ログインDetestaba esos trabajos.
El asesino miró la pantalla del móvil donde los mensajes se apilaban, su nueva cliente lo urgía a obtener resultados lo más pronto posible, sin embargo, a él nadie lo apuraba, porque el arte de asesinar requería planeación, meticulosidad y tiempo.
Silver era uno de los mejores asesinos del mundo por una razón, y todo el que lo contrataba sabía que siempre cumplía su objetivo, de una manera eficaz y eficiente. Por eso, sus principales clientes eran magnates, políticos, mafiosos, poderosos empresarios, incluso terroristas o fuerzas oficiales. Sus presas eran gente poderosa, lo que hacía de la cacería algo excitante.
No obstante, por cortesía con un cliente con el que llevaba casi dos décadas trabajando, aceptó una comisión ridícula.
Los asuntos domésticos eran aburridos.
Y para más colmo, esa mujer le solicitó que todo pareciera un accidente, y solo le proporcionó una hoja de información, que contenía menos de esta que un currículo para solicitar empleo.
Si nada más deseaba deshacerse de un estorbo, no necesitaba hacer tanto énfasis en eso de que pareciera un accidente; si esa pelirroja estúpida le pidió eso, significaba que, de sucederle algo al objetivo, ella iba a ser la única sospechosa y las personas de su entorno iban a perseguir el asunto hasta el final.
Por eso llevaba tiempo investigando a la mujer que tenía que asesinar, para comprender sus patrones de conducta, su personalidad y con eso trazar un plan adecuado.
Si la atropellaba podía sobrevivir, en especial si no lograba llevarla a una zona donde el choque fuese lo suficientemente fuerte para acabar con su vida.
«Aburrido.»
Regresó a su lectura, Genji Monogatari, sin preocuparse por responderle.
Desde la solicitud, él había estado siguiendo a Ángela Lee, lo que le llevó a descubrir que esa mujer, en apariencia una ‘don nadie’, tenía relaciones sociales más poderosas de lo que la señora Miller-Hansen alcanzaba a comprender.
Nada más tomando en cuenta al gigante de las comunicaciones Bachmann, ya la convertía en una presa de cuidado. Tras su vigilancia, descubrió un par de cosas interesantes, no solo era que traía como un bobo enamorado a Leopoldo Bachmann, uno de los herederos de la familia, sino que era socia del mismo y mantenía una relación muy estrecha con la familia, una relación de lealtad.
Si alguien sospechaba que la muerte de su objetivo no era accidental, entonces tendría un problema y él no deseaba poner en riesgo su negocio solo por los caprichos de una esposita enloquecida de celos.
Incluso si esos celos no fuesen tan descabellados.
Adicional a ese gran respaldo, Ángela Lee había despertado el interés de la competencia directa de los Miller, y el dueño y fundador de Corporación Warriors estaba persiguiendo a la fotógrafa con intenciones abiertamente románticas. Tal vez su relación apenas comenzaba, sin embargo, conocía a los hombres como Robin Martin, si tenía la mitad de la determinación de su padre, este solo había hecho una retirada táctica tras el rechazo inicial de la morena.
El tipo era un magnate en los negocios, y aunque aún no descubría quién era su socio, podía intuir que era un hombre bastante inteligente.
Robin solo dio un paso atrás para comenzar a ‘atacar’ de nuevo.
Sumado a lo anterior, cuando la vio en el cementerio, descubrió que tenía agallas; aunque decir eso no era del todo correcto, lo correcto era decir que Ángela Lee poseía unos cojones del tamaño de luna.
Su conversación con Jacobo Miller dijo más sobre su carácter que cualquier ridiculez que su cliente le dejó en la escueta hoja.
Ángela Lee tenía bien en claro con quién se enfrentaba y no temía decirles en sus caras que sabía la clase de basuras que eran todos ellos.
Durante la mañana de ese día, cuando entró al café usando un disfraz, escuchó la conversación entre Leo y la mesera del lugar; no había demasiados clientes, e incluso hablando en susurros, Silver pudo escucharlo a la perfección, la estúpida pelirroja recibió una paliza a manos de su objetivo.
