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20: Mi mujer

last update Veröffentlichungsdatum: 17.09.2026 15:06:13

El resto del día, Siena lo pasó como ausente de sí misma, la mente atrapada en Mathias, en lo que planeaba hacer. Sabía, con una certeza amarga, que no iba a rendirse tan fácil.

Al caer la noche, llegó un mensaje de Roman: estaba en el edificio, que bajara a verlo. Dejó a los niños frente a la televisión y bajó rápido.

En la recepción, Roman la esperaba con el semblante serio.

—Me avisaron aquí en el edificio —dijo, sin preámbulos—. Alguien vino a buscarte. Un tipo conflictivo.

Ella suspiró.

—V
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  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    20: Mi mujer

    El resto del día, Siena lo pasó como ausente de sí misma, la mente atrapada en Mathias, en lo que planeaba hacer. Sabía, con una certeza amarga, que no iba a rendirse tan fácil.Al caer la noche, llegó un mensaje de Roman: estaba en el edificio, que bajara a verlo. Dejó a los niños frente a la televisión y bajó rápido.En la recepción, Roman la esperaba con el semblante serio.—Me avisaron aquí en el edificio —dijo, sin preámbulos—. Alguien vino a buscarte. Un tipo conflictivo.Ella suspiró.—Veo que nada se te escapa.—¿Quién era?—Mathias —confesó—. El padre de los niños.Se negó, incluso en su cabeza, a llamarlo esposo otra vez. Solo pensar la palabra le daba asco.El rostro de Roman se endureció.—¿Qué mierda quería ese bastardo?—Dinero. Vio la foto filtrada, sabe que estoy contigo, y quiere dinero.Roman soltó una risa irónica, pasándose una mano por el cabello, como conteniéndose.—Claro. Qué más iba a querer esa rata.—Tengo miedo de que intente algo.—Como se atreva a poner u

  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    19: Advertencia

    Siena se quedó pálida, casi sin poder pensar.—¿Qué hago, señorita? —preguntó el trabajador—. ¿Lo dejo subir?—No —respondió, rápido, casi sin dejarlo terminar la pregunta—. No lo deje subir bajo ninguna circunstancia.El hombre asintió y se retiró. Siena cerró la puerta y le puso el seguro, aunque sabía que un pestillo no la protegería de lo que de verdad importaba. Si Mathias había vuelto, el pasado había vuelto con él, y de eso no había cerradura que sirviera.Dejó los utensilios de limpieza olvidados en algún rincón de la sala y empezó a caminar de un lado a otro, sin poder quedarse quieta. Miraba hacia la puerta cada pocos segundos, como si pudiera atravesarla con la vista.Tocaron de nuevo. Se sobresaltó.¿Sería él?Se asomó: era el mismo trabajador de antes.—El hombre se marchó —dijo, al abrir—. Costó bastante. Tuvimos que decirle que llamaríamos a la policía. Dijo que le dijéramos a la señorita que iba a regresar. Que no podía esconderse para siempre.Un escalofrío le recorri

  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    18: El fantasma en la puerta

    —Para —susurró Siena, con los ojos muy abiertos—. Nos van a descubrir.Él no paró. Siguió embistiendo con fuerza, arrancándole gemidos bajos que ella apenas lograba contener.—Responde —le susurró él al oído.¿Responder? Apenas podía ocultar los sonidos que se le escapaban. Iba a delatarse sin remedio.La voz de la mujer insistió al otro lado de la cortina. Siena tragó saliva y habló, con la voz temblando pero controlada.—Estoy bien. Me golpeé la rodilla probándome algo.—Está bien —respondió la empleada—. Estaré cerca por si necesita ayuda.—Gracias —logró decir, con un hilo de voz.Roman no esperó. Le cubrió la boca con una mano, y con la otra le sujetó la cadera, siguiendo con embestidas fuertes. Siena ahogó sus gemidos en la palma de su mano. El sonido de sus caderas chocando era inconfundible. Rezó para que la empleada estuviera lo bastante lejos como para no oírlo.Miró hacia abajo y vio los fluidos cayendo al suelo bajo ella. Estaba tan mojada que literalmente goteaba. Jamás

  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    17: El Probador

    El día siguiente pasó lento y pesado, con Siena alerta a cada sonido, como si en cualquier momento la policía fuera a tocar la puerta. Molesta, ansiosa, incapaz de concentrarse en nada por más de unos minutos.Cuando cayó la tarde, llegó el mensaje de Roman: la esperaba en la recepción del edificio, y una niñera ya subía en el ascensor para quedarse con los niños.Ella, ya vestida con lo más sencillo que tenía —no le quedaba nada que pudiera llamar bonito—, abrió la puerta a una mujer distinta a la de la vez anterior. Le dio instrucciones detalladas sobre el reposo de Leonardo, los horarios, los números de emergencia, y le pidió que llamara ante cualquier mínima cosa.Bajó. Roman la esperaba afuera, vestido de una forma que ella no le conocía: pantalón de tela negra, camisa blanca de mangas cortas, un suéter azul echado sobre los hombros. Se veía más joven, más relajado, y —como siempre— demasiado guapo.La recibió en un auto deportivo que tampoco le conocía. Le abrió la puerta del co

  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    16: La Foto

    Después de eso, Siena no dijo nada más. Subió al auto en silencio, y se pusieron en marcha.—¿Por qué pasó eso? —preguntó, cuando por fin encontró la voz—. ¿Sabías que algo así iba a suceder?—¿Crees que si lo hubiera sabido te habría llevado y expuesto a eso?Ella bajó la mirada, todavía confundida por todo lo vivido esa noche.—Es que todo se descontroló en un segundo. ¿Quién querría hacerle daño a tanta gente?—Probablemente solo querían hacerle daño a una sola persona —respondió él, con calma—. Todo lo demás se salió de control.Ella asintió, sin más preguntas, y giró la mirada hacia la ventanilla, dejando que la ciudad pasara borrosa al otro lado del cristal.Llegaron al edificio. Roman bajó del auto, pero ella no le dio tiempo a acompañarla.—Adiós —dijo, seca, y le dio la espalda para entrar.Subió sola en el ascensor. Mientras el número de los pisos cambiaba en el panel, pensó en lo rápido que había cambiado todo esa noche. Horas antes, bailaban en la pista, él hablaba de llev

  • Prostituta por Accidente: La Obsesión del Mafioso    15: El mundo a tus pies

    El salón se convirtió en un campo de batalla en cuestión de segundos.Los hombres que hasta hacía un momento parecían simples invitados sacaron armas y empezaron a disparar sin distinción, como si la cena de negocios hubiera sido una fachada esperando el momento exacto para romperse. Junto a Siena, una de las jóvenes que acompañaba a un hombre mayor recibió un disparo en el pecho.Siena se cubrió la boca para contener el grito que se le escapó de todas formas.La chica cayó al suelo, y su vestido blanco se tiñó de un rojo grotesco que se extendía cada vez más rápido. Siena la vio morir sin poder apartar la mirada. Incluso muriendo, era hermosa —se desplomó como un cisne, y en su último gesto extendió una mano hacia Siena, como pidiendo ayuda que ya no llegaría a tiempo. Siena estiró la suya en su dirección, pero no alcanzó a tocarla: Roman la agarró de la mano y tiró de ella hacia el lado contrario, esquivando cuerpos que corrían y otros que ya no se movían.Las balas silbaban cerca d

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