El ambiente en el despacho se tornó gélido de inmediato. Sin dignarme a voltear hacia ella, miré fijamente a Adrian y le pregunté:—¿Eso es lo que quieres?Él permaneció junto a la ventana, con la mandíbula tensa y una mirada sombría que ocultaba sus verdaderos pensamientos. Pasaron unos segundos y no se atrevió a negarlo. Al ver su silencio, Vito dio un fuerte manotazo sobre el escritorio, haciendo resonar la madera.—¡Estupideces! Elena lleva veinte años viviendo bajo el techo de los Moretti. Aunque no se case con Adrian, sigue siendo parte de esta familia.—Padrino —dijo Celeste en voz baja—, solo creo que las reglas deben quedar claras desde el principio; de lo contrario, la gente de afuera pensará que la futura Donna es incapaz de defender su propia posición.—Si vamos a romper lazos, hagámoslo —dijo Adrian al fin.Lo miré y sonreí. Todo aquello me parecía absurdo. Mientras que en mi vida anterior tuve que morir para abrir los ojos y asimilar la realidad, esta vez él se encargó de
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