La Boda que Nunca Notó
Y, al darme la vuelta, Ted estaba ahí, de pie.
En la mano llevaba una caja de regalo: negra y dorada, con el logo bien visible de una marca de lujo italiana.
—¿Una boda? —preguntó, frunciendo apenas el ceño—. ¿Quién se va a casar?
Se quedó rígido, atento, receloso.
—Definitivamente yo no —dije con ligereza.
Sonreí y negué despacio con la cabeza.