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CAPÍTULO 37

작가: Ría Luxuria
last update 게시일: 2022-03-11 12:00:38

«Ridículo, es totalmente ridículo… ¿Amor destinado? ¿Volver el uno por el otro? ¿Qué clase de m****a es esa?»

Zigzagueó entre la gente que iba y venía en ambas direcciones. No sabía si respiraba agitada debido a lo rápido que se movía, o a la desesperación; por un momento pareció que una terrible verdad la estaba persiguiendo, como un monstruo lleno de dientes buscando devorarla.

Tal vez era su conmoción, pero el ambiente fantasioso se tornó en algo surreal y aterrador; padecía un ataque de ansiedad que la estaba llevando casi al borde de un colapso nervioso.

Había emociones encerradas a cal y canto en su corazón, cosas que se negó a poner en palabras, acciones humillantes que prefirió olvidar en las sombras de su mente para que no la atormentaran.

¿Cuánto no le rogó a Dios o a cualquier otra fuerza que le devolviera a David?

―¡Maldita sea! ―gruñó apretando los dientes.

Se dejó caer en una banca medio oculta en la oscuridad, apoyó los codos en sus rodillas y escondió la cara entre sus manos.

El pecho le dolía, su estómago caía en picada y estaba a punto de vomitar.

«¿Por qué?» se preguntó al borde del llanto, pero eso solo frustraba más porque ya no podía llorar.

Estaba seca por dentro, no había lágrimas dentro de ella.

Soltó una larga exhalación, dejando ir todo el aire de sus pulmones hasta que tuvo que respirar de nuevo. Levantó su rostro, enderezó la espalda y observó a la marea de gente que se movía al ritmo silencioso del circo.

Se fijó en un pequeño niño pelirrojo, miraba embelesado su globo que flotaba en el aire, dentro de este había unas pequeñas pelotas que cambiaban de color, y esa luz brillaba y se reflejaba en el patrón de estrellas plateadas que cubrían el globo transparente de color oscuro.

Clic.

Era imposible no mirar el globo con fascinación, daba la sensación de que sostenía un pedazo de universo entre las manos. Sin embargo, lo más impresionante y arrebatador fue la mirada del niño, llena de inocencia e incontenible felicidad.

―Es raro ver a un niño de esa edad tan sorprendido por algo como un globo ―dijo en voz alta, apenas audible para sí misma.

Desde que estuvo en la escuela de medicina, lo que más vio fue niños de hasta tres y cuatro años pegados a dispositivos electrónicos como si no existiese nada más. Cuando iba a algún parque, eran pocos los pequeños que jugaban entre sí, aunque fuese a algo tan simple como las escondidas.

¿Un globo con luces? ¿Qué de divertido puede tener eso?

―Hola, niño ―saludó con voz amable, acuclillándose a su altura. El pelirrojo se giró a mirarla con algo de precaución, ella sonrió―. ¿Dónde están tus padres? ―preguntó, deseaba pedirles permiso para usar su fotografía―. Quiero mostrarles algo.

―Mi papá está comprando algo de beber allí ―señaló un puesto de bebidas a menos de tres metros, atendido por un hombre con una túnica verde agua y un sombrero puntiagudo―. Ya debe venir.

―Qué bueno ―dijo la morena abriendo el menú de imágenes de la cámara, seleccionó la foto y tendió la misma para que viera la pantalla―. Mira esto.

―Woooaaaoo… ―exclamó él―. ¿Ese soy yo?

Gracias a los filtros integrados y lo que podía hacer con el objetivo, la foto parecía más fantástica de la toma original. Un efecto de bokeh de colores rodeaba al chiquillo, como si las estrellas del globo llovieran sobre él.

―¿Ángela?

Se paralizó al escuchar esa voz. Cerró los ojos con fuerza y maldijo entre dientes.

Mientras se ponía de pie, el niño corrió hasta su padre.

―¡Papá, papá! Esta señorita tomó una foto de mi globo y quedó genial ―explicó―. ¿Puedes comprársela, papá?

Ángela encaró a David con su mejor expresión de póker, incluso forzó una sonrisa diplomática para no hacer más extraño el ambiente.

―Hola, David ―saludó con cortesía―. No sabía que era tu hijo.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó él, procurando controlar su nerviosismo.

―Solo salí a dar una vuelta y tomar unas fotos ―explicó, señalando la cámara en su mano―. Tomé una de tu hijo sin saber, ya la voy a borrar.

