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Capítulo 2

작가: Alicia Valeria Leal González
—Marco tenía razón. Te quedaste a mi lado por mi dinero.

Y mientras hablaba, me hizo una transferencia desde el celular: dos dólares.

Con una nota que me dejó helado: "interesado".

Siete años con ella y yo no le había sacado ni un centavo.

En fechas importantes, en aniversarios, yo sí le preparaba regalos. Ella los aceptaba como si fuera lo normal. Pero si yo insinuaba que también me tocaba a mí, ella se reía y me respondía con sarcasmo:

—Que un hombre le compre regalos a su novia para consentirla es lo más natural del mundo.

Así me describía: "interesado".

Así era la "heredera poderosa" con una fortuna obscena.

Pensé en la lista de regalos para Marco; pensé en mi madre, consumida por la enfermedad, sin dinero para tratarse, sufriendo hasta el final.

Un segundo más frente a ella era demasiado.

Me levanté para irme.

Entonces, volvió a escucharse movimiento en la entrada.

Era Marco.

Entró mientras se quitaba el abrigo, dejando ver un atuendo sugerente. Pero al verme, se sobresaltó y se lo volvió a poner a toda prisa, como si de repente recordara que debía "portarse bien".

—¿César? ¿Tú qué haces aquí?

Giré la cabeza hacia Isabel.

—Si no recuerdo mal, este es el departamento que tú y yo alquilamos juntos. ¿En serio le das el código a cualquiera y además dejas que entren como si nada?

Marco puso cara de víctima, como si yo lo estuviera humillando. Corrió un par de pasos, se sentó pegado a Isabel.

—¿Cómo que cualquiera? Yo no soy un cualquiera. Solo se me quedaron las llaves y vine a pedirle a Isabel que me dejara pasar la noche. Además, si no fuera porque Isabel aceptó alquilar aquí, tendrías que pagar todo solo. En realidad, el beneficiado eres tú.

Ese tipo de veneno, dicho con tono meloso, quién sabe cuántas veces lo habría soltado a mis espaldas.

Y Isabel ni siquiera pensó que hubiera hecho algo mal. Al contrario, le pareció lógico.

—Marco tiene razón. Yo tengo casa propia y, aun así, pago el alquiler aquí; qué desperdicio. Esto se parece demasiado a como si te estuviera pagando por acostarte conmigo, ¿no?

Dicho eso, me pasó sus datos bancarios. Y me habló como si me estuviera haciendo un favor:

—Si no quieres que te digan "interesado", devuélveme todo lo que pagué de alquiler durante estos siete años.

***

Este departamentito de cuarenta y tantos metros cuadrados era el que Isabel y yo habíamos alquilado cuando recién empezábamos.

Después de graduarme, me quedé trabajando en Beu para ganar un poco más. Con lo que yo podía ganar en ese entonces, lo único que me alcanzaba era un cuartucho apretado, lejos del centro.

Pero Isabel decía que estaba demasiado lejos, que ir a verme era incómodo.

Isabel decía que aquel cuarto "ni siquiera era un lugar para vivir", que hasta estar conmigo le arruinaba el ánimo y que mejor alquiláramos algo más grande.

Así que yo me cargué con un alquiler más alto. Y para compensar, aproveché el tiempo que ahorraba en traslados y me conseguí otro trabajo.

Y ahora, no solo quería que le devolviera todo lo que había pagado de alquiler durante esos siete años, sino que encima hablaba como si me estuviera pagando por acostarse conmigo, como si la perjudicada fuera ella.

—Isabel, en estos siete años… ¿qué fui para ti?

Se me mezclaron la humillación y la rabia, no por ella, sino por mí, por mi juventud, por haberla tirado a la basura con alguien así.

Apretó los labios.

—Solo era una broma; a lo mucho, fue un comentario estúpido…

No alcanzó a terminar.

Marco chasqueó la lengua, con una expresión de desprecio.

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