Le costó mucho encontrar la grabación, piratear las cámaras de seguridad de los Bachmann fue una proeza, entrar a sus servidores casi le valió ser descubierto, pero por primera vez en mucho tiempo, sonrió al ver un espectáculo como aquel.
Laura Miller perdiendo el control como una desquiciada y Ángela Lee rompiéndole la nariz.
Es que hasta a él mismo le generó escalofríos escucharla amenazando a Antoni Miller.
Después de todo, qué hombre no tenía una relación cercana con sus testículos.
No era la primera vez que le agradaba alguien a quien debía eliminar, sucedía de vez en cuando, en especial con aquellas personas que, en verdad, carecían de suerte, y solo entraban en la lista de la muerte por los caprichos de mujeres como la señora Miller-Hansen.
Decidió salir por algo de beber, abandonó el libro junto a la laptop que se encontraba encendida, esta se conectaba al telescopio estratégicamente apuntado al departamento de su objetivo, y el cual grababa sus rutinas con la cámara térmica instalada por él mismo. Por pura coincidencia vio la figura de calor que correspondía a Ángela, saliendo de su departamento.
Si salía en ese instante podría seguirla y ver qué iba a hacer.
La coincidencia también quiso que ella fuese a un bar, y por extraño que pudiese parecerle, ambos compartieron una copa de manera indirecta, Silver en una mesa al fondo del local, Ángela en la esquina de la barra.
Por la expresión de su rostro, pudo intuir que ella se encontraba sumergida en un profundo debate existencial.
Desde que la estaba siguiendo, era la primera vez que su objetivo hacía algo tan ‘arriesgado’ como salir sola un sábado por la noche a beber a una cantina.
Salieron de allí poco después de la medianoche, el distrito donde vivían era una zona bastante ajetreada a nivel nocturno, aunque la mayoría de los negocios eran restaurantes, bares y cafés, también había clubes y discotecas a la redonda. No era tan raro que a aquellas horas quedara gente afuera, caminando con confianza en medio de la noche.
Tal vez por eso Ángela no sospechaba de él, claro que, también se debía a los múltiples disfraces con los que se estuvo acercando a la mujer durante esos días para que no lo reconociera a simple vista.
Silver percibió el peligro demasiado tarde, segundos antes de que sucediera; unas manos surgieron de la oscuridad, justo de uno de esos malditos callejones que se creaban entre un edificio y otro y que servían para disimular las entradas a las residencias que se encontraban en los pisos superiores a los locales.
Alguien estaba oculto allí, esperando por él. Eran gajes del oficio, como asesino profesional tenía enemigos, la mayoría de las veces, personas que no comprendían el hecho de que él no mataba por gusto, sino por comisión.
―Kuznetsov te manda saludos… ―musitó una voz rasposa, a medida que las manos lo arrastraban a la oscuridad.
A pesar de haber sido tomado por sorpresa, Silver estaba en ese mundo desde que apenas había aprendido a hablar. En una fracción de segundo sus sentidos se agudizaron, el cuerpo reaccionó de manera instintiva gracias a los años de experiencia, haciendo que la estocada del cuchillo que debió ser mortal, se convirtiera en una herida que no representaba un riesgo demasiado grande para su vida en ese momento.
La lucha no duró demasiado, cuando el asesino enviado se dio cuenta de su desventaja, huyó de la escena, con heridas más graves que la que él tenía en el costado. Sin embargo, aunque la hoja no había tocado ningún órgano, el sangrado fue profuso durante el combate. Silver se arrancó la manga del jersey que llevaba, usándola como compresa para hacer presión y detener el sangrado.
Respiró profundo, se tomó unos minutos para analizar la escena, la carencia de sirenas indicaba que no habían sido detectados.
―¿Necesitas que llame a la policía?
La pregunta no solo lo tomó desprevenido, sino quien se la hizo. Al abandonar el callejón, apenas cruzó la esquina para dirigirse a su departamento, se encontró a Ángela, recostada contra la pared, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta.
