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Después de 99 decepciones, ya no quiero su amor

Después de 99 decepciones, ya no quiero su amor

El día de mi boda, mi hermana menor regresó al país de improviso. Mis papás, mi hermano y mi prometido me dejaron sola y se fueron al aeropuerto a recibirla. Mientras ella subía a sus redes una foto grupal, presumiendo que todo mundo la adoraba, yo marqué una y otra vez: me colgaron todas las llamadas. El único que contestó fue mi prometido: —No hagas un drama; la boda se puede volver a celebrar. Ese día me convirtieron en el hazmerreír de la boda que tanto había esperado. La gente señalaba, se burlaba, y yo tragué en seco. Respiré hondo, arreglé todo yo sola y, en mi diario, escribí un número nuevo: 99. Era la decepción número noventa y nueve. Entendí que no iba a seguir esperando su amor. Completé la solicitud para estudiar en el extranjero y empaqué mi maleta. Todos creyeron que, por fin, me había calmado. No sabían que ya me iba.
Short Story · Romance
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Traicionada por él, salvada por su rival

Traicionada por él, salvada por su rival

Para nuestro séptimo aniversario, mi compañero, el Alfa Ethan, nos envió a mi cachorra y a mí al Altar de la Diosa de la Luna. Me dijo que era una sorpresa: para cumplirle a nuestra cachorra su sueño de ver una lluvia de meteoritos desde el pico más alto del territorio. Pero Ethan nunca llegó. Las runas protectoras a mis pies chisporrotearon y luego se apagaron. El suelo bajo nuestros pies comenzó a desmoronarse. Mi cachorra gritó, su pequeño cuerpo iba deslizándose hacia el abismo. Me abalancé, agarrándole la mano justo antes de que cayera por el borde. Grité su nombre a través de nuestro enlace mental. Noventa y nueve veces, se negó a responder. En mi centésimo grito, el enlace no solo se abrió, sino que se rompió por completo. No fue su voz la que respondió. Fueron sus sentidos, inundando los míos. Lo vi todo. A él. A otra loba. Y a él, enterrado en lo más profundo de ella. —Sabía que me amabas, Ethan —ronroneó su voz empalagosa—. Incluso sacrificaste a Marcus, solo para salvar a nuestro Leo de la enfermedad del alma. Haría lo que fuera por ti. La voz de Ethan era de terciopelo y hielo. —Para. Si Sera no me hubiera traicionado, nunca habrías tenido la oportunidad de gestar a mi heredero. Una vez que me deshaga de su otra cachorra, la bastarda de Julian, podremos volver a ser perfectos. Mi mundo se hizo añicos. Mi cachorro... Renegados. Siempre creí que los renegados me lo habían robado. Pero fue su propio padre. Lo sacrificó por una mentira. Con mis últimas fuerzas, llamé a Julian. —Romperé mi vínculo con Ethan —gruñí en el nuevo enlace—. Hazme tu Luna. A cambio, te ayudaré a quemar su manada hasta los cimientos.
Short Story · Hombres Lobo
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Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Me disponía a irme del restaurante de mi hermano cuando la gerente me detuvo. —Señorita, no ha pagado su cuenta todavía. Al ver su cara desconocida, pensé: "Debe ser nueva y no me conoce". Así que me expliqué con calma: —Cárgalo a la cuenta del señor Blanco. Él ya sabe. La gerente me lanzó una mirada llena de desprecio. —Señorita, somos un Tres Estrellas Michelin. Aquí no cargamos cuentas a nadie —dijo, entregándome la cuenta impresa. Bajé la mirada y la revisé: cincuenta mil dólares por una comida. Incluía: "Mantenimiento de vajilla brillante: tres mil. Purificación de aire exclusiva: cinco mil. Servicio de manejo emocional para VIPs: diez mil". Y montones de conceptos absurdos más. No sabía que mi hermano hubiera abierto un lugar tan estafador. Solté una risa sarcástica. —Soy la hermana del señor Blanco. Si hay algún problema, que me hable en la casa. Pero ella no se dio por vencida. —¿Ahora no puede pagar y se hace la emparentada? ¿Y hasta se inventa ser familia del señor Blanco? Envié un mensaje de texto a mi asistente: "Dile a mi hermano que o despide a esta mujer ahora mismo, o retiro toda mi inversión".
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Mi íncubo desobediente

