เข้าสู่ระบบRápidamente, cerré mis ojos cuando veo por último su mano elevándose, creyendo que me podría golpear, pero nunca llega ese golpe, solo siento que me agarra fuerte del brazo para lanzarme de nuevo a la cama, y es cuando me doy cuenta de que ya llegó mi final.
Abro mis ojos al momento del impacto al caer y veo que se acerca para acorralarme en la cama, pero en eso un tono de celular suena, no es el mío porque lo dejé en la mochila que traía y no sé en dónde quedo después de que el tipo esté me arrastrará a su deportivo.
El celular vuelve a sonar, él maldice en voz alta, que hasta me hace saltar del susto. Compruebo que es el de él mientras lo saca de su bolsillo del pantalón, mira la pantalla, aún sigue de pie frente a mí, sin esperar más, responde diciendo algo en su estúpido idioma que no entiendo nada.
Se da media vuelta para salir de la habitación, cerrando la puerta detrás de él, dejándome ahí sola. Y suspiro, por fin podía respirar tranquilamente, dejando sacar todo el aire que tenía acumulado. Después de calmarme un poco, me pongo de pie para recoger mis pertenencias e intentar vestirme. No importaba si cuando entrara se molestara por haberme vestido, lo iba a hacer por si tenía que correr, ya que desnuda no me iba a atrever a hacerlo.
Estar delante de ese hombre es agotador. Usé su ausencia para buscar mi bolso por la habitación, a ver si lo había dejado aquí, pero después de buscar por todos lados compruebe que no era así.
— Puedes irte — dice cuando entra a la habitación.
Me quedo pasmada por ese gran cambio repentino, sigue molesto, lo puedo notar en su mandíbula apretada y su mirada oscura, no sé por qué lo hizo cambiar tan rápido. No lo pienso dos veces y en pocos pasos ya estoy fuera de la habitación. Antes de salir de la suite busco mi bolso por el lugar, y es que si no trajera mi identidad, celular y llaves de la casa, me iría sin pensar en ello. Y también como iba a pagar un taxi, pero eso ahorita era lo de menos, podía hasta irme corriendo a mi casa de lo desesperada que estaba.
— Uno de mis hombres te espera a fuera, él te llevará — añade ante mi silencio.
— No hace falta — y es que lo único que quería era irme y ya no saber nada más de este hombre y de esos tipos con finta de matones.
— No te estoy preguntando, es una orden —mascullé. — Y que te quede claro, tú me perteneces y regresaré por ti.
Y así, sin agregar nada más, se gira para volver a meterse a la habitación. Resoplo por su comportamiento raro. Sin tomarle más importancia a nada más. Salgo de ahí, y me doy cuenta de que los mastodontes están ahí esperándome y a otros tres más colocados cerca de la puerta, uno de ellos se acerca y trae mi mochila en sus manos. Bueno, tan siquiera hizo algo bueno, como cuidar de ella.
Al llegar a mí me la ofreció y sin pensarlo dos veces se la arrebató. Él me dice que me escoltara hasta mi casa, y yo solo le digo que me regrese al club. Él insiste en lo mismo porque su jefe le ordenó eso.
Maldito, solo eso sabe dar, órdenes.
Y es que la verdad lo que menos quiero es que sepan en dónde vivo.
Sigo insistiendo y le invento algo para que me devuelva al club, él lo piensa por un momento y después acepta.
Minutos después llegamos al lugar, no espero a que el tipo me abra la puerta o diga algo, solo bajo del auto lo más rápido que logro conseguir, y sin mirar atrás entro al club. Mis compañeros me miran extrañamente y es porque me vuelven a ver después de que ya me había ido. Es raro en mí que me vean cuando ya me había marchado.
Busco con mi mirada a Mika, pero no la encuentro por ningún lado.
Espero que no se haya ido.
No quería correr otra vez el riesgo de salir sola a fuera y que esos tipos estuvieran allí esperando, tal vez si me ven con alguien sea distinto.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra







