Lazos Oscuros
Sirvo y serviré ciegamente a la causa porque les pertenezco.
—No —negó el pelinegro notando también el sinfín de cicatrices en su espalda, eran más y más heridas que con el tiempo solo habían dejado una marca —. Tú no tienes un dueño, eres libre.
Se lanzó y la abrazó por la espalda. Rodeó aquella figura dañada con sus brazos, y besó cada cicatriz que vio mancillado tan perfecta piel. Ekaterina era un ser herido y él quiso abrazar cada herida hasta verla sanar, pero sin dejar cicatriz. La razón, no la tenía clara, pero era cruel ver a una persona tan mancillada, aún más cuando todo pareció pasar contra su voluntad. No le dieron una vida, solo misiones, destrozaron aquella alma.