Hay asuntos que debo atende
Después de llegar a Auremont, se tomaron unos días para descansar.El cuarto día, Sergio acompañó a Noemí a la universidad para presentar una nueva evaluación.El día anterior, Rocío todavía dudaba si llamar a Carlos cuando él mismo la llamó.—Irene me dijo que te encargó traerme unas cosas. ¿Es cierto?—Sí. ¿Cuándo le queda bien que se las entregue?—Mañana tengo tiempo. En un rato te mando la dirección.—Está bien.Al dejar el celular, Rocío respiró hondo e intentó tranquilizarse.Para ella, aquella ya era una gran oportunidad. Aunque al final no pasara nada entre los dos, al menos no se quedaría con la duda de qué habría ocurrido si lo hubiera intentado.Por eso, al día siguiente no acompañó a Noemí a la universidad. En su lugar, fue a la cafetería donde había quedado con Carlos.Se sentó junto a la ventana y esperó en silencio, observando a la gente pasar por la calle.Unos diez minutos después, un carro negro se detuvo junto a la banqueta.Carlos bajó. Llevaba un abrigo y, debaj
Gael abrió el correo. Después de leer durante unos minutos, miró a Fabián.—Sí que te preocupas por Sergio.Fabián respondió con calma:—No puedes olvidarte de don Quiroz y de toda tu familia por Noemí. Dime, ¿de verdad has sido feliz todos estos años?Gael soltó una risita.—Qué raro que también te preocupes por mí.—No vas a poder ocultar mucho tiempo que estás herido. En este momento no puedes permitirte ningún error, y mucho menos darles a esas personas la oportunidad de actuar contra ti.—¿Y entonces?—Siempre es mejor tener un amigo más que otro enemigo. Tu relación con Héctor ya está completamente rota. En algún momento vas a necesitar los recursos de la familia Gómez.Gael no respondió.Fabián se puso de pie.—Piénsalo bien. Y recupérate.Se dio la vuelta y salió. El secretario cerró la puerta al retirarse, y el despacho volvió a quedar en silencio.Un rato después, el celular vibró.Gael miró la pantalla y contestó.—Bueno.Escuchó la voz de Rocío:—Ya vamos a abordar.Él per
Tres días después, Sergio dejó organizados los asuntos de la empresa y viajó a Auremont con Rocío y Noemí.Don Quiroz había recuperado el pasaporte y los documentos de identidad de Noemí que estaban en poder de Gael y se los había entregado a Rocío. Antes de que ella se fuera, solo le pidió:—Cuídate mucho.Al decirlo, se veía agotado y profundamente abatido.Durante el día de descanso, Rocío había sido la única en acompañarlo en aquella enorme casa. Gael no apareció y el lugar se sentía frío y vacío.Don Quiroz tuvo que insistir varias veces antes de enterarse de que Gael estaba herido. En cuanto lo supo, palideció y fue a verlo.Al salir de su habitación, ordenó que reunieran todos los documentos de Noemí y se los entregaran a Rocío.—Que Sergio quiera estar con Noemí es algo bueno. Habla con ella. Todos tenemos que seguir adelante. No dejes que lo ocurrido siga atormentándola y termine afectando también a quienes están a su lado.A Rocío le dolió verlo así. Sabía lo difíciles qu
Julieta apoyó las manos en sus hombros y alzó la cara.—¿Qué haces?Héctor la miró fijamente y bajó la voz.—Con los demás sí te ríes muy contenta.—¿Cuándo hice eso?Él se inclinó un poco más y Julieta se puso tensa.—Lo vi.Ella lo empujó de los hombros.—¿Puedes dejar de ponerte celoso por nada? Es tu primo.Héctor bajó la mirada hacia ella.—Pues aun así me molesta.—Entonces, ¿puedo decir que eres demasiado posesivo?Él apretó el brazo alrededor de su cintura y la acercó más.—Ya estoy de mal humor. ¿No puedes decirme algo bonito?—Pues sí que eres delicado.Julieta lo dijo sin mucha seguridad. En cuanto terminó, desvió la mirada, sin atreverse a seguir viéndolo.Héctor soltó una risa baja.—Parece que tienes una idea muy equivocada de mí.Julieta tuvo de inmediato un mal presentimiento.Él se acercó a su oído.—Esta noche vamos a aclararlo.Ella se apresuró a responder:—No hace falta. No tengo ninguna idea equivocada.Héctor se enderezó. Su expresión dejaba claro que ya era dem







