La obsesión de un Ángel.
No lo comprendía, como tampoco entendía porque no se asustaba, ella se sentía bien en sus brazos.
— ¿Por qué estás aquí? — preguntó perdida en su mirada, atontada ante la oscuridad de esos ojos, nunca había visto ojos tan oscuros, era como si no tuviera pupilas, negros como la noche más oscura sin luna que existiera, era la primera vez que los podía ver tan de cerca y por supuesto, que era consciente de la altura de su jefe, por lo que no hizo amague alguno para bajarse, después de todo, cuando él notara su peso, la bajaría.