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Kwento at Setting

52
Dejar en ridículo×
Lahat
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
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Castigo al Infiel
Drama Familiar Total
18+
Drama Familiar
Seducción
Despertar
Encuentro Amoroso
Liarse con alguien
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

20
Romance Amargo×
Lahat
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Mga Maiikling Kuwento at Nobelang Romance Amargo Dejar en ridículo

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El Divorcio que los Destruyó - undefined nobela & mga-kwento
Anónimo
Era la sexta vez que Dante Falcone azotaba aquel maldito acuerdo de divorcio frente a mí, obligándome a firmar. Esta vez no me resistí. Dejó la pluma sobre la mesa. En ese momento, un silencio asfixiante llenó la habitación. Sus ojos castaños me recorrieron con fijeza, como si buscara una grieta en mi decisión o intentara leer qué pasaba por mi cabeza. —¿Por qué tan obediente esta vez, Sofia? ¿O planeas otro truco? No olvides quién eres, señora Falcone. Me quité el anillo de rubí que simbolizaba a la dueña de la familia, el mismo que él me había puesto cuando me propuso matrimonio en Sicilia. Lo dejé con suavidad sobre el escritorio, una superficie que tantas veces había visto manchas de sangre y fajos de billetes. —No, Dante. Solo estoy cansada —respondí con una calma que me desconocía—. Tu mundo es demasiado ruidoso.
La compañera que desecharon - undefined nobela & mga-kwento
September
Cuando el Páramo Negro regresó al territorio de la capital, todo el mundo decía que se estaba muriendo. Decían que había contraído una infección repugnante, que su lobo ya estaba agonizando y que le quedaba menos de quince días de vida. La pareja había sido mía en un principio. Pero cuando el Registro Lunar eligió mi nombre, Sylvie lloró durante días hasta que mi padre modificó el registro y le concedió a ella el contrato de Páramo Negro. Ahora que se rumoreaba que el Páramo Negro se estaba muriendo, ella volvió a llorar, amenazó con suicidarse de nuevo y suplicó a todos que me obligaran a recuperar el emparejamiento que ella me había robado. Mi padre accedió. Mi prometido, Cedric, la abrazó y dijo con frialdad: —La ceremonia aún no ha comenzado. Todavía no hay marca. No cuenta. Luego me miró. —Tú eres la hermana mayor. Ocupar su lugar es lo menos que puedes hacer. Todos pensaban que me estaban enviando a la tumba. Así que sonreí y tomé el contrato de Páramo Negro. —Está bien. Que sea exactamente como desean. Solo más tarde descubrirían una cosa. El heredero Alfa al que temían no era el que se estaba muriendo. Y la pareja a la que habían rechazado era la que Páramo Negro había estado esperando.
Mi Esposo La Eligió a Ella... Así Que Me Salvé Yo - undefined nobela & mga-kwento
September
En mi vida pasada, fui la única hija de la familia Gambino en Nueva York. Tenía poder, dinero y respeto. Todo el mundo conocía mi nombre. Hasta que lo perdí todo por culpa de Lucas, mi esposo. Sin siquiera preguntarme, llevó a Isabella —la viuda de su hermano fallecido— a vivir con nosotros. Yo exploté. Hice escándalos, perdí el control y terminé dándoles a todos exactamente la historia que querían escuchar: la mimada princesa de los Gambino finalmente se había vuelto loca. Poco después, Lucas pidió el divorcio. No le rogué que se quedara. Yo era la hija de Leo Gambino. Preferiría romperme mis propios dientes antes que suplicarle a un hombre que ya había elegido a otra mujer. Pero el orgullo no me salvó. Nuestra familia cayó en desgracia. Los enemigos comenzaron a acercarse, mi padre fue asesinado y yo terminé muriéndome de hambre en las calles de Nueva York. Mientras tanto, Lucas escaló hasta la cima usando la influencia de mi familia y terminó convirtiéndose en el nuevo don de Nueva York. Y entonces... abrí los ojos otra vez. Había regresado al día en que Lucas llevó a Isabella a casa por primera vez.
