Noelia no contaba con que, incluso a través de la pantalla, Marcos se daría cuenta de que se le habían subido los colores. Se hizo la desentendida, como si no hubiera escuchado el comentario, y trató de recuperar la compostura sosteniéndole la mirada.—Si no tiene más dudas sobre la logística de las actividades, señor Leiva, voy a colgar.Marcos estaba a punto de despedirse cuando vio, por el reflejo del video, que una sombra se acercaba a Noelia. Era Nicolás. En cuanto se dio cuenta de que él la estaba buscando, a Marcos no le hizo ninguna gracia y sintió un pinchazo de coraje.—Espere un momento, señorita Bustos, todavía tengo un par de puntos que quiero agregar —soltó él, cambiando el tono de inmediato.—Está bien, dígame. Lo anoto para que no se me pase nada.—Primero, para las bebidas, aparte de lo que ya anotó, consígame un café de altura de cosecha limitada. Tengo un colega que es fanático de eso. Y de los frutos secos, nada de almendras. Cámbielas por nueces de la zona, pero
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