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Plot & Setting

31
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Arrepentirse
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18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
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Matrimonio
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12
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Giro Inesperado
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Múltiples Perspectivas
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Independiente Short Stories & Novels

Discover a collection of enchanting Independiente short stories that explore the depths of passion. Perfect for readers seeking one-hour short stories to inspire and ignite their imagination about Independiente.
La Falsa Traición, los Años Perdidos - undefined novels & stories
MIA
Cuando Samuel Ledesma trajo a su nueva amante a casa por décima octava vez y hicieron el amor frente a mí, yo solo me limité a recoger en silencio la ropa que habían dejado tirada por todo el suelo. Sabía que eso era su venganza. Hace cinco años, sufrió un secuestro y estuvo a punto de morir. A pesar de sus súplicas desesperadas, yo decidí romper con él y marcharme del país. Cinco años después, se convirtió en el presidente de una empresa que cotizaba en bolsa y usó su dinero para mantenerme a su lado como su asistente. Cada cierto tiempo, traía a diferentes mujeres a casa y me mostraba, justo delante de mí, lo enamorados que estaban, solo para humillarme. Pero él no sabía que la persona que lo salvó de los delincuentes hace cinco años fui yo, y que la que no ha podido olvidarlo durante estos cinco años también era yo. Hasta que esta vez, la mujer que trajo a casa fue mi prima Judith, a quien yo había financiado durante años. Cuando ella, con una sonrisa de triunfo, acariciaba su vientre y me dijo que estaba embarazada de Samuel, yo simplemente la felicité con calma. Luego me di la vuelta y marqué un número. —Hola, respecto al proyecto de apoyo médico en la zona epidémica del que hablamos antes, ya lo he pensado bien. Estoy dispuesta a unirme.
Renací el Día del Secuestro - undefined novels & stories
Mencía Pérez Juárez
Durante mi viaje de graduación con mi novio, Alfredo Barraza, nos secuestraron en un lugar apartado. Los secuestradores me agredieron sexualmente. Para salvarlo, me vi obligada a ganar tiempo y enfrentarme a ellos. Logré que Alfredo escapara, llamara a la policía y volviera con ayuda. Pero, después de que me rescataron, empezó a circular un video de la agresión. Todos me señalaban y me insultaban: —¿Esa no es la mujer que se revolcó con dos tipos en medio del campo? —La secuestraron y aun así parecía que hasta lo disfrutaba. Qué enferma. —¿Cómo alguien así todavía tiene cara para seguir viviendo? No tiene vergüenza. Le exigí a Alfredo que me dijera de dónde había salido el video, pero él evitó responder. Hasta quiso terminar conmigo. —Estoy a punto de entrar a trabajar en una empresa importante. No puedo tener una novia con esa reputación. Me das asco. Cuando estaba completamente desesperada, alguien me empujó desde la azotea. Al volver a abrir los ojos, había regresado al día en que nos secuestraron.
Esa Mirada Fue Suficiente - undefined novels & stories
Fuego Flamengo
En la reunión familiar, mi esposo, el Don de la mafia, le dirigió apenas una mirada a su secretaria. Eso bastó para que me diera la vuelta y me fui, cancelé la celebración de nuestro aniversario de bodas y decidí que ya había terminado con él, por lo que me apresuré a firmar los papeles de divorcio que había preparado hacía mucho tiempo. Cuando Matteo Santoro vio el acuerdo, me llamó de inmediato, con la voz tensa, por la furia apenas contenida. —¿Qué intentas hacer esta vez? ¿De verdad es solo por haber mirado a Elena? —Sí —respondí—. Porque la miraste.
