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¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé
¡Alerta! Mi esposa huyó con nuestro bebé
Yanis Sombra

Capítulo 1

Yanis Sombra
En el celular de Milena se reproducía un video que le había enviado Alondra.

Kevin sostenía en brazos a Joel, de unos dos años, y jugaba con él, mientras Alondra, sentada a un lado, los observaba con una sonrisa.

Parecían una familia feliz.

Los tres irradiaban una alegría que casi traspasaba la pantalla.

Kevin sonreía con una ternura que Milena jamás le había visto en casa.

Joel se parecía muchísimo a él.

A Milena le temblaban las manos mientras sostenía el celular.

Quiso guardar el video, pero Alondra lo eliminó antes de que pudiera hacerlo.

Sin darle tiempo de reaccionar, le envió una foto de los resultados de una prueba de ADN entre Joel y Kevin.

La conclusión era clara: los resultados respaldaban la paternidad biológica de Kevin respecto de Joel.

Milena estaba sentada en la funeraria, junto al ataúd de Trinidad.

Era pleno verano, pero temblaba de frío.

Llevaba tres años casada con Kevin, y él apenas había empezado a tocarla hacía un mes.

Y, sin embargo, Joel ya tenía esa edad. Qué ironía.

Milena seguía aturdida cuando Alondra eliminó también aquella imagen.

No entendía por qué hacía eso.

Milena sintió una punzada de dolor en el pecho.

Con razón Kevin se había negado a asistir al funeral de Trinidad: ella nunca había sido importante para él.

Ni la intimidad que habían compartido durante aquel mes había cambiado nada entre ellos.

Se sentía vacía.

Ahora que Trinidad ya no estaba, también había llegado el momento de ponerle fin a este matrimonio.

Al levantarse, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer, pero un brazo fuerte la sostuvo.

—¡Cuidado!

Milena alzó la mirada. Era Hugo Aguilar, a quien no veía desde hacía tres años.

Las lágrimas le brotaron de inmediato.

—¿Ya estás bien?

La mirada de Hugo se ensombreció.

—¿Preferirías que me pasara algo?

La sujetó con un poco más de fuerza.

—¿Por qué no me esperaste? A los dieciocho te dije que me iba a casar contigo.

Milena se apartó de él.

—Estoy casada. Nunca he pensado en casarme contigo.

Hugo se molestó.

—Kevin nunca te ha reconocido públicamente como su esposa. ¿Por qué quieres desperdiciar tu vida con él?

Ella respondió con frialdad:

—Ya no lo voy a hacer. Pienso divorciarme.

Luego preguntó, desconcertada:

—¿Cómo supiste que me casé con él?

Su matrimonio era un secreto.

—El tratamiento de mamá costó más de un millón de dólares en estos tres años. Tú no podías pagar eso. Estaba en un hospital privado financiado por Grupo Escobar. ¿Crees que no iba a darme cuenta?

Milena suspiró.

—Sí. Me casé con él por dinero.

Un destello de satisfacción cruzó el rostro de Hugo.

—Si necesitas presentar una demanda de divorcio, puedo conseguirte ayuda. Hace tres años invertiste trescientos mil dólares en mi empresa. Ahora ya salimos adelante. No tienes por qué seguir sufriendo.

Hugo era hijo del segundo esposo de Trinidad.

La había cuidado desde que eran pequeños y le había confesado su amor más de una vez, pero Milena solo lo veía como un hermano.

Milena asintió.

—Está bien. Pide que me preparen un convenio de divorcio. Si Kevin acepta, nos divorciamos de común acuerdo. Si no, presentaré la demanda ante el juzgado.

Hugo permaneció a su lado desde la despedida en la funeraria hasta el entierro en el cementerio, ayudándola con todos los arreglos del funeral.

El día del entierro de Trinidad llegó Casilda, su abuela materna.

Insistió en que llamara a Kevin.

—Estás casada, Milena. No está bien que tu esposo no venga. Te lo pido, por favor.

Casilda ya estaba llorando.

Su salud era delicada y quería asegurarse de que alguien cuidara de Milena cuando ella también faltara.

Nunca había conocido a Kevin.