Haré que se arrepienta de esto - undefined nobela & mga-kwento
Tiptik
El día en que hubo un intento de asesinato contra el Don, mi esposo, el jefe de seguridad de la familia Russo, estaba ocupado apaciguando a su amante, quien había perdido los estribos y se había marchado. No lo llamé para pedir ayuda, sino que usé mi propio cuerpo como escudo para proteger al Don a pesar de que estaba en mi octavo mes de embarazo. En mi vida pasada, mi esposo dejó atrás a su amante y regresó con su equipo de soldados para salvar al Don después de que yo le pedí ayuda por teléfono. Mi esposo terminó salvando al Don y la familia lo recompensó con un ascenso, pero su amante murió en el proceso. Aunque mi esposo no dijo nada al respecto, me arrojó al tanque de tiburones el día en que estaba en labor de parto. Yo estaba cubierta de sangre cuando lo miré en busca de una respuesta. Sin embargo, lo único que hizo fue mirarme con frialdad. —¿Por qué tuviste que hacerme salvar al Don cuando él tenía tantos otros soldados para protegerlo? ¡Me obligaste a regresar porque eres una mujer interesada que solo busca fama y fortuna! ¡Si no hubiera sido por tu llamada telefónica, Aurora no habría muerto! ¡Debes pagar por todo lo que ella sufrió! Terminé siendo despedazada por los tiburones, y ni siquiera el bebé que llevaba en mi vientre se salvó. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día del intento de asesinato contra el Don.
Tras una bofetada, rechacé a mi heredero Alfa - undefined nobela & mga-kwento
September
Rowan Nightshade me abofeteó frente a sus amigos, sus guerreros y la loba a la que había estado protegiendo durante meses. El salón se quedó en un silencio sepulcral. Entonces alguien susurró: —Ella se lo merecía. Durante nueve años, había amado a Rowan como si él fuera mi destino. Soporté su frialdad, sus promesas rotas y cada vez que me dejó plantada y sola porque otra loba lo necesitaba más. Me repetía a mí misma que las cosas mejorarían. Rowan era mi compañero elegido. Tarde o temprano, él me elegiría a mí primero. Pero cuando su palma aterrizó sobre mi rostro, algo dentro de mí finalmente se rompió. Rowan pensó que yo lloraría, pediría disculpas y lo perdonaría como siempre lo hacía. En lugar de eso, salí del salón, eliminé cada forma de contactarlo y les comuniqué a ambas manadas que el acuerdo de compañeros elegidos había terminado antes del amanecer. Nadie creyó que yo realmente me marcharía. Hasta que Rowan vino a mi dormitorio esa noche, con los ojos rojos y la voz temblorosa habló: —¿Por qué, Serena? ¿Solo por una bofetada? Miré al lobo al que había amado desde la infancia. Entonces sonreí. —Sí —dije—. Por esa bofetada.
La Moretti que dejó de esperar - undefined nobela & mga-kwento
September
Le di ocho años de mi vida a Adrian Vale. Ocho años de espera, de perdones y de fingir que no dolía cada vez que elegía su orgullo, su carrera o a su amiga de la infancia antes que a mí. Siempre decía que me amaba. Siempre decía que el matrimonio era solo cuestión de tiempo. Pero, de algún modo, ese momento nunca llegaba. En la boda de mi mejor amiga, cuando el ramo finalmente cayó en mis manos, le di una última oportunidad. Solo necesitaba una frase. Una sola. En cambio, Adrian tomó el ramo de mis manos… y se lo entregó a otra mujer. Creyó que me calmaría, que volvería y seguiría esperándolo como siempre. Pero olvidó algo. Yo era Elena Moretti. Y cuando una mujer Moretti deja de esperar… jamás mira atrás.