Gemela mala, compañero equivocado - undefined novels & stories
Beatriz Aguilar
Cuando las campanas de nuestra ceremonia de unión comenzaron a sonar, mi compañero destinado, el Alfa Killian, no aparecía por ninguna parte. Antes de que pudiera cuestionar su ausencia, un video enviado por mi madre llegó al chat familiar: Killian estaba arrodillado en el salón de eventos de al lado y le ponía el Anillo Celestino, el máximo símbolo del estatus de una Luna, a mi gemela, Daisy. La manada aplaudía y mi padre estaba parado junto a ellos con una expresión orgullosa. Daisy sollozaba apoyada en el hombro de Killian mientras él le acariciaba la espalda con ternura, como si ella fuera su hembra. Recogí el ruedo de mi vestido, dispuesta a ir hasta allá para exigir una explicación, pero el enlace mental de mi madre irrumpió con brusquedad en mi mente. —Freya, Daisy es tu hermana. Siempre ha sido frágil y jamás podría estar a tu nivel. Cédele tu lugar esta vez. —¿Por qué me ocultaron esto? —pregunté con la voz temblorosa. —Porque siempre peleas con Daisy —respondió mi madre—. Si te lo hubiéramos dicho, habrías hecho un escándalo. ¿Y si recaía por el envenenamiento con acónito? Tu loba es fuerte; podrás tener otra ceremonia después. Somos familia; no lo arruines por algo tan insignificante. Me mareé. No pude pronunciar ni una palabra. Resulta que mi compañero destinado y el título de Luna no eran las únicas cosas de las que podían deshacerse sin más; también podían desecharme sin pensarlo. Si así querían que fueran las cosas, les daría el gusto. A partir de ese momento, mi relación con la manada terminó.
Me Llamaron Zorra por un Perfume - undefined novels & stories
Valentina Victoria
Pedí unos días libres para asistir como dama de honor a la boda de mi mejor amiga. Apenas aterricé, ella ya me tenía preparados un celular de último modelo, un bolso de diseñador y, además, me había hecho una transferencia de 50 mil dólares. —Es un detalle por haber venido hasta acá. Aunque me vaya a casar, tú sigues siendo la persona más importante de mi vida. Me emocioné muchísimo. Al día siguiente, me levanté muy temprano, me puse el vestido de dama de honor y fui a buscarla. Carmen Silva se estaba maquillando. Al verme entrar, se volvió hacia mí, emocionada, y me hizo señas para que me acercara. Pero apenas me acerqué, su expresión se enfrió de golpe. —¡Zorra, lárgate de mi boda ahora mismo! Me quedé helada.
El traidor regresó arrastrándose - undefined novels & stories
Teresa Romero
Recibí la noticia de la muerte de mi esposo, pero no derramé ni una sola lágrima. En cambio, recuperé de inmediato sus acciones y registré su fallecimiento de manera oficial. ¿Por qué? Porque había renacido. En mi vida anterior, mi familia había adoptado a tres niños para que crecieran a mi lado, y los tres eran posibles candidatos a convertirse en mi esposo. Como yo era la heredera de la familia más rica del país, mi padre temía que no fuera feliz si me casaba con alguien ajeno a nuestro círculo. Por eso, elegí a Jayden, el más competente de los tres. Sin embargo, apenas tres días después de la boda, murió. Sumida en el dolor, renuncié a volver a casarme. Y, convencida por Jesse y Joel, pasé el resto de mi vida como viuda. Al cumplir ochenta años, viajé a Massalia, el lugar donde una vez nos habíamos jurado amor eterno. Allí me encontré con Jayden, quien supuestamente había muerto sesenta años atrás. Vivía con mi criada, alguien que había desaparecido hacía décadas. Rodeado de hijos y nietos, llevaba una vida feliz y plena. Cuando comprendí que me habían engañado durante toda la vida, la rabia me consumió. De repente, todo se volvió negro ante mis ojos. Morí allí mismo de una hemorragia cerebral. Al despertar, había regresado al día en que recibí la noticia de su muerte. ¡Veamos cómo pretendía seguir viviendo un hombre que ya debería estar muerto!
La Falsa Demencia de la Donna - undefined novels & stories
Echo
Durante tres años fui la Donna de los Valenti, una familia que no dejaba de ganar poder. Un día, Enzo se reunió en un club privado de puros. Como me preocupaban sus problemas de estómago, fui a llevarle sus antiácidos de siempre. Me quedé afuera del salón privado y escuché reír a sus hombres. —Don Enzo, ¿de verdad va a seguir escondiendo a Clara en la mansión de Lago Plateado toda la vida? —Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti. Enzo se masajeó el puente de la nariz. —Si no se hubiera llevado un balazo en la cabeza por salvarme ni perdido la razón, y de no haber necesitado yo con tanta urgencia el dinero de su familia, jamás me habría involucrado con una mujer ajena a esta vida. Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad: —Pero Clara es mi esposa legal. El fideicomiso familiar y el acta de matrimonio del registro civil están a su nombre. Stella no es más que un juguete que tengo guardado en la casa principal. En cuanto Clara dé a luz a un heredero, la traeré a casa para siempre. Apreté la caja de antiácidos hasta que mis nudillos palidecieron; el cartón se arrugó en mi mano. En la iglesia, él había intercambiado conmigo juramentos de sangre y anillos, pero fue Clara quien firmó los papeles en el registro civil. Me tomó por estúpida con tal de proteger la reputación de esa mujer. Apretando la caja contra mi pecho, di media vuelta y volví a perderme entre las sombras. Él no tenía ni idea de que yo había recuperado la cordura hacía tres días. Jamás se imaginaría que ya le había enviado un mensaje cifrado a mi hermano, quien dirigía un imperio empresarial desde nuestro hogar en Solaria, al otro lado del océano. Estaba harta de cargar con ese maldito título de los Valenti.