―¡No! ―intervino Noah, se giró hacia David y empezó a jalarle la manga de la camisa―. Papá, la foto es súper cool, no le pidas que la borre. ―David se agachó para alzarlo en brazos, sonriéndole con cariño.

―Está bien, amiguito, primero veamos la foto, ¿sí? ―sugirió, mirando a Ángela.

Ella sintió una nueva opresión en el pecho, verlo tan afectuoso con su hijo le generó una sensación extraña. Su garganta se cerró por completo, no encontraba fuerzas para reaccionar.

―¿Puedo ver la foto, Ángela? ―pidió él.

Ángela asintió y estiró la cámara, David abrió los ojos por la sorpresa, la foto era magnifica y la expresión de Noah era impresionante.

―Eres muy talentosa ―dijo en un susurro, y aunque su cara parecía contenta, el tono tenía un deje de tristeza―. Es impresionante... nunca imaginé que tuvieras un talento como este.

La morena apretó los labios y desvió los ojos.

―Nunca tuve la oportunidad antes ―explicó, luego aspiró con fuerza―. En fin, solo deseaba pedirles permiso a los padres del niño para usarla, incluso, si me das tu correo, te puedo enviar el archivo para que la guardes.

―Eso sería estupendo ―aceptó David, Noah asintió con fervor.

―¿Sigues teniendo tu viejo email? Te la enviaré allí. ―Retiró la cámara. Se sintió incómoda, en cualquier momento aparecería Laura y empezaría un teatro de familia feliz que seguro le causaría nauseas―. Bueno, me voy antes de que llegue tu esposa.

―Espera… ―David la tomó por el codo con suavidad, deteniéndola, sin embargo, fue Noah quien habló.

―Mi mamá no vino con nosotros. ―El pequeño pelirrojo fijó sus ojos en ella―. ¿De dónde conoces a mi papá?

No hubo malicia en su pregunta, si no genuina curiosidad. Ángela sonrió con algo de vergüenza, el hijo de Laura solo tenía el cabello rojo de ella, del resto era un pequeño adorable.

―Somos viejos conocidos ―respondió la morena―. Nos conocemos desde niños…

―Ángela es una persona muy importante para mí, amiguito ―completó David, observándolo con calidez.

―¿Te llamas Ángela? ―Ella asintió ante su pregunta―. Yo me llamo Noah. ―Estiró la mano, Ángela la estrechó con cuidado.

―Es un gusto conocerte, Noah.

―El gusto es mío ―aseveró él con perfecta entonación―. Papá, aún tengo sed.

―¡Lo siento! ―se disculpó, sorprendido por el encuentro olvidó que había ido por agua para él. Lo dejó en el suelo, abrió la botella plástica y se la tendió.

Ángela aprovechó que los dos estaban concentrados el uno en el otro para escabullirse, ver a David con su hijo generaba emociones desagradables en ella; lo peor era que estas no eran negativas de por sí y eso lo volvía incluso más malo.

Se aborrecía a sí misma por tanta debilidad.

Sin embargo, Noah no la dejó escapar, él aferró uno de sus dedos llamando su atención; cuando ella se volvió a ver quién la estaba deteniendo, se encontró con los ojos entusiastas del pelirrojo.

―¿Puedo ver más fotos? ―preguntó.

Ella no sabía qué decir, el conflicto interno era tal que incluso sus manos comenzaban a temblar.

―Por favor, Ángela ―se sumó David, colocándose a la altura de su hijo, imitando la forma en que la miraba.

Ambos parecían dos cachorritos a la espera de una golosina.

«Maldición…»

―Está bien ―accedió la morena―. Puedo mostrarle las fotos a Noah.

Caminaron hasta un puesto de comida, se adueñaron de una mesa alejada del tumulto y se sentaron. Noah soltaba exclamaciones a medida que ella deslizaba el dedo, mostrándole las tomas de los malabaristas, los escupe fuego y los arlequines.

Por un breve instante ella se olvidó de todo, de los conflictos, las heridas y el dolor; solo existían ese pequeño chico, la cámara y ella.

David los contempló con una sensación agridulce, en algún punto los remordimientos empezaron a apilarse sobre él, en especial al ver cómo Ángela trataba a su hijo; él siempre supo que tenía razón, Angie jamás lastimaría a un niño inocente y sin culpa.