Seis Traiciones, Un Alfa - undefined nobela & mga-kwento
September
Para complacer a Silas Blackthorn, cedí mi puesto de Luna seis veces. La primera vez, destrocé todas las lámparas de piedra lunar de la habitación y tiré su ropa bajo la lluvia. La segunda vez, lloré hasta dejar a mi loba afónica. Le preguntaba por qué tenía que ser yo quien se mantuviera a un lado. La tercera vez, le rogué que dejara al menos una maleta, pues me aterrorizaba la idea de que no regresara jamás. Cuando sucedió por quinta vez, ya había aprendido a doblar sus abrigos, prepararle el equipaje y guardar silencio para evitar su furia. Siempre me besaba la frente y juraba: —Siete días. Te prometo que será la última vez. Siempre creí en su palabra. Hasta la sexta vez. Cuando Silas me pidió que me hiciera a un lado de nuevo, le deslicé unos papeles en su escritorio sin que se diera cuenta. Firmó sin ver la portada si quiera, asumiendo que se trataba de otro formulario temporal para autorizar a una Luna sustituta. Él estaba tan ocupado pensando en esa otra hembra que no se dio cuenta de que firmó su propia condena. Para entonces, yo ya había planificado todo y él no lo sabía...
Renací para Dejar de Amarte - undefined nobela & mga-kwento
Ciprés
El día en que Valeria Guzmán y yo nos casamos, el falso heredero, Jaime Castro, se suicidó. Al segundo año de matrimonio, aquello ya nos había convertido en enemigos. Ella me odiaba porque, según ella, yo, el verdadero hijo, había vuelto y había provocado la muerte de Jaime. Y yo la odiaba porque seguía aferrada al hombre que me había robado la identidad durante veinte años. Durante diez años, nos herimos con las palabras más crueles y nos deseamos la peor de las muertes. Hasta que un terremoto lo cambió todo. Ella me cubrió con su cuerpo y, con la espalda, mantuvo abierto el único espacio por el que yo podía salir vivo. La viga cayó. Le destrozó la espalda. Antes de morir, me susurró al oído: —Si hubiera sabido que él iba a morir, habría preferido no llevarte nunca de vuelta a casa. Si hay otra vida, me basta con ser tu única familia. Al final, yo también morí durante una réplica. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado a mis años de universidad, al día en que ella iba a llevarme ante mi verdadera familia. Pero, de pronto, se echó atrás. —Esteban, me equivoqué. No eres el hijo que los Castro perdieron hace veinte años.
Ya eres Pasado, Alfa Traidor - undefined nobela & mga-kwento
Ding
Al tercer día de nuestra hostilidad silenciosa, mi pareja destinada, el alfa Cain Beckett, se llevó a Vera Anderson, su secretaria, de viaje a Roseville, con la firme intención de herirme. Creía que yo iba a armar el mismo escándalo histérico de antes. Pero, cuando volvió un mes después, se dio cuenta de que había cambiado. Cuando Cain me arrebata la negociación territorial que estaba a mi cargo y se la entrega a Vera, ya no me pongo a discutir con él, furiosa. Al contrario, me adelanto a ordenar los documentos y dejarle el papeleo listo. Para que Vera se luzca en la noche de luna llena, Cain echa abajo frente a todos el proyecto al que le dediqué tres meses. Ya no peleo con él por eso. Al contrario, asumo todo el castigo en silencio. Incluso cuando Cain decide saltarse las reglas y nombrar a Vera como Beta de la manada, me mantengo tranquila. Hasta sonrío y le doy la razón. Ella le toma la mano y dice, coqueta: —¿Ves? Te lo dije: con alguien como Leah no sirve pagarle con la misma moneda. Tienes que ignorarla por completo para que entienda. Seguro se muere de miedo de perderte al ver que ahora me haces caso a mí y ya no la consientes; por eso está tan mansita. Como era de esperarse, Cain confía plenamente en ella y la felicita por lo lista que es. Incluso, para calmarme, promete que me marcará de forma oficial durante la próxima luna llena; yo solo niego. No, ya no lo necesito; no me hace falta su marca porque pronto me iré de la manada. A partir de este momento, rompo todos mis lazos con Cain Beckett; no volveremos a tener nada que ver.