Sí, todo se trata de la tarjeta de recompensas. - undefined novels & stories
Perfect Timing
La noche en que regresé de mi viaje de trabajo, me llamaron de la farmacia. Me dijeron que esa tarde habían rechazado mi tarjeta de recompensas cuando intentaron usarla y que debía recargarla. Adrian estaba en la cocina, completamente concentrado en preparar la cena. Le pregunté qué había comprado. Sonrió y sacó una caja de suplementos. —Últimamente trabajo hasta muy tarde. El corazón me ha estado dando problemas, así que compré unas vitaminas para fortalecerlo. No dije nada. Suspiró y sacó una tarjeta bancaria. —Ya sé que te importa mucho el dinero. Usé tu tarjeta de recompensas por accidente. Te lo devolveré diez veces. ¿Trato hecho? Normalmente, la habría aceptado. Esta vez, no. Solo lo miré. —Divorciémonos.
Descubrí el Fraude de mi Matrimonio - undefined novels & stories
Eternity
Cuando Adriano Morelli se dio cuenta de que no le había pedido ni un centavo para los gastos de la casa, me llamó por primera vez en meses. —Serafina — dijo, con esa voz suave y paciente que usaba para dominarme —. Ya arreglé lo de la clínica. Estás en prioridad de nuevo. ¿Lo ves? Cuando dejas de complicar las cosas y aprendes cómo funciona esta familia, yo me encargo de que estés bien. Siempre sonaba más amable cuando me recordaba quién tenía el poder. Lo que él no sabía era que, para cuando su nombre iluminó mi pantalla, los documentos de divorcio ya estaban redactados. A los ojos del mundo, lo tenía todo: un penthouse vigilado, chofer personal y ropa de diseñador. Pero, sobre todo, tenía el apellido del hombre más temido de la ciudad. Sin embargo, nada me pertenecía. Cada centavo de las tarjetas estaba monitoreado y el efectivo debía ser aprobado. El personal no se movía sin la venia de Viviana Costa; sus órdenes siempre iban antes que las mías. Mi presupuesto, mi agenda y hasta el acceso a la oficina de la familia... todo pasaba por sus manos. Adriano lo llamaba conveniencia. Tres días antes, me habían llevado de urgencia a una clínica privada. La sangre empapaba mi vestido mientras un médico me explicaba que aún había posibilidades de salvar al bebé, siempre y cuando se pagara el depósito de emergencia. Llamé a Adriano hasta que me temblaron las manos. Viviana atrasó la transferencia. Primero dijo que no tenía autorización; luego, que el monto era demasiado alto; después, que Adriano estaba en una reunión y no se le podía interrumpir por algo que tal vez no fuera grave. Para cuando el dinero llegó, ya era tarde. Había perdido a mi bebé. Me quedé con Adriano por dos razones: lo amaba y creía que me elegiría por encima de todo. Me equivoqué en ambas. Nuestro hijo murió primero. Mi matrimonio murió con él.
El Velo de la Venganza - undefined novels & stories
Surpluma
El todopoderoso del círculo de élite en la capital, Leonardo Cruz, iba a casarse con mi hermana Valeria. Todo el mundo decía que era un pervertido impotente, y que casarse con él era condenarse a una vida de sufrimiento. Valeria lloraba desconsolada, como una actriz de telenovela. Yo la llevé aparte y le susurré: —Me casaré en tu lugar, pero tú tienes que ir al pueblo y cuidar la caja fuerte bajo la tumba de mamá. No puedes tocarla en tres años. Ella creyó que estaba llena de una herencia millonaria, así que aceptó encantada. Mientras miraba su rostro codicioso, no pude evitar soltar una risa fría por dentro: "Querida hermana, cuídala bien. Quiero ver si de verdad puedes sostener toda esta fortuna que estás a punto de recibir."
