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Capitulo. 7

last update Veröffentlichungsdatum: 16.09.2026 23:27:22

 

POV: Nikolaj Romanov

Estaba en mi oficina trabajando cuando la puerta se abrió.

Uno de mis hombres entró a la estancia, se detuvo frente a mi escritorio y me miró seriamente antes de hablar.

—Señor, el viejo Rigger solicita una reunión con usted.

—¿Rigger? —repetí, dejando correr el nombre por mi garganta con desprecio.

Ese anciano podrido definitivamente no se daba por vencido. Sabía perfectamente lo que estaba buscando: llevaba semanas salivando tras los pasos de Alinna, esperando el menor descuido para ponerle las manos encima.

Me reclina suavemente contra el respaldo del sillón de piel. La insistencia de ese viejo verde era un fastidio, sí, pero también era una debilidad ridículamente fácil de explotar. Rigger perdía la cabeza y el juicio cuando se trataba de mujeres jóvenes y vírgenes; su lujuria lo volvía impulsivo, predecible y torpe.

Un tipo impulsivo comete errores.

Y yo era un experto en cobrar cada uno de esos errores al precio más alto posible.

—Dile que entre —ordené con frialdad, indicándole a mi hombre que abriera la puerta.

Rigger cruzó el umbral apoyándose en su bastón, pero con esa mirada repugnante cargada de arrogancia. No perdió el tiempo ni se molestó en guardar las formas.

—Vamos al grano, Nikolaj —soltó el viejo sin rodeos, deteniéndose frente a mi escritorio—. Quiero a tu esclava. Si todavía es virgen, estoy dispuesto a pagar lo que pidas por ella.

Lo miré fijamente, apoyando los codos sobre la madera y entrelazando las manos con una calma calculadora.

—¿Lo que quiera? —repetí con una ceja levantada—. Vaya, Rigger... ¿tanto te gustó?

Una sonrisa morbosa se dibujó en la cara arrugada del anciano.

—Es que tengo muchas ganas de probarla. Esas tetas y ese culo deben ser deliciosos.

Un frío asesino me atravesó el pecho. Por dentro, una furia salvaje me quemó la sangre y me dieron unas ganas viscerales de sacarle el arma, ponerle el cañón entre los ojos y meterle un tiro allí mismo por atreverse a hablar así de lo que me pertenecía.

Nadie mencionaba su cuerpo de esa manera y salía respirando de mi oficina. Pero tragué veneno, apreté los dientes y mantuve la cara completamente inexpresiva, guardándome el impulso para el momento perfecto.

—Alinna sigue intacta —dije con voz pausada y profunda—. Nadie la ha tocado. Y si tanto la quieres, te la puedo dar a cambio de una de tus rutas.

Rigger abrió los ojos de golpe, sorprendido, antes de soltar una carcajada incrédula.

—¡Estás loco! —protestó el viejo, apretando el mango de su bastón—. Una de mis rutas vale millones, Nikolaj.

—Solo la necesito por dos meses —interrumpí, manteniendo la mirada fija y sin un solo gesto en el rostro—. Envío mis cargamentos por tu territorio durante ese tiempo y luego la ruta volverá a ser tuya.

Rigger se quedó en silencio, lo pensó unos segundos y chasqueó la lengua con duda.

—No sé si esa niña valga tanto...

No le respondí. Me limité a presionar el botón del intercomunicador sobre mi escritorio para comunicarme con los guardias del pasillo.

—Traigan a Alinna a la oficina. Ahora mismo.

La puerta se abrió y Alinna entró a la estancia. Ya estaba limpia, vistiendo un traje ajustado pero elegante que remataba su figura, convirtiéndola en una verdadera delicia a la vista.

En cuanto cruzó el umbral, Rigger se la comió con la mirada, recorriendo cada curva de su cuerpo con una lascivia descarada.

—Aquí está —dije, apoyando los hombros hacia atrás—. Dime si no es una belleza.

Me puse de pie con parsimonia, me acerqué a ella y, sujetándola con firmeza pero sin brusquedad por la cintura, la hice dar una vuelta lenta frente al anciano para terminar de enloquecerlo.

Rigger tragó saliva, con los ojos casi saliéndoseles de las órbitas.

—Mierda... —murmuró el viejo, pasando la lengua por sus labios secos—. De acuerdo. Pero dos meses no; un mes.

—Mes y medio —sentencié con voz helada, clavándole la mirada—. Ni un día menos. Y ahora, lárgate.

—Me la quiero llevar ahora —dijo Rigger, dando un paso al frente con la respiración agitada y la mirada clavada en ella.

Alinna se tensó de golpe bajo mis manos. Sentí el pulso acelerado de su cintura y cómo la rigidez se apoderaba de su cuerpo ante la sola idea de irse con ese anciano.

Le apreté la cadera con firmeza, manteniéndola pegada a mí.

—No —le respondí a Rigger con una voz fría y tajante—. Primero te enviaré el acuerdo para que lo firmes y luego te la envío.

—Está bien, será bajo tus términos —aceptó Rigger, soltando un suspiro cargado de impaciencia.

El viejo giró la cabeza hacia Alinna, devorándola una vez más con esa mirada repugnante, y le dedicó una sonrisa torcida que me dio ganas de romperle la cara allí mismo.

—Nos veremos pronto, preciosa... Y no sabes cómo lo voy a disfrutar.

Rigger se dio media vuelta y salió del despacho, cerrando la puerta tras de sí.

En cuanto se escuchó el clic de la cerradura, Alinna se zafó bruscamente de mi agarre y se giró hacia mí con los ojos llenos de rabia.

—¡Qué m****a! —exclamó con la voz temblándole por la furia—. ¡Me acabas de vender a ese tipo!

—No —le respondí con calma, acomodándome los puños de la camisa—. Yo acabo de inventarle la historia de que te entregaré por un pago bastante alto.

—¿Cómo que inventarle? —preguntó ella, frunciendo el ceño, confundida y alterada.

Reduje la distancia entre los dos con un par de pasos firmes. La tomé de la cintura con fuerza, pegándola a mi pecho para que sintiera que no tenía escape.

—Bajo ningún concepto te voy a entregar a nadie, Alinna —le dije mirándola fijamente a los ojos, con una voz profunda y dominante—. Tú eres mía y el único que te va a tocar soy yo.

Alinna soltó una carcajada amarga y negó con la cabeza, manteniendo el desafío en la mirada.

—¿Y cómo m****a quieres que confíe en ti?

—No debes confiar en mí —contesté sin pestañear.

—Vete al infierno —escupió ella.

La solté de golpe, dándole la espalda para volver a mi escritorio.

—Ya estoy en él —sentencié con frialdad—. Ahora lárgate a trabajar.

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