Adiós al Alfa: El secreto que me llevé - undefined nobela & mga-kwento
Bubbles
Mientras crecía, mi madre siempre me decía: elige a tu compañero destinado. De lo contrario, terminarás traicionada. Pero yo estaba convencida de que Lennox era diferente. Después de todo, él estaba dispuesto a renunciar a su puesto como Alfa por mí. Así que renuncié a mi propio compañero destinado por él. Incluso casi morí salvándole la vida, y las heridas dejaron a mi loba dormida para siempre. Pero apenas dos años después, los rumores sobre él y una Omega llamada Alice estaban por todas partes. Y como mi loba estaba dormida, no podía sentir nada. No descubrí que él había roto nuestros votos hasta que Alice apareció en mi puerta con una prueba de embarazo. Toda la Manada Stonebrook se reía de mí a mis espaldas. Lennox cayó de rodillas, con los ojos rojos e hinchados. —Lo siento. Estaba borracho esa noche. Haré que interrumpa el embarazo. Te lo juro. Miré a nuestro hijo de un año, que llevaba en brazos. Asentí y lo perdoné… solo esa vez. Después de eso, se portó bien. Fue atento, cariñoso, dedicado… hasta que un día, cinco años después, fui al gimnasio. Una joven en la máquina de al lado se estaba quejando. —Después de tener un bebé, todo allá abajo queda tan flojo… De verdad necesito hacer algo para ajustarlo. Ni siquiera me molesté en mirarle la cara. Solté una risa baja y empecé a marcharme. Entonces sonó su teléfono. Ella contestó con una voz coqueta y provocadora. —Entonces, Alfa Lennox, ¿cuándo vas a terminar por fin con esa mujer? Está vieja y perdió a su loba. ¿Acaso todavía puede satisfacerte? —Claro que no. Te extraño muchísimo, bebé. Me quedé paralizada a mitad de un paso al escuchar su voz.
De Donna Olvidada a Doctora Libre - undefined nobela & mga-kwento
KarenW
Antes de darme cuenta, me había convertido en la mujer invisible que vivía a la sombra de mi esposo, Adrian Kane, el Don de la mafia. Era un ama de casa ahogada entre quehaceres, mientras él se lucía con su secretaria, Viola, diez años menor que yo. —Viola es muy capaz —dijo Adrian una vez—. Ella sí sabe cómo ayudarme. Aquella noche se cumplía nuestro décimo aniversario. Vi un elegante vestido de diseñador y un collar sobre la mesa de la sala. Por un segundo, me sentí feliz. Pensé que Adrian por fin había decidido llevarme a la gala anual de la mafia y presentarme oficialmente como su Donna. Pero el vestido y el collar eran para Viola. Más tarde, esa misma noche, los descubrí entrando a escondidas. Adrian y Viola estaban borrachos, toqueteándose como si yo no existiera. Hice una sola llamada. —Quiero unirme a una misión de Médicos Sin Fronteras. Asígnenme a un lugar lejos de aquí. Antes de casarme con Adrian, yo tenía toda una carrera médica por delante. Pero lo dejé todo por él. Ahora era momento de elegirme a mí misma y dejar atrás todo lo que, en realidad, nunca fue mío.
Bajo la lluvia de Nueva York - undefined nobela & mga-kwento
Renata Palacios
Durante el banquete de la familia Colonetti en Nueva York, me encontré de pie en el centro del gran salón junto a más de una docena de jóvenes de distintos clanes. Todas esperábamos lo mismo: ser la elegida. Esa noche, Víctor, el heredero de los Colonetti, debía anunciar a su prometida y entregarle la reliquia de la familia: un prendedor de lirio. Como hija ilegítima, yo sabía muy bien lo que se jugaba en ese instante; si ese prendedor no terminaba en mis manos, mi destino ya estaba escrito: me enviarían a Chicago para un matrimonio arreglado. Pero Víctor, el mismo hombre que una vez me prometió una vida juntos, cambió de opinión sin previo aviso. Con una sonrisa cínica, colocó el prendedor de lirio en el vestido de la mujer que estaba a mi lado. Luego, se inclinó hacia mi oído y susurró: «Deja que tu hermana Emily tenga su momento hoy. Ella también es una hija ilegítima como tú y jamás la han valorado. No te preocupes; mientras yo esté aquí, nadie te obligará a casarte por contrato». Aunque lo miré con ojos suplicantes, él me ignoró, estiró el brazo y dejó que Emily se colgara de él. —Emily es dulce y compasiva —declaró ante todos—. Ella se merece el prendedor de lirio. Esas palabras —dulce y compasiva— me convirtieron en el hazmerreír de toda la noche. Al día siguiente, abordé un vuelo a Chicago dispuesta a desaparecer, pero entonces Víctor entró en pánico. Movió todas sus influencias y, en un acto de locura, ordenó cancelar cada vuelo que tuviera como destino Chicago.
