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Capitulo. 9

last update Veröffentlichungsdatum: 18.09.2026 21:38:13

Alinna

Tragué saliva y dejé que un rubor encendido me cubriera la cara por completo antes de asentir en silencio.

¿Por qué m****a no hace efecto esa porquería?, pensé con desesperación, sintiendo cómo el sudor frío me recorría la espalda mientras los segundos pasaban sin que diera muestras de somnolencia.

—Yo... ¿puedo tocarlo?

—Puedes tocarlo —respondió con la voz cada vez más densa, dando un paso hacia mí—. También besarlo, depende de qué tanto quieras excitarme.

—No sé si algo como eso podría... —murmuré, dejando la frase en el aire con timidez y bajando la mirada.

—¿Podría qué? —preguntó, inclinándose hacia mí con una sonrisa autosuficiente en los labios.

—Entrar en mí... —susurré, apretando los muslos mientras el corazón me latía desbocado en el pecho.

Si voy a tener que coger con alguien, pensé con frialdad mientras observaba su torso marcado y la fuerza contenida en sus brazos, que sea con este hijo de puta. Por lo menos es atractivo.

Nikolaj ladeó la cabeza, observándome con una mezcla de escepticismo y curiosidad oscura.

—¿De verdad nadie te ha tocado? —preguntó con voz baja, dando un paso más cerca—. ¿Nunca habías visto una verga?

—No... nada —respondí en un susurro tembloroso, manteniendo los ojos fijos en él para sostener la mentira.

Él soltó un ligero bufido por la nariz y cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿Por lo menos habías besado a alguien?

Forcé una mirada de vergüenza y bajé la cabeza antes de contestar.

—Bueno... hace unos años me di un pico con el hijo de la cocinera —admití, apretando las manos sobre la tela de mi camisón—. Mi padre se dio cuenta y los despidió a los dos. A mí me puso profesoras en la casa y no me dejaba salir para nada.

—Te voy a mostrar cómo se hace. Abre la boca —ordenó, agarrándome por la barbilla para obligarme a mirarlo hacia arriba.

—Pero... no sé cómo —susurré, acentuando mi fingida ingenuidad para ganar tiempo.

—Solo abre la boca —repitió, con una firmeza que no admitía objeciones.

Tragué saliva y obedecí. Se acercó un paso más, rozando con la cabeza de su miembro la comisura de mis labios.

—Primero pasas la lengua y luego lo chupas... sin usar los dientes —instruyó con la voz rasposa y baja.

M****a, m****a, m****a..., repetía mi mente en pánico mientras inclinaba el rostro para cumplir su orden. Pasé la lengua despacio por la punta, conteniendo una mueca de tensión.

Apenas comenzaba a envolverlo con los labios cuando sentí un peso repentino sobre mi cabeza. Levanté la vista justo a tiempo para ver cómo sus párpados pesaban y su cuerpo erguido empezaba a tambalearse torpemente.

El sonnífero finalmente estaba haciendo efecto.

Aproveché el segundo exacto de desconexión.

Lo tomé de los hombros con fuerza y tiré de él hacia abajo. Nikolaj soltó un gruñido sordo, perdió el equilibrio por completo y cayó desplomado sobre la cama, quedando encima de mí como un peso muerto.

—¿Qué... m****a haces? —balbuceó, tratando de erguirse sin éxito mientras la pesadez del sonnífero aplastaba sus reflejos.

Le sujeté el rostro con ambas manos para fijar su atención en mí y lo besé.

Fue un beso profundo y desesperado. Nikolaj me correspondió torpemente en medio de su mareo, moviendo los labios impulsado por el puro instinto mientras su cuerpo se volvía cada vez más denso sobre el mío.

Me separé apenas unos centímetros de su boca, manteniendo nuestras frentes unidas y buscando su mirada nublada.

—Quiero que seas tú —le susurré contra los labios.

—¿Que yo... qué? —arrastró las palabras, parpadeando con lentitud mientras sus párpados amenazaban con cerrarse del todo.

—Quiero que seas mi primera vez —dije con voz firme, apretando mis dedos en sus mejillas para que escuchara cada palabra—. Quiero que me hagas mujer tú.

—Mierda... no me siento bien —balbuceó, sacudiendo la cabeza pesadamente en un intento inútil por despejarse.

—Solo hazlo —le rogué en un susurro desesperado, apretándole los hombros—. Prefiero que seas tú quien me desflore a que sea ese maldito viejo asqueroso.

Él entreabrió los ojos, enfocándome a duras penas en medio de la neblina del sedante.

—Te dije que no te entregaría... —articuló con la voz arrastrada pero oscura—. Te dije que solo te estoy usando como cebo.

—También me dijiste que no confiara en ti —le espeté, mirándolo fijamente a los ojos sin dar un solo paso atrás.

Nikolaj soltó una risa seca, casi sin aliento.

—Si eso quieres... —murmuró.

A pesar del mareo atroz que lo paralizaba, apoyó los brazos a los lados de mi cabeza, sujetándose a la cama con una fuerza bruta aterradora. Moviéndose por puro instinto, se posicionó lentamente justo en mi entrada.

—Tú lo pediste —susurró contra mi cuello, apretando la mandíbula.

Maldita sea, no funcionó, pensé con un pánico helado recorriéndome cada vena mientras sentía la presión de su cuerpo sobre el mío.

Ya no tengo adónde correr.

Cerré los ojos con fuerza, apretando los dientes mientras sentía la presión de su cuerpo y cómo comenzaba a empujar hacia adentro. El pánico me congeló la sangre durante un segundo eterno, pero antes de que pudiera ir más lejos, su fuerza se evaporó de golpe.

Un peso muerto y aplastante cayó desplomado sobre mí.

Abrí los ojos de golpe. Nikolaj yacía inmóvil, con la cara hundida en el colchón justo al lado de mi cuello, respirando de manera profunda y pesada.

Totalmente inconsciente.

Usé todas mis fuerzas para empujar su torso masivo hacia un lado. Su cuerpo rodó torpemente hasta quedar tendido boca arriba sobre la cama, sin emitir más que un gruñido sordo.

Me puse de pie de un salto, respirando agitadamente mientras me acomodaba el camisón.

—Funcionó... —susurré con el corazón en la garganta—. M****a, funcionó.

Miré su figura desparramada e inmóvil sobre las sábanas y la adrenalina empezó a ceder, dándole paso a una nueva ola de pánico.

—Ok, funcionó... ¿ahora qué m****a hago? —murmuré entre dientes, llevándome las manos a la cabeza.

En ese instante, las palabras de María retumbaron en mi mente con una claridad aterradora: Asegúrate de que las sábanas estén manchadas de sangre mañana.

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