Fui El Reemplazo De Mi Hermana - undefined novels & stories
Shirley
Tras la muerte de mi hermana, firmé un contrato matrimonial por cinco años con su esposo, Horton Falcone, un hombre de la mafia. Me convertí en la madrastra de mi sobrino de cinco años, Luca. El día de mi cumpleaños, me puse el collar con la cruz de diamantes de mi difunta hermana, sin darme cuenta de lo que representaba. Durante la cena familiar, Luca se me acercó con una copa de vino tinto y me la aventó a la cara. El vino tinto escurrió por mis mejillas; su olor penetrante me ardía en los ojos y manchaba mi vestido blanco. Echó la cabeza hacia atrás para mirarme; tenía los ojos tan crueles como los de su padre. —No creas que vas a reemplazar a mi mamá nada más porque te casaste y entraste a la familia Falcone —dijo con una sonrisa maliciosa—. Tú tienes la culpa de que esté muerta. Ojalá te hubieras muerto tú. Así podría romper tu lápida en vez de celebrar este cumpleaños estúpido. ¡Cuando sea grande, voy a tirarte al Río Hudson! El recuerdo ardía tanto como el vino, y lo único que me quedaba era un sabor a desesperanza. Me quedé mirando al niño que había criado como propio durante cinco años y sentí mucho dolor. Había pensado que podía entregarme a la familia Falcone, que podría ganármelo con mi cariño. Pero ahora, ya estaba harta. Era una familia sin amor, con un niño que me veía como su enemiga. Dejé de engañarme. Era hora de dejarlo ir. Pero después de irme, ese padre arrogante y su hijo regresaron arrastrándose hacia mí como perros para suplicar mi perdón.
Adiós, Alfa: Mi Hijo y Yo nos Vamos Lejos - undefined novels & stories
Echo
Al descubrir que mi compañero Alfa, Bruce, no podía superar a su excompañera, Fiona, ni a su cachorro, empecé a enseñarle a nuestro hijo que lo llamara “Alfa Bruce”. Cuando a nuestro hijo le dio fiebre, Fiona llamó y mi compañero se fue a mitad de la noche. Toqué la frente hirviente de mi pequeño y le pedí que dijera: “Adiós, Alfa”. Cuando dejó plantado a nuestro hijo en la fiesta de cumpleaños que le había prometido porque Fiona llamó llorando para decirle que su cachorro no tenía padre, no levanté ni la mirada. Me limité a pedirle al niño que les explicara a los invitados: “El Alfa tiene algo importante que hacer”. Una frase que nuestro hijo siempre pronunciaba tras dudar por un largo rato. Solo cuando Bruce comprendió lo mucho que nos había fallado, sugirió que nos tomáramos un retrato familiar. Pero ya en el estudio, Fiona volvió a llamar entre sollozos. —Bruce, ¿puedes venir a hacerte pasar por el papá de Tony, por favor? En la guardería los niños se burlan de él porque no tiene papá... Bruce dejó ver un asomo de culpa. Ya iba a arrodillarse para explicárselo a nuestro hijo. Pero esta vez el pequeño no necesitó mi seña. Se limitó a despedirse con la mano. —Está bien, Alfa Bruce. Vete con tu otro cachorro. Con mamá y conmigo basta para la foto familiar.
Amor, Traición y Venganza: mi segunda vida - undefined novels & stories
Zafira
En mi vida pasada, obligué a Diego Ramírez —hijo de una familia en quiebra— a casarse conmigo usando como excusa el hijo que llevaba en mi vientre. El día de la boda, su amor verdadero dejó una carta de despedida antes de lanzarse al mar: “Al final, el verdadero amor nunca puede vencer al poder. Me rindo.” Cuando Diego recibió la noticia, no mostró la menor reacción; incluso sonrió mientras terminaba la ceremonia conmigo. Pero medio año después, el día del aniversario luctuoso de esa mujer, nos llevó a mí y a mi hijo de tres años a bucear. Me arrancó la manguera de oxígeno a mí y a mi hijo bajo el agua, y los dos fuimos ahogados vivos. Tras mi muerte, vi cómo colocaba mi cadáver frente a la tumba de su amada, pidiéndole perdón. “Carmen, ya vengué tu dolor. Si allá, donde descansas, lo supieras, ¿te daría alegría?” Al abrir los ojos de nuevo, regresé a aquella noche en que usé a mi hijo para obligarlo a casarse conmigo.
