TE ODIO, TE AMO
—decidí preguntar después de que suspirara por lo que parecía ser la décima vez en menos de un minuto.
—¿Cómo se supone que voy a estar bien cuando tu jefe ha decidido convertirse en una espina clavada en mi carne? —respondió, con la voz cargada de una clara molestia y rabia.
—Claro —dije, decidiendo dejarla en paz.
—¿Quiénes eran esos tipos que me estaban siguiendo? —preguntó, sin apartar la mirada de la ventana.
—Se les conoce como las Sombras, y lo último que quieres es ponerte en su camino, especialmente siendo alguien como tú —respondí, apartando la mirada de ella para concentrarme de nuevo en la carretera.