Mi íncubo desobediente

"Mi íncubo llegó hace un mes y todavía no deja que lo toque. ¿Por qué pasa esto?" Escribí al asesor con el ceño fruncido, ya perdiendo la paciencia. La respuesta del agente no tardó en llegar, redactada con esa cortesía empalagosa de siempre. "Señorita, nuestras unidades suelen estar ansiosas por convivir con sus dueñas. Si el suyo se comporta así, lo más probable es que esté defectuoso. Si gusta, podemos tramitar el cambio ahora mismo. El nuevo le estaría llegando en una semana." Me quedé mirando a Diego. Era perfecto, tal como lo había soñado siempre. No podía con el pensamiento de devolverlo. Decidí darle un voto de confianza y esperar unos días más. Si de plano no funcionaba, intentaría mandarlo a reparar. Me encantaba demasiado como para rendirme así de fácil. Pero todo se fue al carajo durante la cena familiar. Fue ahí donde sentí un nudo en el estómago al darme cuenta de que mi íncubo tuvo una reacción al ver a mi hermanastra... que estaba sentada justo frente a él. En ese momento, caí en cuenta: el día que llegó el paquete, fue ella quien lo abrió. Esa misma noche, volví a contactar al asesor. "¿Me confirman que el nuevo llega en una semana? Olvídenlo, mándenme el reemplazo de una vez."
Short Story · Fantasía
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Infiel con mi mejor amiga, pero me quiere a mí

Infiel con mi mejor amiga, pero me quiere a mí

En el festival de la manada, una bruja me entrega un orbe de cristal que revela la verdad. Cuando le pregunto por qué, me dice que le fue encomendada su tarea y me recuerda que solo lo use cuando esté sola. A medida que la imagen en el orbe se hace más clara y aparece mi compañero, me olvido de cómo respirar. —Jared Hamilton, ¿me amas? —pregunta una mujer con su voz más dulce, rodeándole el cuello con sus brazos. —Sí. Claro que sí. Eres la única a quien amaré el resto de mi vida, Luciana. Mi mano resbala. Incluso después de que el orbe de cristal toca el suelo, todavía puedo oírlos hablar. —Juro ante la sagrada Diosa de la Luna que estaré contigo, Luciana Rose, hasta mi último aliento. Si alguna vez rompo este juramento, que nunca vuelva a conocer la alegría. Me siento sofocada. Solo puedo mirarlo con incredulidad. La mujer a la que jura amar de por vida no es otra que mi mejor amiga.
Short Story · Hombres Lobo
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Solo Tú

Solo Tú

ADVERTENCIA: CONTENIDO PARA ADULTOS Jack Grant es un CEO multimillonario egocéntrico que no puede controlar sus impulsos. Cree que puede comprar a cualquier mujer con la cantidad correcta de dinero y las trata como basura. Cindy Banks es una joven sexy y hermosa con un profundo rechazo hacia los hombres arrogantes e infieles. Tiene un solo objetivo: darle a su hermanito una mejor oportunidad en la vida. Cindy se cruza con Jack en su búsqueda de un buen empleo y, de repente, él la quiere a sus pies, suplicando por más. Sin embargo, ella lo pone en su lugar y le lanza el trabajo en la cara. Jack está molesto por el rechazo de Cindy, pero ella también logra despertar su interés. La ve como un desafío y se lo propone conquistarla con la intención de humillarla cuando finalmente logre estar entre sus piernas. Lo que Jack no esperaba, sin embargo, era enamorarse perdidamente de su secretaria, pero ¿acaso es demasiado tarde para él? ¿Hasta dónde llegaría para demostrarle a Cindy que lo que siente por ella es verdad?
Romance
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El Corazón De La Sanadora Luna

El Corazón De La Sanadora Luna

Seara Louisette—el destino la llevó a convertirse en la Luna rechazada. Fue humillada ante toda la manada por Alaric Griff, un Alfa de Nightshade que eligió el poder y a otras mujeres. Sin ningún lugar al que recurrir, Seara decide huir al bosque y allí encuentra su destino. Austin Hunter Wolfe—Alfa de Lycanisius, es tan peligroso como atractivo. Pero cuando el poder ancestral en la sangre de Seara despierta, ambos se dan cuenta de algo: Seara no es solo una Omega. Es la última Sanadora Antigua, un linaje sagrado capaz de curar… o incluso de destruir. Ahora, en medio de una conspiración sangrienta, el rencor del pasado de Seara hacia Austin por la trágica muerte de sus padres, y el rencor de Austin contra la Manada Nightshade. A medida que fuerzas oscuras resurgen, Seara y Austin deben decidir si sucumbir a las viejas heridas o luchar por el futuro de todo el mundo lycan.
Hombre lobo
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El Juego del Destino

