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Capítulo 6: Noventa días

ผู้เขียน: Kate B
last update วันที่เผยแพร่: 2026-10-21 09:14:29

Sienna no cruzó el umbral.

—Pedí dormitorios separados.

Margaret miró las maletas, luego a Damian.

—El señor Hawthorne indicó que se prepararan tres habitaciones en esta ala. Esta era la única habitación de adultos comunicada directamente con las de los niños.

—Entonces ocuparé otra y dejaré la puerta abierta.

—La suite de invitados está al otro extremo del corredor —explicó Damian—. Si el monitor de Sophie se activa, tardarás más en llegar.

—No utilizarás la enfermedad de mi hija para meterme en tu cama.

Margaret desapareció con una rapidez admirable. Chloe tomó a los gemelos de las manos y anunció que necesitaban conocer la sala de juegos. Eli se resistió hasta que Sienna le aseguró que no ocurría nada.

Cuando quedaron solos, Damian mantuvo la distancia.

—No duermo aquí desde que te marchaste.

—Eso no cambia lo que representa esta habitación.

—Tiene dos accesos. Puedes cerrar la puerta interior y yo ocuparé el dormitorio contiguo.

Sienna recordó el vestidor que conectaba la suite con una habitación más pequeña utilizada antiguamente como despacho. Comprobó el plano desde el pasillo. Damian decía la verdad, pero eso no convertía la solución en aceptable.

—Mis maletas irán al dormitorio pequeño.

—No cabe una cama adecuada.

—Dormí durante ocho meses en un sofá cama cuando nacieron los gemelos. Sobreviviré.

—No tienes que demostrar nada durmiendo mal.

—Y tú no tienes que resolver cada desacuerdo decidiendo qué me conviene.

Damian respiró con lentitud. Cinco años atrás habría llamado a un empleado y dado la conversación por terminada. Esta vez tomó el teléfono y pidió que trasladaran una cama desde otra habitación al antiguo despacho.

—Tardarán una hora.

—Puedo esperar.

—Sienna, la prensa llegará mañana. Si el personal comenta que dormimos en extremos opuestos de la casa, el acuerdo perderá credibilidad.

—El contrato exige una apariencia pública, no una función para tus empleados.

—Mis empleados hablan con los de Arthur. Los de Arthur hablan con Adrian.

—Entonces contrata personal capaz de guardar confidencialidad. No es mi obligación dormir a tu lado para compensar una mala administración.

Damian casi sonrió. El gesto murió antes de formarse.

—El dormitorio pequeño será tuyo.

Sienna entró únicamente para retirar el bolso. En la cómoda seguía la marca circular de una lámpara que había escogido durante el primer año. La cama estaba tendida con sábanas nuevas, pero el cabecero conservaba una pequeña raspadura producida la noche en que Damian intentó instalar una repisa sin pedir ayuda. Aquel hombre era capaz de dirigir miles de empleados y, sin embargo, había colocado el soporte al revés. Sienna se rio durante tanto tiempo que él terminó riéndose también.

Apartó el recuerdo. No había regresado para reconstruir momentos felices.

La cena se sirvió en el comedor pequeño, no en la mesa ceremonial donde los Hawthorne recibían invitados. Sophie preguntó por qué existían tantos tenedores. Eli contó las sillas y quiso saber cuántas personas vivían allí.

—Ahora, cinco —respondió Damian.

—Chloe se va —dijo Eli—. Entonces somos cuatro.

—Yo vivo en el ala norte.

—Mi mamá dijo que dormirás en otro cuarto.

Damian miró a Sienna. Ella untó mantequilla en un trozo de pan sin intervenir.

—Tu madre y yo acordamos tener espacios separados.

—Porque esto es mentira —concluyó Eli.

Sophie le dio una patada por debajo de la mesa.

—No se dice mentira. Se dice actuación.

—Una actuación es una mentira con público.

Damian dejó los cubiertos.

—¿Siempre discuten así?

—Solo cuando están despiertos —respondió Sienna.

La frase consiguió que Sophie riera. Incluso Eli relajó los hombros. Durante unos segundos, el comedor pareció ocupado por una familia normal, y eso alarmó más a Sienna que cualquier pelea.

Después de cenar, Nora llegó con el calendario de los noventa días. Había marcado compromisos corporativos, consultas médicas y fechas escolares. La primera aparición sería la cena del cumpleaños de Arthur al día siguiente. Dos jornadas más tarde debían asistir a una presentación interna de Hawthorne Group.

—Sophie no irá a la empresa —dijo Sienna—. Tiene exámenes.

—La aparición puede limitarse a usted y Eli —propuso Nora.

—Eli tampoco irá si está en horario escolar.

Damian señaló el viernes por la tarde.

—Podemos moverla aquí.

—¿Por qué los niños deben aparecer en tu oficina?

—Adrian sostiene que contraté una familia para engañar al consejo.

Sienna lo miró con incredulidad.

—¿Ya lo sospecha?

—Sospecha de todo lo que hago. Si anuncio que nos reconciliamos, buscará pruebas de lo contrario.

—Quizá porque estamos haciendo exactamente lo que sospecha.

—El consejo no votará sobre la autenticidad de mi matrimonio, sino sobre mi continuidad.