Pero no era solo eso, verla con Noah hizo doler su corazón, pensando que si las cosas no hubiesen acabado como lo hicieron, ellos tres serían una familia. Tal vez su hijo tendría el cabello oscuro, y en vez de estarle mostrando fotos estarían cenando después de ver el espectáculo.

Suspiró con agotamiento y se insultó por haber sido tan estúpido.

―Yo quiero disculparme ―dijo él de repente, llamando la atención de Ángela―, por lo que sucedió en la fiesta, perdí los estribos y no pudo controlarme.

Ella lo observó por un momento, luego asintió.

―Está bien, haré como que eso no sucedió ―expresó con calma. Miró a Noah que estaba embelesado con las fotos y parecía no prestarles atención―. Imagino que todo esto es un infierno para ti, después de todo, perder la memoria de ese modo… ―se detuvo de hablar, los ojos de ambos se encontraron y por primera vez parecía sintonizar, se sonrieron de forma triste―. ¿Cómo ha sido el proceso de recuperar tus recuerdos?

―Aún no los recupero, no del todo ―confesó; al ver la mirada agobiada de ella, soltó una risita―. Está bien, es como morirme cada vez que llega uno… si te sirve de consuelo, viví una vida bastante miserable ―susurró para que Noah no escuchara, luego acarició los cabellos rojos con bastante cariño―. Él es lo único bueno que salió de todo esto.

La morena no dijo nada, no sabía qué decir.

―Quisiera decir que me alegra, pero no es así ―confesó―. Me refiero a que no hayas sido feliz con tus decisiones… me deja un sabor amargo, significa que todo el sufrimiento no valió la pena.

―Ángela…

Ella negó en silencio, desvió la mirada e inhaló con fuerza.

―Deberías volver a tu casa, con tu esposa e hijo ―dijo la morena, procurando sonar calmada―. Yo también debería regresar, se hace tarde.

―Deja al menos que te lleve ―pidió David.

―No es necesario ―aseguró Ángela, pero él negó.

―Por favor, así estaré más tranquilo.

Salieron del circo caminando despacio, ella miró su móvil y descubrió las notificaciones de mensajes de Leo y Jade. El reloj indicaba que faltaba poco para las nueve de la noche.

Cuando se subieron al auto, Ángela se sintió incómoda por tomar el asiento del copiloto, se abrochó el cinturón y procuró mirar por la ventanilla del auto con la finalidad de evadir cualquier contacto visual.

―A mi papá le encanta la fotografía ―dijo Noah de repente, como si se estuviese acordando de algo importante―. Toda su oficina está llena de fotos ―su voz sonaba soñolienta.

―¿En serio? ―inquirió la morena sin poder creérselo, David asintió―. Nunca fuiste un entendido del arte. ¿Es uno de esos gustos adquiridos cuando cambias de estatus?

―No lo sé, pero solo colecciono fotos de una sola persona ―explicó con algo de vergüenza―. Al menos es el autor de todas las que tengo. Es una de las pocas memorias que quiero recuperar, tengo la sospecha de que es alguien que conozco. ―Frenó ante la luz roja y giró la cabeza para mirarla―. ¿Qué hay de ti? Sé que eres fotógrafa profesional ahora, ¿publicas en alguna revista? Tras viajar tanto, ¿haces fotos de paisajes o de vida salvaje? ―soltó una risita divertida ante la expresión de ella, puso el auto en marcha y se defendió―. ¡Lo siento! Pero en serio no sé nada sobre eso, solo sé que las fotos de ese artista despiertan muchas emociones en mí.

―Eso pasa, la fotografía tiene una particularidad muy especial ―explicó Ángela―. Si no la tomas en el instante correcto puedes perderte lo importante. La fotografía busca capturar un momento que va a desaparecer, si lo logras, entonces preservas algo destinado a desaparecer.

―Vaya… ―expresó un poco intimidado―. Eso es impresionante… ¡Y lo digo en serio! ―insistió al ver la cara de ella.

―¿Y cómo se llama el fotógrafo que te gusta? ―preguntó―. Tal vez lo conozco.

―Bal ―respondió, orillándose frente al local que se encontraba a oscuras―. B – A – L. ¿Lo conoces?

Ángela lo observó con asombro, sintiendo su corazón latir con tanta fuerza que temió que él lo escuchara. Desabrochó su cinturón y abrió la puerta.

―Gracias por traerme ―dijo con voz conflictuada, miró al asiento de atrás, Noah había caído dormido―. Fue… lindo conocer a Noah, me alegra que se parezca más a ti… Y no… no sé quién es ese tal Bal…

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