Quería verlo y comprobar si era un hombre de fiar, capaz de cuidar bien de Milena.

Con un nudo en la garganta, Milena se armó de valor y lo llamó.

La voz fría de Kevin sonó al otro lado de la línea.

—¿Qué pasa?

Ella dijo en voz baja:

—Hoy entierran a Trinidad. ¿Podrías venir?

Kevin vaciló unos instantes antes de negarse.

—No puedo. Tengo un compromiso esta noche.

Entonces Milena oyó la voz de Alondra al fondo.

—Kevin, ¿a qué hora es el espectáculo de drones?

Él colgó de inmediato.

A Milena le faltó el aire y todo empezó a darle vueltas.

Al verla tan pálida, Hugo se apresuró a sostenerla.

—¿Te sientes mal?

Milena no había dejado de llorar en los últimos días.

Hugo sabía lo unida que estaba a Trinidad.

Ella hizo un esfuerzo por mantenerse en pie.

—No es nada. Estoy bien.

Esa noche vio una noticia que se había vuelto tendencia: “Un espectáculo de drones ilumina el cielo sobre la sede de Grupo Escobar. Se cree que Kevin, presidente de Grupo Escobar, lo organizó para celebrar el cumpleaños de su novia”.

Milena contempló en el celular las figuras espectaculares que miles de drones dibujaban en el cielo.

El dolor no la dejaba respirar.

Así que ese era el compromiso que tenía Kevin: celebrar el cumpleaños de Alondra.

Ya no pudo contenerse y rompió a llorar.

Se prometió que sería la última vez que derramaría una lágrima por él.

A partir de ese momento, lo dejaría atrás para siempre.

Un rato después, Alondra le envió otro video para presumir su celebración.

Además del espectáculo de drones, mostraba la fiesta de cumpleaños.

En las imágenes se distinguía la mano de Kevin mientras él cortaba el pastel con la cabeza inclinada.

Milena apretó el celular. Sentía que el dolor iba a asfixiarla.

Antes de que pudiera guardar el video y las fotos, Alondra los eliminó.

Después llegó un mensaje: “Tu mamá se murió y él ni siquiera quiso acompañarte. Prefirió pasar mi cumpleaños conmigo. Milena, qué fracaso de esposa eres.”

Milena respondió de inmediato: “Le diste un hijo y llevas años criándolo. ¿Y Kevin por qué sigue sin casarse contigo?”

Alondra no contestó. También eliminó aquel mensaje.

Aquello inquietó a Milena.

Una hora después regresó a casa.

A la casa de Kevin, en realidad: ella no tenía ningún derecho sobre esa propiedad.

Él estaba sentado en la sala, vestido con ropa de descanso y leyendo noticias financieras en una tableta.

Era un hombre guapo, de rostro alargado y facciones finas.

Medía un metro ochenta y cinco y tenía un cuerpo atlético y bien definido.

El pronunciado escote en V de su pijama dejaba entrever sus pectorales.

¿De qué servía que fuera guapo? Eso no lo hacía fiel.

La había engañado y había tenido un hijo con Alondra.

Kevin consultaba la hora de vez en cuando.

Al verla entrar en la sala, le preguntó en voz baja:

—¿Ya terminó el funeral?

—Sí —respondió ella, distante.

Kevin se levantó y le ofreció un reloj costoso.

—Siento mucho tu pérdida. Tenía mis razones para no ir. De verdad estoy muy ocupado.

Milena lo miró con frialdad y no tomó el reloj.

Ya no necesitaba sus limosnas.

—Sí, ocupado festejando el cumpleaños de Alondra. Ya vi la noticia.

El rostro de Kevin se endureció.

—Las cosas no son como piensas.

—¿Ah, no? ¿Entonces cómo son?

El celular de Kevin empezó a sonar.

Él contestó mientras caminaba hacia la recámara principal.

—Está bien. Voy para allá.

Su expresión, hasta entonces serena, se tensó de inmediato.

Se cambió en la recámara y salió de la casa.

A Milena ya no le importaba adónde iba.

Volvió a su habitación sin inmutarse.

Después de bañarse, recibió otro mensaje de Alondra por WhatsApp.

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