Paula participó por videollamada y recordó que ninguna actividad adicional podía imponerse sin consentimiento. Tras media hora acordaron una sesión de fotografías en el jardín, sin entrevistas y con aprobación previa de cada imagen.

Nora entregó también un documento con la historia pública: Sienna y Damian habían mantenido contacto privado después de la separación, retomaron la relación meses atrás y decidieron vivir juntos por la salud de Sophie. La niña figuraba únicamente como hija de Sienna. Eli también.

—No diré que mantuvimos contacto —dijo ella—. Es demasiado fácil demostrar que no ocurrió.

—Necesitamos explicar una reconciliación repentina —respondió Nora.

—Digan que volvimos a encontrarnos por casualidad y decidimos mantenerlo privado.

Damian aceptó el cambio. Tachó con su pluma la frase falsa.

Eli, sentado en una esquina con sus dinosaurios, levantó la cabeza.

—¿También van a escribir lo que debemos decir nosotros?

—Ustedes no hablarán con periodistas —contestó Sienna.

—¿Y si preguntan quién es él?

Damian esperó la respuesta.

—Dirás que es Damian —indicó ella—. Nada más.

—No señor Hawthorne.

—Puedes llamarlo como te sientas cómodo, siempre con respeto.

—Yo quiero decirle señor Millonario —anunció Sophie.

—Prefiero Damian —respondió él.

La enfermera revisó el monitor antes de marcharse. Logan habló con Sienna por teléfono y confirmó que el equipo estaba correctamente instalado. Damian escuchó desde el pasillo, pero no intervino hasta que la llamada terminó.

—Pierce parece conocer bien el caso.

—Es el cardiólogo de Sophie.

—Preguntó si estabas acompañada.

—Porque soy la madre de su paciente.

—No sonó como una pregunta médica.

Sienna lo observó con cansancio.

—No tienes derecho a sentir celos.

—No estoy celoso.

—Perfecto. Entonces no tendremos que hablar de Logan otra vez.

Subió con los niños. Chloe los ayudó a desempacar y se marchó después de prometer que regresaría al día siguiente. Sophie eligió una lámpara con forma de luna. Eli colocó su caja cerrada en el armario y comprobó dos veces la ventana.

Cuando ambos estuvieron acostados, Sienna pegó en la pared un calendario de noventa casillas. Marcó la primera con una línea azul.

—¿Qué pasa cuando terminen? —preguntó Sophie.

—Volvemos a casa.

—¿Y Damian?

—Él continúa con su vida.

Eli miró el calendario.

—Entonces no debemos acostumbrarnos.

Sienna quiso decirle que los niños podían disfrutar algo sin convertirlo en eterno. No encontró una explicación que no sonara como otra promesa peligrosa.

—Solo debemos recordar que tenemos nuestra propia casa —dijo.

Los acostó y entró al dormitorio pequeño. El personal había instalado una cama individual, una mesa y un armario. Sus cosas ocupaban poco espacio. Todo parecía provisional, como debía ser.

Damian apareció en la puerta abierta.

—Arthur llegará mañana a las siete. No sabe que los niños no son míos.

—Porque no lo son.

—Eso no fue lo que dije.

—No permitiré que los interrogue.

—Yo me ocuparé de Arthur.

Sienna cerró la puerta interior entre sus habitaciones.

—Ocúpate primero de ti.

Al otro lado no hubo respuesta. Ella apoyó la frente contra la madera y escuchó los pasos de Damian alejarse.

Noventa días parecían una cantidad concreta cuando estaban escritos en un contrato. Dentro de aquella casa, la primera noche todavía no había terminado y ya se sentían interminables.

Sienna apagó la lámpara, pero permaneció despierta. Desde el cuarto de Sophie llegaba el sonido uniforme del monitor. Cada pulso luminoso le recordaba el verdadero motivo del acuerdo. Repasó mentalmente los medicamentos, la cita con Logan y las preguntas que debía hacer en los exámenes preoperatorios.

Minutos después escuchó abrirse una puerta. Se incorporó y salió al pasillo. Damian estaba frente a la habitación de los niños, sin entrar. Miraba el monitor desde la distancia.

—¿Qué haces?

—Comprobé que la enfermera hubiera dejado conectado el transmisor de emergencia.

—Yo ya lo comprobé.

—No lo sabía.

—Podías preguntar.

Damian asintió y retrocedió. Antes de marcharse, observó a Eli, que dormía de lado con una mano bajo la mejilla. Sienna reconoció en su expresión la misma pregunta que no dejaba de perseguirlo.

—No intentes tomar una muestra mientras duermen —advirtió.

—No haré nada a escondidas.

—Hace cinco años también aseguraste que actuarías de frente. Después preferiste creer fotografías anónimas.

El rostro de Damian se cerró.

—Algún día hablaremos de eso.

—No confundas convivir conmigo con recuperar acceso a mi pasado.

Sienna volvió a su dormitorio y cerró la puerta. Esta vez giró la llave. Al hacerlo comprendió que el calendario no solo medía el tiempo que faltaba para recuperar su vida. También medía cuánto podría resistir antes de que la casa comenzara a abrir heridas que nunca habían cerrado.

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