El Juego del Destino

Cada Nochebuena, en la familia Marco se celebra una tradición absurda y cruel. Adrián Marco, heredero de la mafia, debe sacar un papel al azar para decidir si puede casarse conmigo. Porque yo no soy una de ellos. Porque no nací en la mafia. Si no aparece mi nombre, no hay boda. Durante cuatro años, Adrián sacó cuatro veces. Cuatro veces en las que mi nombre nunca apareció. Yo creí que luchaba por mí. Que estaba dispuesto a perder su lugar como Don con tal de elegirme. Cada fracaso venía acompañado de un abrazo. —Está bien —me decía al oído—. Siempre habrá un próximo año. Y yo esperé. Esperé tanto que dolía. Este año me prometí algo distinto: si mi nombre no salía… lo cambiaría yo misma. Pero entonces escuché la verdad, detrás de la puerta de su estudio. —Don… siempre sacas el nombre de Irene. ¿Por qué finges que no? ¿Aún no puedes soltar a Sera? Adrián no se detuvo. No dudó. —Sera me necesita. Haz lo de siempre. Cambia su nombre por uno en blanco. Cuando entré, el papel con mi nombre seguía sobre la mesa. El vacío, en la basura. Lo tomé. Y fui yo quien hizo el intercambio. Vi mi nombre caer en el fondo del cesto. Adrián Marco… ya no quiero esperar. Ni casarme contigo. Esta vez, tu elección será real.
Short Story · Mafia
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De Gorda a su Obsesión

De Gorda a su Obsesión

A los 24 años, Sonia Sánchez medía 1.70 m y pesaba 90 kilos. A los 25, seguía midiendo 1.70 m, pero ya había bajado a 50 kilos. En solo un año, perdió 40 kilos y pasó de ser el hazmerreír de todos a convertirse en el centro de todas las miradas. Tenía una cintura fina, curvas perfectas, piernas largas, piel clara y un rostro precioso. Por sentarse en la mesa equivocada durante una cita, terminó casándose con Javier Cejudo, el heredero de la familia más poderosa de la capital. Javier era famoso por ser frío, severo y exigente; jamás se le veía cerca de una mujer. Todos esperaban verla fracasar. Decían que esa familia la echaría tarde o temprano. Pero la realidad era muy distinta: noche tras noche, Javier perdía el control con ella, la besaba con una pasión feroz y la dejaba temblando, sin aliento… *** Javier era guapo, rico, con abdominales marcados y un físico imponente. Se había casado con Sonia como parte de una alianza empresarial, y su idea de un matrimonio ideal era sencilla: respetarse y no meterse en la vida del otro. En la cama, eran fuego puro: intensos, ardientes y completamente entregados. Pero, fuera de ella, apenas parecían pareja: cordiales, distantes, casi como dos desconocidos. A Sonia parecía no importarle si él tenía gripe, dolor de cabeza o hasta un esguince; lo único que decía era: —Cuídate. Si él se iba de viaje de negocios durante un mes entero, Sonia no le mandaba ni un solo mensaje. Ella le daba toda la libertad del mundo, pero él se sentía cada vez más insatisfecho. Cuando volvió de uno de sus viajes, le impuso tres reglas. A partir de entonces, todos los días, como mínimo, Sonia tenía que abrazarlo veinte veces, besarlo cuarenta y llamarlo "esposo" ochenta veces. Y, si no cumplía, se aplicaría la cuarta: hacer el amor trece veces en una sola noche. Sonia no lo entendía. Si su matrimonio era solo una fachada, ¿por qué tenía que abrazarlo, besarlo y llamarlo "esposo" todos los días? Javier le tomó los pies helados y se los colocó sobre el abdomen para calentárselos. —No quiero seguir fingiendo. Quiero que seamos una pareja de verdad. Quiero enamorarme de ti… y que tú también te enamores de mí. Quiero que tengamos un bebé.
Romance
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El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer

El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer

El día del control prenatal, mi esposo Emilio estaba ocupado en el trabajo, pero su amiga de la infancia, con quien llevaba años de coqueteo, Laura se ofreció a llevarme en auto. En el camino, de pronto giró el volante y el vehículo se estrelló de lleno contra la parte baja de un camión de carga; la carrocería quedó aplastada al instante. No llamé a mi esposo, que era médico de urgencias, sino que marqué al servicio de emergencias y esperé el rescate, solo porque, en mi vida anterior, lo primero que hice fue llamarlo para que me llevara al hospital. Al final, el bebé se salvó, pero Laura murió en el acto por la gran pérdida de sangre. Él decía que no me culpaba, que me recuperara tranquila, incluso me consiguió una habitación individual en el hospital. Pero el día del alta, me llevó a la tumba de Laura, allí, me clavó un cuchillo en el vientre; el bebé murió y yo quedé al borde de la muerte. Sus ojos estaban llenos de un odio encendido, y, ante mis súplicas, solo dijo con frialdad: —¡Si no hubieras girado el volante a propósito, Laura no habría muerto! ¡No creas que por fingir inocencia voy a creerte! Ojo por ojo: ¡quiero que la acompañes en la tumba! ¡El dolor que ella sufrió antes de morir, tú lo vivirás diez veces... cien veces más! Giró el cuchillo con fuerza, una y otra vez, atravesando mi cuerpo. La sangre salpicó sobre la lápida, tiñendo de rojo el nombre de Laura. Cuando abrí los ojos, estaba de vuelta en el lugar del accidente.
Short Story · Romance
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