Entre dos dones de la mafia - undefined nobela & mga-kwento
Peachy
Tres años de matrimonio con el Don Victor me hicieron creer que finalmente podría olvidar el dolor y la traición de Dominic, mi exesposo. Victor, un hombre frío y despiadado, gobernaba la delincuencia de la Costa Este con puño de hierro. Sin embargo, a mí me entregó el mundo en bandeja de plata, uniendo uno a uno mis pedazos rotos. Hasta aquella noche. Una llamada frenética del segundo al mando de Victor me despertó; me suplicaba que fuera de inmediato al hospital privado más exclusivo de Manhattan. Al llegar, la escena me heló la sangre: Victor y Dominic se enfrentaban a muerte a las puertas del área de maternidad. Con las armas en alto y rodeados por sus sicarios de élite, estaban a un segundo de desatar una guerra total entre mafias. Y en medio de los dos estaba Chloe, mi antigua mejor amiga. Su vientre delataba un embarazo avanzado. El mediador de la Comisión deslizó un acuerdo de tregua sobre la mesa, con una expresión de absoluta incomodidad. —Las grabaciones de seguridad no mienten. Esos dos dones casi vuelan el piso entero solo para decidir quién pasaba la noche en la habitación de ella. Con el cuerpo entumecido por el golpe, firmé los papeles en mi calidad de la dona de la familia Costello. En la habitación ya se apilaban las vitaminas prenatales que Victor le había comprado. Mientras tanto, sus hombres y los de Dominic seguían discutiendo por el calendario: cómo se dividirían la semana los dos capos para acompañar a Chloe, tres días cada uno. Cuando me acerqué a la cama, los dos hombres que hace un momento querían degollarse ahora la custodiaban a ambos lados. Victor protegía el vientre de Chloe. Esos mismos labios que solían besar cada centímetro de mi cuerpo, escupieron palabras que me congelaron el alma: —Yo la obligué. Si tienes algún problema, arréglalo conmigo. Dominic, mi exesposo, me lanzó una mirada feroz y llena de veneno: —Mantén a raya a tu perro rabioso de esposo. ¡Dile que deje de acosar a mi mujer! Negué con la cabeza lentamente. Al presenciar semejante farsa, las lágrimas comenzaron a rodar en silencio por mis mejillas. El amor de un mafioso... al final, no es más que una burda mentira. Victor, a ti tampoco te quiero ya.
Adiós, Alfa: Mi Hijo y Yo nos Vamos Lejos - undefined nobela & mga-kwento
Echo
Al descubrir que mi compañero Alfa, Bruce, no podía superar a su excompañera, Fiona, ni a su cachorro, empecé a enseñarle a nuestro hijo que lo llamara “Alfa Bruce”. Cuando a nuestro hijo le dio fiebre, Fiona llamó y mi compañero se fue a mitad de la noche. Toqué la frente hirviente de mi pequeño y le pedí que dijera: “Adiós, Alfa”. Cuando dejó plantado a nuestro hijo en la fiesta de cumpleaños que le había prometido porque Fiona llamó llorando para decirle que su cachorro no tenía padre, no levanté ni la mirada. Me limité a pedirle al niño que les explicara a los invitados: “El Alfa tiene algo importante que hacer”. Una frase que nuestro hijo siempre pronunciaba tras dudar por un largo rato. Solo cuando Bruce comprendió lo mucho que nos había fallado, sugirió que nos tomáramos un retrato familiar. Pero ya en el estudio, Fiona volvió a llamar entre sollozos. —Bruce, ¿puedes venir a hacerte pasar por el papá de Tony, por favor? En la guardería los niños se burlan de él porque no tiene papá... Bruce dejó ver un asomo de culpa. Ya iba a arrodillarse para explicárselo a nuestro hijo. Pero esta vez el pequeño no necesitó mi seña. Se limitó a despedirse con la mano. —Está bien, Alfa Bruce. Vete con tu otro cachorro. Con mamá y conmigo basta para la foto familiar.