La zorra plateada que rompió nuestro vínculo - undefined novels & stories
Serein M
El día de mi cumpleaños recibí una caja de regalo. Dentro había una zorra plateada muerta. Le habían arrancado toda la piel y grabado runas oscuras y profanas en la carne. Mi loba lanzó un grito desgarrador. Después, se hizo añicos. Desesperada, busqué a mi Alfa, Darian, a través de nuestro vínculo de compañeros. —Darian... ayúdame... Mi loba... Mi corazón... Su respuesta fue tan fría como el hielo. —Maeve, deja de exagerar. Solo es una broma. Una Luna debería ser capaz de soportarlo. Amara tiene fiebre. Estoy con ella. Cortó el vínculo de inmediato. Eligió a su amiga de la infancia antes que a mí. Su compañero había muerto hacía poco y solo tenía una fiebre leve. Yo me desplomé mientras el dolor me consumía. No recibí ayuda hasta que un Beta de la manada me encontró y me llevó al centro de sanación. Me tomó tres días recuperarme. Cuando Darian por fin regresó, impregnado del dulce aroma de Amara, me miró con desprecio. —Sabía que lo estabas fingiendo. ¿Cómo podría una zorra muerta hacerte daño? Solo querías impedir que fuera a consolar a Amara. No lloré. No discutí. Solo le entregué un documento para que lo firmara. Le dije que era una compensación por haber elegido a Amara antes que a mí. Lo firmó sin siquiera mirarlo. —¿Todo esto es por dinero? No seas otra loba celosa. No me causes problemas. Puedo darte todo lo que quieras. Amara y yo crecimos juntos. Es muy importante para mí. Lo sabes. Asentí sin decir una sola palabra. Al día siguiente, llevó a Amara a una cena exclusiva para Alfas organizada por la Alianza. Las fotografías inundaron las redes sociales de la comunidad de los hombres lobo. No tenía la menor idea de lo que había firmado. No era un acuerdo de compensación. Era la disolución de nuestro vínculo de compañeros. Conté los tres días. Empaqué con calma las cosas que más valoraba. Después saqué mi teléfono desechable. —¿Tío Marcus? Necesito un jet privado con destino al sur.
Antes de casarme, desperté - undefined novels & stories
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
Mi hermana Es Libre y el Alfa, loco - undefined novels & stories
Yumi
Renací la noche en que el Alfa perdió el control a causa de la magia oscura y su celo se desbordó por completo. Esta vez, no me convertí en su remedio. En lugar de eso, llamé a su verdadero amor: mi propia hermana. En mi vida pasada, me enamoré de Nicholas, el Alfa de nuestra manada. Cuando descubrí que había sido maldecido por una antigua magia oscura y que no podía controlar su celo, tomé una decisión que nunca debí tomar. No lo rechacé. Un mes después, descubrí que estaba embarazada. Como Alfa, Nicholas necesitaba un heredero. El Consejo de Ancianos lo obligó a celebrar una ceremonia de marcación conmigo. El día de la ceremonia, Leah no pudo aceptarlo. Huyó del territorio de la manada. Unos lobos rogue la atacaron. Antes de morir, Leah le envió a Nicholas noventa y nueve señales de auxilio a través del vínculo mental. Pero Nicholas estaba en medio de la ceremonia de marcación —por petición mía— y no respondió ni una sola vez. Después, cuando la manada trajo de vuelta lo que quedaba del cuerpo de Leah, su rostro permaneció inquietantemente sereno. Pero la noche de la primera luna llena de nuestro cachorro, me envenenó con acónito de lobo. Antes de morir, escuché su voz, fría como el hielo: —Si no hubieras quedado embarazada, no me habrían obligado a marcarte. No me habría perdido la llamada de auxilio de Leah. Su muerte es culpa tuya. Y vas a pagarlo. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado a la noche en que Nicholas cayó víctima de la maldición.