Silver no supo cómo reaccionar, en parte porque la pérdida de sangre empezaba a afectar su mente; compuso una sonrisa débil y negó.
―No es necesario, ¿qué le voy a decir? ¿Qué no pude ver a mi asaltante? ―evadió, fingiendo un acento de Europa del este.
―Estás mal herido ―señaló la morena, con voz calmada. No podía ocultarlo, a pesar de que la tela era de un tono gris bastante oscuro, la sangre lo tornaba en casi negro.
―Es solo un rasguño ―aseguró Silver.
―Necesitas ir al hospital, vamos, te acompaño ―se ofreció ella, acercándose para servirle de apoyo. Él se retrajo de inmediato, reaccionando por puro instinto. Ángela frunció el ceño.
―En serio, no es necesario ―insistió, esta vez, empleando un tono más amenazante.
―¿Eres extranjero? ¿Estás indocumentado? ―cuestionó, tras el silencio del hombre y su resistencia, ella soltó una exhalación―. De acuerdo, sin hospitales, pero vamos a mi local, necesitas primeros auxilios.
―De verdad, no es…
―Sí, sí ―interrumpió ella, con un tono de fastidio―. Ya sé que no es necesario, pero tú no eres médico, yo sí, y por la cantidad de sangre que hay en tu camisa, la herida es más profunda de lo que crees y vas a necesitar suturas… ―explicó, mirándolo con burla en sus ojos, Silver no sabía qué pensar al respecto, en efecto, aquella mujer tenía cojones más grandes que el plante marte―. ¿Sabes suturar? Si la herida es muy profunda tendrás que coser en capas, dudo mucho que puedas hacer eso… incluso estás pálido, no me sorprendería que te tuvieran que trasfundir sangre.
A medida que Ángela fue diciendo todo eso, lo empujó con suavidad para hacerlo caminar. Silver sabía que tenía razón, incluso comenzaba a sentir cómo sus fuerzas mermaban por la pérdida de sangre, era muy probable que no pudiera aplicar los primeros auxilios necesarios para ganar tiempo mientras su equipo llegaba hasta el departamento y lo interviniera.
En cuestión de quince minutos recorrieron las tres cuadras que los separaban del café, Ella miraba de hito en hito la herida, el rostro de él que iba palideciendo, y el sudor frío que empezaba a perlar su frente. Lo hizo entrar por una puerta lateral, ubicada a pocos metros de la entrada del edificio residencial, encendió las luces, dejando ver una pulcra cocina con un largo mesón metálico donde solían preparar los postres.
―Siéntate aquí ―le indicó ella, depositándolo en una silla. Ángela corrió hacia la oficina que quedaba al otro lado de la cocina, entró en esta y pocos minutos después regresó con un enorme maletín naranja, que depositó sobre la mesa―. Voy a tener que cortar tu camisa, espero que no tengas problemas.
Silver miró el contenido de la maleta cuando la abrió, un surtido de materiales médicos se organizaba meticulosamente. Incluso vio dos kits de cirugía general, ella estaba preparada para algo más que primeros auxilios básicos, eso parecía más un maletín para contingencias graves.
Se sorprendió un poco al ver cómo ella se recogió el cabello, acomodó todo lo necesario y se caló los guantes estériles; pero luego pensó que todo lo que se aprendía bien en la vida jamás se olvidaba por completo.
Siseó cuando ella le aplicó el desinfectante, respingó un poco al momento de que la inyectadora con anestésico local se incrustó en la zona sensible. Ángela comenzó el procedimiento de forma meticulosa. Al cabo de una media hora, dio la última puntada, durante todo el proceso, estuvo callada y concentrada.
―Aunque tuve que coser la capa interna de la piel, no está tan grave ―explicó en ese tono típico que empleaban los médicos―. Deberás tomar antibióticos y medicamentos para el dolor. Tienes suerte de que ese malnacido no tocara ningún órgano. Por cierto, ¿cómo te llamas?
―Kliment ―dijo él―. Me llamó Kliment.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