El Prometido que Mi Amiga Me Robó - undefined nobela & mga-kwento
September
Cinco años después de la desaparición de Luca Bellandi, volví a encontrarme con él en la boda de mi mejor amiga. Él era el novio. Y yo, apenas una dama de honor. Sophia, mi mejor amiga más cercana y la novia, se aferraba a mi brazo con una sonrisa radiante mientras me contaba su historia de amor. —Fui yo quien salvó a Luca después de su accidente de coche. Me enteré de que, por aquel entonces, tenía una prometida, pero, aun así, lo llevé en secreto al hospital privado de mi familia para que recibiera tratamiento. —Hizo una pausa, sonriendo con ilusión, antes de añadir—: Deberías dejar de buscar a tu prometido desaparecido. Todos los padrinos de esta boda son muy guapos. ¡Déjame presentarte a alguno!
Fui Su Broma, Ahora Me Perdió - undefined nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Desde hacía años, cada vez que se acercaba nuestro aniversario, mi novio, Nicolás Padilla, le seguía la corriente a su amiga de la infancia, Beatriz Aguirre, y fingía pedirme matrimonio como parte de una broma. El año pasado, cuando me puse el anillo llena de ilusión, el mecanismo del anillo de utilería se trabó de golpe y me apretó tanto el dedo que grité de dolor. Nicolás me pidió perdón y me prometió que este año sí me pediría matrimonio en serio. Me arreglé con todo cuidado y llegué al lugar donde Nicolás me había pedido que fuera su novia seis años atrás, pero lo primero que recibí fue una capa de crema en plena cara. Nicolás se acercó y me limpió los restos de crema con ternura. Pero yo di un paso atrás. Después de tantas decepciones acumuladas durante seis años, decidí terminar con él. Entonces, ¿por qué Nicolás enloqueció de arrepentimiento?
Mi amado salió a correr - undefined nobela & mga-kwento
Lady Drunk
Después de que quedé embarazada, mi esposo salía a correr todas las noches. Una noche, salió con tanta prisa que solo se puso el reloj inteligente. Olvidó llevar su teléfono. Por accidente vi los mensajes que le había enviado a una compañera de trabajo. "¿Quieres venir a cenar gratis? Y tal vez... ¿Probar un poquito de mí también?" "La verdad, esta noche no tengo mucho apetito... excepto de probarte a ti." El estofado de pollo que me dio de cenar esa noche se revolvió en mi estómago. Si mal no recuerdo, él acababa de presentarle a esa misma compañera de trabajo a mi hermano.