Persiguiendo a su donna abandonada - undefined novels & stories
Rose
Después de perder a mi bebé, finalmente abandoné todos los hábitos que tanto le molestaban a Matteo Cassano. Él prefería pasar la noche con Seraphina; yo dejé de marcarle al teléfono. Podía desaparecer de la casa por días; yo dejé de quedarme despierta esperándolo. El día del accidente de tránsito, con la pierna fracturada, solo le pedí al médico una cosa: «A él no lo llame». Curiosamente, mi nueva actitud comenzó a molestarlo. Le irritaba mi paz y no dejaba de exigirme explicaciones de por qué lo trataba con tanta indiferencia. Nunca le dije que ya había firmado los papeles del divorcio y que había aceptado la invitación para participar en un proyecto de investigación médica altamente confidencial en Zúrich. En siete días, cortaría por completo cualquier comunicación con el mundo exterior. Matteo asumió que yo solo estaba haciendo un berrinche. Estaba convencido de que volvería a él tarde o temprano, tal como lo había hecho incontables veces en el pasado. Cuando la notificación del divorcio llegó a la mansión Cassano, finalmente comprendió que me lo había llevado todo y que había cortado todas las vías de contacto conmigo. La mujer que alguna vez lloraba por él si se retrasaba tan solo una hora en llegar a casa, jamás volvería a mirarlo.
Donde el amor me dejó vacía - undefined novels & stories
Dalia
El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
Oí a Mamá Muerta y Cambié Mi Destino - undefined novels & stories
Irma Navarrete
Paul Vargas y yo nos desmayamos al mismo tiempo cuando un balón de básquetbol nos golpeó en la cabeza. Cuando desperté, de pronto oí la voz de mi mamá fallecida. —Mi niña, no vuelvas a dejarte engañar por Paul. Ese muchacho solo finge que perdió la memoria para manipularte y quedar bien con Margarita. Me quedé helada. Miré a Paul, que acababa de despertar, y lo escuché preguntarme: —¿De qué familia eres tú? —Mi niña, dentro de poco tu papá te va a pedir que elijas a un niño para que sea tu hermano mayor. Esta vez no elijas a Paul. Elige a Antonio. Aunque siempre pone esa carita seria y se la pasa llevándote la contraria, cada vez que van a las prácticas de campo, él carga tu cantimplora a escondidas. Antes de que pudiera reaccionar, tal como había dicho mi mamá, mi papá se acercó con varias fotos de niños en la mano. —Mi niña, todos ellos son huérfanos, hijos de héroes caídos. Estoy pensando en adoptar a uno para que sea tu hermano. Elige tú. De ahora en adelante, él será parte de nuestra familia. Esta vez no dudé. Señalé directamente a Antonio Maldonado. —Lo elijo a él.
Mi Novio Me Encerró por una Apuesta - undefined novels & stories
María Ortiz
La noche en que debíamos salir de viaje, mi novio, Luis Castillo, me etiquetó en el grupo de WhatsApp. —Revisa tu reserva. Abrí la reserva y vi que estaba cancelada. La reserva había sido cancelada tres días antes. No había alcanzado a escribir nada cuando empezaron a aparecer mensajes uno tras otro. Laura Aguilar, mi mejor amiga, escribió: "Luis y yo apostamos a que no revisarías la reserva antes de salir. Yo dije que no lo harías, pero él te avisó. ¡Eso es hacer trampa!". Luis: "Ya déjalo. Igual perdiste: apenas se dio cuenta. Que compre otro boleto y listo. Lo único es que ya no quedan asientos juntos". Para ellos, todo aquello era muy divertido. No era la primera vez. Ya habían hecho una apuesta sobre cuántos días tardaría en descubrir que habían cambiado nuestra habitación doble por una triple compartida y que yo tendría que dormir en una cama plegable. En otra ocasión, hicieron una apuesta sobre si me daría cuenta de que habían reemplazado la única visita prevista a un museo de arte por una actividad que solo les interesaba a ellos. Cada vez que les decía que algo me molestaba, respondían lo mismo: —¿Cómo íbamos a saberlo si no decías nada? Pero ellos nunca preguntaban. No compré otro boleto para acompañarlos. Abrí un buscador de vuelos y compré un boleto a Velkora, en Norevia. Iba a ver la aurora boreal aunque hiciera quince grados bajo cero. Quizá ir sola fuera justo lo que necesitaba.
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