Legítima
Alexander, del que me acababa de enterarme de que era mi mate, olía a otra loba y no era cualquier olor, era el olor del aparcamiento.
¡Que como lo sé, en esta época, que el adolescente o joven no conoce ese olor!
En fin, lo cierto era que antes de reconocernos ya mi compañero estaba decepcionado.
—Señorita Sullivan—me saludó.
—Alfa—le dije con la mirada fija, sin expresión.
Él continúa su camino hacia las escaleras, observando cómo su espalda se alejaba, me surgió una duda y era si él también sabía que yo era su compañera.