El traidor regresó arrastrándose - undefined nobela & mga-kwento
Teresa Romero
Recibí la noticia de la muerte de mi esposo, pero no derramé ni una sola lágrima. En cambio, recuperé de inmediato sus acciones y registré su fallecimiento de manera oficial. ¿Por qué? Porque había renacido. En mi vida anterior, mi familia había adoptado a tres niños para que crecieran a mi lado, y los tres eran posibles candidatos a convertirse en mi esposo. Como yo era la heredera de la familia más rica del país, mi padre temía que no fuera feliz si me casaba con alguien ajeno a nuestro círculo. Por eso, elegí a Jayden, el más competente de los tres. Sin embargo, apenas tres días después de la boda, murió. Sumida en el dolor, renuncié a volver a casarme. Y, convencida por Jesse y Joel, pasé el resto de mi vida como viuda. Al cumplir ochenta años, viajé a Massalia, el lugar donde una vez nos habíamos jurado amor eterno. Allí me encontré con Jayden, quien supuestamente había muerto sesenta años atrás. Vivía con mi criada, alguien que había desaparecido hacía décadas. Rodeado de hijos y nietos, llevaba una vida feliz y plena. Cuando comprendí que me habían engañado durante toda la vida, la rabia me consumió. De repente, todo se volvió negro ante mis ojos. Morí allí mismo de una hemorragia cerebral. Al despertar, había regresado al día en que recibí la noticia de su muerte. ¡Veamos cómo pretendía seguir viviendo un hombre que ya debería estar muerto!
La noche en que las dos dimos a luz - undefined nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Una vez jugué con un universitario. Cuando se enamoró de mí, terminé con él. Años más tarde, cuando se convirtió en alguien exitoso, se casó conmigo delante de todos los que pensaban que yo tenía suerte de tenerlo. Mi familia cayó en desgracia y, a ojos de los demás, me había sacado la lotería. Lo que nunca vieron fue lo que ocurría en privado. Cada noche llegaba a casa con una mujer diferente. Nunca lloré. Nunca armé un escándalo. Eso solo pareció enfurecerlo aún más. Entonces decidió ir más lejos. Dejó embarazada a propósito a Natalie, su primer amor. Como aún conservaba la calma, me acorraló contra la pared y me preguntó: —Stella, ¿acaso me amas? Más tarde, Natalie y yo entramos en trabajo de parto la misma noche. Caí de rodillas y finalmente le confesé que lo amaba. Le rogué que me llevara al hospital. Me abrazó con fuerza, incapaz de ocultar su satisfacción. —Lo sabía —dijo—. Eres una mentirosa. Entonces me apartó bruscamente, tomó a Natalie en brazos y se marchó sin mirar atrás. —Después te llevaré al hospital. El dolor del parto será tu castigo.
La verdadera princesa de la mafia - undefined nobela & mga-kwento
Ginger
Era la hija de un Don de la mafia. El día que conocí a Ethan, él se enamoró de mí a primera vista. Cuando encontré en su bolsillo el recibo de una lujosa boutique, él se justificó: —Es un regalo para la esposa de otro capo. Hay que hacer las cosas bien en este negocio. Le creí. La segunda vez, encontré en su auto un arete que no me pertenecía. Su amigo me aseguró que era de su novia y que no debía darle tantas vueltas. Luego vino una tercera vez, una cuarta… Siempre que descubría algo, alguien tenía una explicación perfecta. Sin embargo, a la décima vez, saqué una caja de preservativos de debajo de la cama y se la agité frente a los ojos. —¿De quién es? Nosotros nunca hemos usado esta marca. Dejó de anudarse la corbata. Con un suspiro de cansancio, hizo una llamada. —Miller, ¿dejaste una caja de condones la última vez que te quedaste en el apartamento? Al otro lado de la línea, mi hermano respondió de inmediato: —Sí, me preguntaba dónde la había dejado. Lo siento por eso. ¿Mi hermana está dudando de ti otra vez? Enseguida, mi cuñada, quien además era mi mejor amiga, tomó el teléfono para sermonearme: —Michelle, la confianza es la base de cualquier relación. No puedes seguir dudando de Ethan. ¡Si no eres capaz de confiar, entonces no te cases! No des por sentado su amor. Al terminar la llamada, Ethan extendió las manos con gesto de fastidio. —Michelle, ¿podemos dar esto por terminado? Es la décima vez. Como dijo tu cuñada, si no puedes confiar en mí, entonces no... —Exacto —asentí—. No nos casemos. Él jamás habría podido adivinar que esa caja de condones no le pertenecía a nadie más; yo misma la había comprado y la había escondido ahí a propósito. Ese simple objeto expuso la vil podredumbre detrás de nuestro supuesto amor.
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