La consentida del señor Ferrer
Después de seis años de relación, justo cuando estaba a punto de casarse, su novio la dejó con una sola frase:
—Mi padre nunca permitirá que alguien con tu origen entre en nuestra familia.
Valeria Mendoza sintió una burla amarga en el pecho.
No necesitaba que le explicaran nada más.
La verdadera razón era evidente: el gran amor de Sebastián Ferrer había regresado… y ella ya no tenía lugar.
Cuando estaba completamente destruida, apareció el verdadero dueño del imperio Ferrer, el soltero más codiciado de Santa Verona, Alejandro Ferrer, con una propuesta inesperada.
—Cásate conmigo. Tendrás todo lo que quieres… y también podrás vengarte de él.
La buena noticia:
Diez millones al mes para gastar, recursos ilimitados, un esposo que supuestamente viajaba todo el tiempo por trabajo y una convivencia sin interferencias. Además, podía aplastar a su ex solo por el estatus de la familia Ferrer.
La mala noticia:
Lo de los viajes de negocios era mentira.
Lo de “no molestarse” también.
La misma noche en que firmaron el acta de matrimonio, Alejandro la acorraló contra la cama y la besó hasta dejarla sin aire.
Desde entonces, volvía a casa cada noche, con un interés peligrosamente constante por su “vida matrimonial”.
Más tarde, Sebastián se arrodilló en público suplicándole que volviera con él.
Alejandro rodeó la cintura de Valeria y lo miró con frialdad.
—Sebastián, si vuelves a decir una estupidez, te saco de la familia Ferrer.
Cuando la noche caía en silencio, Alejandro enterraba el rostro en el cuello de Valeria y murmuraba con voz baja y áspera:
—Valeria… olvida a los demás. Ámame solo a mí, ¿sí?
—Valeria, ¿en quién estás pensando?
—Valeria, solo puedes pensar en mí.
—Valeria… tengamos un bebé, ¿sí?
***
Valeria siempre creyó que su matrimonio con Alejandro era solo un intercambio de intereses.
Un acuerdo frío donde ambos salían ganando.
Por eso nunca se atrevió a entregarle su corazón.
Hasta que descubrió la verdad.
Aquel matrimonio que la había salvado del infierno…había sido planeado por él durante seis años enteros.